La funesta central de Chernobyl pasó a la historia
Ucrania clausuró la trágica central. Apagó el único reactor que operaba. Debieron pasar casi 15 años desde el mayor desastre de la historia. Se cree que 300.000 personas murieron y millones fueron afectadas.
KIEV (EFE).- Ucrania cerró ayer oficialmente la fatídica central nuclear de Chernobyl con una invocación al año 2000 “desde el nacimiento de Cristo” y una evocación a los “cataclismos” que han marcado época, “como Pompeya, Guernica e Hiroshima”.
“Ordeno apagar el tercer reactor”, dijo el presidente de Ucrania, Leonid Kuchma, desde el Palacio Nacional de Kiev a las 13.17 hora local (11.17 GMT y 8.17 hora argentina), en comunicación directa con la planta de Chernobyl.
El director de la central, Vitali Tolstonogov, respondió desde la sala de control de la planta con un escueto “a sus órdenes”. Inmediatamente se puso en marcha un proceso técnico de poco más de una hora para detener por completo la reacción en cadena dentro del único reactor operativo de los cuatro que tenía la central.
Anteayer el reactor número tres había sido puesto al 0,7 por ciento de su potencia para comenzar el proceso de su detención.
Gobernantes, diplomáticos, personalidades y periodistas de todo el mundo mantuvieron un emotivo silencio durante la histórica ceremonia, 14 años y ocho meses después del accidente del 26 de abril de 1986 a la 01.23.43.
Dos personas murieron inmediatamente aquel día tras la dantesca explosión del reactor número cuatro que arrojó a la atmósfera 50 millones de curies de radiación, equivalentes a 500 bombas como la de Hiroshima.
Otros 29 operarios de la central, una de las más modernas de lo que entonces era la Unión Soviética, fallecieron en pocos minutos, pero el legado de destrucción oscila según diversas fuentes entre 2.000 y 300.000 muertos más y millones de enfermos.
“Hoy, el 15 de diciembre, 2000 años después del nacimiento de Cristo he impartido instrucciones de apagar el tercer reactor, que era el último en funcionamiento de la central nuclear de Chernobyl”, dijo en su discurso Kuchma.
Chernobyl “se suma a la simbólica lista de tremendos y devastadores cataclismos que han entrado en la historia por haber sido signos distintivos de sus épocas, como Pompeya, Guernica e Hiroshima”, añadió.
El presidente recalcó que las palabras “planta nuclear de Chernobyl” actualmente “personifican un nuevo fenómeno: la energía nuclear fuera de control”.
Añadió que Ucrania entiende que Chernobyl es una amenaza para todo el mundo y, “en consecuencia, está dispuesta a sacrificar parte de sus intereses nacionales en aras de la seguridad global”.
En su discurso de siete folios, Kuchma hizo reiteradas menciones a los sacrificios y gastos que originó la tragedia para su país, que calculó en “más de 130.000 millones de dólares”.
El cierre de Chernobyl fue posible gracias a la financiación de Occidente que ya ha aportado más de 7.000 millones de dólares, tanto para la clausura de la planta como para centenares de programas de asistencia.
El presidente ucraniano subrayó que los hombres que enterraron millones de metros cúbicos de tierra radiactiva y cubrieron con un “sarcófago” el reactor “protegieron a la humanidad, como sus antepasados en el Renacimiento al defender Europa de incursiones extranjeras”. Destacó que “el acto de hoy desactiva la mina de acción retardada en el corazón de Europa y es el principio del alivio del síndrome de Chernobyl en Ucrania y en una dimensión global. La espada de Damocles que ha pendido sobre nosotros todos estos años ha dejado de existir”, recalcó.
Llanto y bronca entre los obreros de la planta
Más de 2.000 invitados colmaron la enorme sala en el Palacio de Ucrania para observar la ceremonia. Entre ellos figuraban el modisto francés Pierre Cardin y unos cuantos obreros que lidiaron con las tareas de descontaminación tras el desastre.
Vista desde un vetusto auditorio en el complejo de Chernobyl, donde unos 100 obreros observaron la transmisión televisada, la ceremonia en Kiev pareció pomposa.
Los 6.000 obreros de la estación confrontan ahora un futuro incierto y, tras la clausura, uno de ellos gritó: “Despreciamos a Leonid Kuchma”. Otro obrero, Anatoly Fedchenko, de 42 años, dijo con lágrimas: “¿De qué tengo que alegrarme? Trabajé aquí durante 12 años y ahora tengo que irme”.
Llevará muchos años desactivar plenamente la planta y funcionarios han dicho que no será sino hasta 2008 cuando se extraigan las últimas varillas de combustible. El reactor número Tres de Chernobyl ha estado suministrando a Ucrania, esporádicamente, hasta un 5,0 por ciento de sus necesidades de electricidad. Los reactores Uno y Dos ya han sido clausurados, el Dos después de un gigantesco incendio en 1991 y el Uno superó su fecha de expiración 5 años después. (Reuters)
El drama en las zonas contaminadas continúa
GINEBRA (EFE).- La Federación Internacional de las Sociedades de la Cruz y la Media Luna Rojas mostró su preocupación por el hecho de que miles de personas vivan aún en zonas fuertemente contaminadas cerca de la central nuclear de Chernobyl.
La central fue clausurada ayer por las autoridades ucranianas 14 años y ocho meses después de la explosión del reactor número cuatro, el 26 de abril de 1986, en el mayor desastre de la historia del uso civil de la energía nuclear.
La explosión del reactor arrojó a la atmósfera 50 millones de curies de radiación, equivalentes a 500 bombas como la de Hiroshima.
A raíz de ello, la incidencia del cáncer en la región, con un centenar de casos por cada 100.000 habitantes, es 16 veces mayor que en los países que escaparon de la catástrofe, dijo el secretario general de la Federación, Didier Cherpitel, en un comunicado difundido ayer.
Según datos oficiales, el accidente causó la muerte de entre 2.000 y 3.000 personas, pero otras fuentes aseguran que la cifra podría elevarse hasta 300.000 muertos, como consecuencia de las enfermedades irreversibles contraídas por la población.
“El que hayan cerrado la central de Chernobyl no quiere decir que la salud de la población vaya a mejorar repentinamente”, dijo Cherpitel.
“Continuaremos trabajando en las zonas contaminadas durante mucho tiempo”, agregó. La Federación, dentro de su programa de asistencia humanitaria y de readaptación, auxilia desde 1990 a las víctimas del accidente.
Ese programa incluye diagnóstico precoz, apoyo psicológico, así como distribución de medicamentos y vitaminas a unos 2,5 millones de habitantes en Ucrania, Bielorrusia y la Federación rusa.
Además, desde 1992, seis laboratorios móviles recorren los sectores más dañados, miden los niveles de radiación ambiental y, hasta el momento, han practicado exámenes médicos a más de 400.000 personas. Cada año, estos laboratorios realizan alrededor de 90.000 pruebas de detección precoz de cáncer, especialmente a niños y personas que eran menores en el momento del accidente.
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