La muerte aún acecha en Chernobyl, 20 años después de la catástrofe
Hoy se cumple el 20 aniversario de
Dos décadas después de la explosión del reactor número 4 de la central nuclear de Chernobyl, aniversario que se cumple hoy, los efectos devastadores de la radiación todavía continúan en los sobrevivientes de la peor tragedia en la historia del uso civil de esa energía. El 26 de abril de 1986, a la 1 hora, 23 minutos, y 44 segundos, el reactor número 4 explotó por los aires y liberó durante los diez días subsiguientes, una enorme cantidad de radiación. Con la ayuda de los vientos, que hasta finales de abril cambiaron bruscamente su dirección de norte y noroeste, a sur y suroeste, se diseminó la contaminación cientos y hasta miles de kilómetros a la redonda, afectando a nivel local y regional.
Las consecuencias de la catástrofe se pudieron apreciar en las estadísticas de los informes oficiales: 130 mil personas evacuadas durante los primeros diez días a partir del accidente; 200 mil muertos en Bielorrusia, Rusia y Ucrania; 40 por ciento más de cánceres sólo en Bielorrusia.
Por su parte, los daños económicos fueron millonarios, entre gastos en salud, traslado de personas, construcción del sarcófago protector del reactor, contaminación de los suelos, y un sinfín de otras erogaciones.
Pero, pese a que han transcurrido 20 años desde el accidente, las causas de la catástrofe todavía no están claras. En primer lugar, se acusó a los explotadores de esta planta perteneciente a la antigua Unión Soviética de haber errado en su manejo. Después se pensó que el origen del accidente estaba en la falta de estabilidad del sistema. La tragedia se produjo como consecuencia de un fallo durante un experimento que simulaba una situación de emergencia. El mundo conoció la noticia de la explosión tres días después de ocurrida, cuando ya la liberación de radiaciones a la atmósfera había recorrido un largo trayecto en territorio nacional e internacional.
Ese mismo 28 de abril el laboratorio de investigaciones nucleares de Dinamarca anunció que había ocurrido el accidente, y lo propio hicieron al día siguiente los medios de comunicación alemanes.
Los miles de evacuados de la ciudad de Pripyat, y también de sus alrededores, ciudad fundada en 1970 para albergar a los operarios, técnicos y personal jerárquico, de la planta de Chernobyl, que fueron obligados a abandonar sus hogares con la promesa de retornar en dos días, fueron los primeros y desgraciados testigos de la tragedia.
Las consecuencias sanitarias
Según estadísticas publicadas por el Ministerio de Sanidad de Ucrania, el porcentaje de casos d bronquitis crónica no específica y de enfisema aumentó del 300 por cada 10 mil habitantes en 1990, a más de 500 por cada 10 mil habitantes en el 2004. De acuerdo al informe citado, entre 1988 y 1999 se dobló la morbilidad asociada al sistema digestivo entre la población que aún vivía en zonas contaminadas, y se observó un aumento de las patologías digestivas en los niños.
El mal llegó también a los niños por nacer; el 43.5 por ciento de ellos, afectados cuando estaban en el vientre materno, desarrolló deficiencias inmunológicas de diversa gravedad.
En las zonas contaminadas se produjo también, un aumento de la morbilidad asociada al sistema sanguíneo del orden de 10 a 15 veces entre 1988 y 1999.
En 1993, más del 40% de los niños estudiados de la región de Gomel, en Bielorrusia, presentaba glándulas tiroides más grandes, mientras que en Ucrania se observaron daños de la glándula tiroides en el 35,7% de 3.019 adolescentes procedentes de las regiones de Vinnitsk y Zhytomyr, que tenían entre 6 y 8 años en el momento del accidente. La morbilidad asociada a las enfermedades del sistema endocrino, desórdenes nutricionales, trastornos del metabolismo y del sistema inmunitario entre los evacuados de la zona de exclusión y entre la población de las zonas contaminadas, era de más del doble comparado con la de toda la población de Bielorrusia. (DPA-AP)
Unas 66.000 personas morirían de cáncer
La cantidad de personas que pueden morir a raíz de cánceres provocados por efecto de la radiación tras la catástrofe nuclear de Chernobyl llegará a 66.000 casos, según un reciente informe británico. La cifra, muy superior a la prevista por Naciones Unidas, es la que maneja un estudio, ordenado por el Partido Verde en el Parlamento de Europa, y que será presentado en Londres, en ocasión del vigésimo aniversario del accidente nuclear.
