La guerra del petróleo
El futuro económico de la Argentina dependerá en buena medida de las vicisitudes de la despiadada guerra comercial que están librando Estados Unidos y Arabia Saudita. El año pasado los sauditas optaron por aumentar la producción de petróleo, pasando por alto las protestas y súplicas de los demás integrantes de la OPEP, con la esperanza de que la caída del precio hiciera inviable la fracturación hidráulica, o sea, el fracking. A diferencia de otros países como Venezuela, que para mantenerse a flote necesitan que un barril de crudo cueste más, mucho más, de 100 dólares, el reino puede darse tal lujo, ya que según los voceros oficiales ha acumulado reservas suficientes para permitirle tolerar los precios actuales, que oscilan en torno a los 50 dólares el barril, por veinte años más sin sufrir una crisis financiera muy grave, pero a juicio de muchos el optimismo así manifestado es excesivo. Por supuesto, para la Argentina sería muy positivo que los sauditas se salieran con la suya, ya que en tal caso podría sacar mucho provecho de sus propias reservas petroleras, pero abundan los motivos para suponer que no les será dado impedir que, a la larga, el precio del crudo se estabilice a un nivel llamativamente inferior al preferido por la OPEP, un cartel que ya no está en condiciones de manipular el mercado energético internacional como hacía en las décadas finales del siglo pasado. Merced al progreso tecnológico, en Estados Unidos las empresas que se dedican al fracking están haciéndose cada vez más eficientes. Según se informa, en los últimos meses los costos de algunas se han reducido en un 30%. Asimismo, aun cuando, para alivio de los sauditas y sus aliados, terminaran agotándose pronto las reservas petroleras norteamericanas no convencionales, en otras partes del mundo, entre ellas la Argentina, hay algunas todavía mayores que las de Texas y virtualmente vírgenes. De éstas, la más promisoria es Vaca Muerta. De haberse iniciado algunos años atrás la explotación plena del gigantesco yacimiento, no sólo las provincias de Neuquén y Río Negro, sino también la Argentina en su conjunto, estarían disfrutando de un boom económico de proporciones históricas, pero no pudo ser ya que, por razones de dominio público, escasean inversores dispuestos a arriesgarse en un país en el que el gobierno mismo se ufana de despreciar el concepto de seguridad jurídica. La forma elegida por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para apropiarse del grueso de las acciones de Repsol en YPF perjudicó enormemente a la petrolera y al país; nacionalizar una empresa considerada estratégica es una cosa, hacerlo de manera agresiva y torpe con el presunto propósito de anotarse algunos puntos políticos es otra muy distinta. A pesar de la participación de la estadounidense Chevron y los acuerdos con la Sinopec de China y la Gazprom rusa, tendrá que transcurrir mucho tiempo antes de que Vaca Muerta comience a producir gas y crudo en cantidades importantes. Por desgracia, parece más que probable que los precios de los hidrocarburos sigan cayendo. Si bien algunos especialistas pronostican que el del barril de crudo aumentará en los próximos meses, otros creen que continuará reduciéndose poco a poco al aplicarse técnicas novedosas y explotarse los yacimientos que se encuentran en China, Australia y diversos países europeos, además de los existentes en zonas petroleras tradicionales. De estar en lo cierto los convencidos de que en adelante el techo se verá determinado por la evolución del fracking, la Argentina habrá perdido una oportunidad para ubicarse entre los mayores proveedores de energía del mundo. Aunque andando el tiempo Vaca Muerta resulte ser una fuente valiosa de ingresos, todo hace temer que nunca proporcionará tantos como esperaban hace apenas un par de años los impresionados por las dimensiones de los depósitos de petróleo y gas atrapados en el esquisto. Irónicamente, fue el éxito espectacular del fracking, un proceso que en un lapso muy breve cambió drásticamente el panorama energético y por lo tanto geopolítico internacional, lo que hizo que Vaca Muerta fuera algo más que una anomalía geológica fascinante pero, al resultar demasiado exitoso el fracking desde nuestro punto de vista, la está privando de atractivo.
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