La muerte de Gabriel Riofrío pone en jaque al básquet nacional

Ocurrió en el partido que los ‘albos’ jugaban en Sunchales. Se dice que el basquetbolista padecía problemas cardíacos.

CORDOBA (DyN).- El basquetbolista cordobés Gabriel Riofrío, de 23 años, quien murió este domingo en Sunchales instantes después de haber sido retirado de la cancha donde jugaba para Estudiantes de Bahía Blanca por la Liga Nacional, no estaba apto para la práctica de ese deporte a nivel competitivo por padecer una “miocardiopatía hipertrófica”, expresaron ayer la prensa su médico personal y otro deportólogo.

Tanto su médico de cabecera, Gustavo Chazarreta, como el médico deportólogo Sergio de la Schiava, del Centro Médico Privado “De por Vida” que trabaja con la Asociación de Básquetbol, coincidieron en destacar la gravedad de ese cuadro, que terminó durante el partido ante el equipo de Libertad, cuando Riofrío fue atendido en campo de juego y luego retirado para su mejor atención pero todos los esfuerzos por salvarle la vida fueron vanos.

De acuerdo con lo manifestado por los profesionales, el jugador no habría hecho caso a las recomendaciones médicas para someterse a un trabajo de rehabilitación, por lo que la afección que presentaba llegó a producirle la muerte súbita.

De la Schiava relató que “en la oportunidad en que se jugaba una preselección en la ciudad de Río Tercero, en junio de 2000, para la selección de los jugadores que iban a participar del Campeonato Argentino en la ciudad de San Francisco, “nosotros le efectuamos sin cargo a la Asociación de Básquetbol las evaluaciones de los seleccionados y dentro del grupo que nos mandaron estaba Gabriel Riofrío”.

En esa oportunidad “le detectamos alteraciones cardíacas, presentaba un soplo, por lo cual le pedimos que hiciera unos estudios. Nos trajo los exámenes hechos en un instituto de renombre de Córdoba donde los resultados de los ecocardiogramas y electrocardiogramas mostraban alteraciones que significaban una miocardiopatía hipertrófica, la principal causa de muerte súbita en el deporte”, dijo el médico.

Como consecuencia de los resultados no fue habilitado para la práctica de deportes competitivos, no obstante lo cual “después nos enteramos que jugó el campeonato en San Francisco, a pesar de que no se llevaron el apto nuestro por los riesgos que corría este jugador”, prosiguió de la Schiava.

En ese momento, con fecha 30 de junio, “elevamos del centro médico una nota a la Asociación Cordobesa de Básquetbol y a la Federación dando las explicaciones sobre el caso de este muchacho y las conclusiones nuestras”.

La conclusión que “nosotros presentamos por escrito fue que el deportista no estaba apto para la práctica de deporte competitivo, porque la práctica deportiva implicaba para su persona alto riesgo de enfermedad y/o alto riesgo de muerte”.

La organización “De por Vida” es un centro médico privado que tiene convenio con la Asociación Cordobesa de Basquetbol y también con otras instituciones para la realización de los estudios médicos de deportistas de distintas disciplinas.

Por su parte, el doctor Gustavo Chazarreta, médico de cabecera del basquetbolista, coincidió en que el diagnóstico que presentaba el basquetbolista era “sospechoso de miocardiopatía hipertrófica”.

“Cuando le realizamos hace un tiempo los estudios le aconsejamos que dejara de jugar y se lo separó por cuarenta y cinco días. En ese interín, la situación mejoró ostensiblemente hasta llegar a a ecografía que mostró valores normales”, expresó Chazarreta.

Pero cuando en ocasión de una operación de rodilla que lo mantuvo inactivo otro período “volvimos a realizar la ecografía y reveló los diagnósticos, porque clínicamente él era siempre asintomático”, precisó el médico.

“A raíz de ello -continuó Chazarreta- decidimos hacer estudios de genética solicitados en la fundación Favaloro, que no se llevaron a cabo porque el jugador no concurrió a hacérselos”.

“Después del campeonato argentino disputado el año pasado en San Francisco yo no lo volví a ver, por lo que no sé en qué condiciones jugaba y qué cuidados médicos tenía”, expresó Chazarreta.

Agregó el facultativo que este problema “evidentemente ha seguido, él no ha tenido controles médicos periódicos porque estaba jugando en Bahía Blanca”. “Me puse en contacto con el club y me dijeron que se habían enterado que tenía problemas pero que jamás se lo hizo estudiar”, añadió.

