La libertad se niega a morir
Conforme a la organización no gubernamental norteamericana Freedom House, cuando de la libertad de expresión se trata la Argentina se encuentra a media distancia entre Noruega, a su juicio el país menos autoritario en dicho ámbito, y Corea del Norte, donde todos los medios de difusión se dedican a aplaudir frenéticamente las hazañas insólitas del truculento dictador Kim Jong-il. Para justificar la decisión de ubicar la Argentina en el puesto número 107 de una lista de 199 países, la entidad alude a la relación siempre tensa del gobierno de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner con aquellos medios que se atreven a criticarlo, el acoso legal a diversos periodistas, amenazas y presiones económicas. Con todo, aunque no cabe duda de que a muchos funcionarios les gustaría amordazar a quienes no comparten todos sus puntos de vista, la verdad es que los medios más importantes siguen informando y opinando sin preocuparse demasiado por la hostilidad oficial, de suerte que la prensa es más libre –o, por lo menos, podría serlo– de lo que quisiera el gobierno. Por lo demás, hay motivos para suponer que el gobierno próximo, aun cuando se afirme más interesado en continuidad que en cambio, pondrá fin a la ofensiva oficialista contra los medios que sean reacios a limitarse a ensalzarlo por entender que persistir le sería contraproducente, ya que, entre otras cosas, asustaría a los inversores en potencia. Medir el grado de libertad de prensa que rige en los distintos países no es del todo fácil. En algunos en que, según Freedom House, las autoridades la respetan mucho más que en la Argentina, se aplican leyes destinadas a proteger a los integrantes de grupos étnicos, religiosos y sexuales determinados que limitan la libertad de expresión pero que, no obstante la propensión del gobierno kirchnerista de importar modas extranjeras, siguen siéndonos ajenas. También son decididamente más severas en muchos países las leyes correspondientes a calumnias e injurias. Asimismo, en todas partes los gobiernos tratan de impedir que se difundan secretos militares u otros relacionados con la seguridad nacional, lo que está haciéndose cada vez más difícil debido al progreso vertiginoso de las comunicaciones electrónicas, pero en nuestro país los esfuerzos en tal sentido no han prosperado, en buena medida porque nadie ignora que aquí los servicios de inteligencia, como el manejado por el jefe del Ejército, el general César Milani, están más interesados en el espionaje interno politizado que en defendernos contra presuntos enemigos externos. Huelga decir que no es exactamente una novedad que el gobierno kirchnerista, comprometido como está con un “relato” y por lo tanto convencido de la necesidad de manipular la información y marginar a quienes piensan distinto, haya aspirado a avanzar sobre la prensa independiente con el propósito de reemplazarla, en cuanto pudiera, por una sumisa. Desde los días del presidente Néstor Kirchner, actúa como si los medios críticos constituyeran la única oposición seria a su propia gestión, de ahí la campaña esperpéntica que ha librado contra los vinculados con el Grupo Clarín, el que a su entender es autor de todos los males del país, y el intento burdo de construir, con el dinero aportado por los contribuyentes, un imperio periodístico propio que, al acercarse las elecciones presidenciales, ha empezado a desintegrarse. Pero, por fortuna, la Argentina es un país pluralista, de cultura vigorosa, que nunca se resignará a la uniformidad mediocre propuesta por gobiernos que se creen iluminados. Tendrán razón organizaciones como Freedom House cuando dicen que la prensa argentina es sólo “parcialmente” libre, pero es mucho más libre de lo que sería el caso si no fuera por la existencia de medios dispuestos a resistir las presiones de todo tipo ensayadas por políticos nacionales, provinciales y municipales, empresarios, delincuentes y otros resueltos a suprimir aquellas noticias y opiniones que no les complacen. Pese a casi doce años de populismo militante en que la libertad de expresión ha estado bajo ataques constantes, tanto económicos como ideológicos y jurídicos, además, en algunos pocos casos, de las agresiones físicas, los medios independientes aún son más populares que los militantes. Todo hace prever que, en los años venideros, se mantengan en sus trece.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Martes 5 de mayo de 2015