Los autores, Ian Fairlie y David Sumner, sostienen que las personas que pueden morir por tumores provocados por efecto del desastre nuclear superan en miles las previsiones de organismos de las Naciones Unidas, que habían estimado en 4 mil los casos. El estudio presume que la catástrofe de Chernobyl, la peor en la historia nuclear civil, tuvo efecto en un área de 3,9 millones de kilómetros cuadrados en Europa. «Las consecuencias de Chernobyl se extienden en realidad sobre todo el hemisferio norte y sobre el mundo entero», dijo Sumner. La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que en Ucrania, Rusia y Bielorrusia, los tres países más afectados, fueron detectados cinco mil casos de cáncer de tiroides, en personas que eran niños cuando ocurrió el accidente nuclear. (Télam-SNI)
El «monstruo» todavía sigue con vida
El último reactor activo de la central fue apagado en diciembre del 2000. Pero el 'monstruo' no murió y no sólo para las 3.800 personas que todavía trabajan en su cierre definitivo, o para los alrededor de 10.000 que desafían las prohibiciones de volver a la zona de interdicción, una franja de 30 km que nadie puede transitar.
Bajo el sarcófago de cemento que recubre al reactor destruido, y que presenta grietas cada vez más profundas, se hallan entre 130 y 200 toneladas de uranio –sólo el 10 por ciento del combustible nuclear se pulverizó con la explosión– y más de 70.000 toneladas de detritos radioactivos. Esos elementos son un peligro latente.
Chernobyl ha costado, hasta ahora, a Occidente cerca de 2.000 millones de dólares ya concedidos a Kiev para cerrar definitivamente estas instalaciones. El proyecto de un nuevo recubrimiento, para sustituir al que ya presenta grietas, demandará un gasto de 787 millones de dólares.
'El recurso que puede salvar al planeta'
Uno de lo mayores detractores de la energía nuclear en su corta historia, Patrick Moore, escribió esta semana un artículo en el diario norteamericano, The Washington Post, donde declaró que la energía nuclear, «es el recurso energético que puede salvar al planeta de un catastrófico cambio climático». No pasaría de otro artículo sobre el tema si no tratase de uno de los fundadores de la mítica organización ambientalista, Greenpeace, férrea enemiga de todo lo que huela a energía producida de la fusión nuclear. Allá por los setenta, Moore inspiró y participó de la primera protesta antinuclear; una travesía hacia la costa rocosa del noroeste norteamericano contra las pruebas de bombas de hidrógeno en las islas Aleutian de Alaska. «Treinta años después, mis puntos de vista han cambiado. El movimiento ecologista necesita actualizar sus presuposiciones», dijo. Moore fue más allá al afirmar que «más de 600 plantas eléctricas que funcionan e base a la quema de carbón en los Estados Unidos producen el 36 por ciento de las emisiones norteamericanas de dióxido de carbono, casi el 10 por ciento de las emisiones globales de este gas, principal causante del cambio climático». (AP)
Notas asociadas: Los que aprendieron a vivir con las consecuencias
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Dos décadas después de la explosión del reactor número 4 de la central nuclear de Chernobyl, aniversario que se cumple hoy, los efectos devastadores de la radiación todavía continúan en los sobrevivientes de la peor tragedia en la historia del uso civil de esa energía. El 26 de abril de 1986, a la 1 hora, 23 minutos, y 44 segundos, el reactor número 4 explotó por los aires y liberó durante los diez días subsiguientes, una enorme cantidad de radiación. Con la ayuda de los vientos, que hasta finales de abril cambiaron bruscamente su dirección de norte y noroeste, a sur y suroeste, se diseminó la contaminación cientos y hasta miles de kilómetros a la redonda, afectando a nivel local y regional.
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