Consultado sobre si en los clubes no hay algún tipo de control con los jugadores, dijo que “por lo general no sucede eso en los clubes. Son muy pocos los que tienen contrato con médicos que le hacen este tipo de chequeos”, puntualizó el profesional.

Riofrío fue retirado de la cancha después de desplomarse en el piso, en medio de gestos desesperados de compañeros y rivales, algunos de los cuales se sacaron sus camisetas para sacudirlas tratando de arrimar aire al jugador caído.

El hecho sucedió alrededor de cinco minutos antes del final del partido que, a pesar de los momentos de tensión vividos, continuó hasta su finalización. El jugador falleció poco después en el Hospital local donde todos los esfuerzos por salvarle la vida fueron insuficientes.

Serios interrogantes sobre los controles médicos

CORDOBA (Télam).- El fallecimiento de Gabriel Germán Riofrío abrió serios interrogantes sobre los controles médicos a basquetbolistas. El alero de dos metros que se desplomó faltando 5’19’’ para finalizar el encuentro “tenía aumentadas las paredes del corazón”, según indicó el médico Ernesto Bosco, de la clínica Sunchales donde falleció el jugador.

El jugador ya había sido advertido de un problema cardíaco por la Asociación Cordobesa antes del torneo provincial de julio del año pasado y posteriormente del campeonato argentino que ganaron los cordobeses en la ciudad de San Francisco.

Este detalle para nada menor alcanza mayor significación si se toma en cuenta que desde los 15 años el jugador integró los seleccionados argentinos de cadetes y juveniles, además de jugar con el representativo sub 22 el campeonato mundial de Australia.

El doctor Chazarreta señaló que “en los seleccionados argentinos no se realizan controles cardíacos del tipo que necesitaba Gabriel. Y cuando consulté a la gente de Estudiantes de Bahía Blanca, ellos tampoco lo realizaban por cuestiones económicas, como ocurre con todos los equipos que juegan la liga”.

En coincidencia con Chazarreta se pronunció su colega Sergio Della Schiava, director del centro médico ‘De por Vida’, donde se efectúan los controles solicitados por la Federación Cordobesa de Básquetbol. El facultativo recordó que en ese lugar le realizaron a Riofrío “un chequeo en junio del 2000. Los estudios determinaron que padecía una miocardía hipertrófica”, precisó. “Eso significa que el ventrículo está unido al corazón por un tabique que debe medir hasta 11 milímetros, pero en aquel estudio ya medía 15.3, y seis meses más tarde alcanzaba los 25.2”.

“Cuando se pasan los 11 milímetros se liberan enzimas del corazón que producen riesgos en el individuo. Este muchacho tenía más del doble, y esa es la primera causa de muerte súbita en el deporte”, explicó.

Lo descripto por los profesionales, cada cual con su particular punto de vista profesional, tiene su correlato en la mayoría de los clubes en los que se practica básquetbol en el país. Por ejemplo en los clubes que participan de los torneos de la Federación Regional de Capital Federal, los controles médicos no existen en la mayoría de los equipos que juegan en la primera división A.

Pero tanto o más grave aún es el descuido absoluto que en ese sentido sufren los chicos que actúan en las divisiones inferiores, desde premini hasta juveniles.

De hecho, los dos pasos más traumáticos para un basquetbolista ocurren cuando pasa de minibásquetbol a infantiles y de juveniles a primera, porque las exigencias físicas son muy superiores a las anteriores.

Y en el caso de los más pequeños eso se agrava porque un niño de 12 años comienza a ser trabajado físicamente cuando abandona la ‘promocional’ categoría mini para incorporarse a la ‘competitiva’ infantiles, sin tener en cuenta quienes los dirigen si están orgánicamente aptos para absorber ese tipo de exigencias.

La responsabilidad que deberían asumir los clubes se circunscribe a la disposición de sus padres, porque las instituciones no pueden hacerse cargo por razones económicas y la Federación ‘acompaña’ no exigiendo junto a la ficha técnica (que deben avalar los progenitores con su firma) otra de carácter médico.

Así, la supervivencia de los más chicos se torna en muchos casos un calvario, cuando se mezclan los intereses de los clubes, de los padres, de los organismos rectores y de los propios niños, que pretenden sólo una cosa: jugar.


CORDOBA (DyN).- El basquetbolista cordobés Gabriel Riofrío, de 23 años, quien murió este domingo en Sunchales instantes después de haber sido retirado de la cancha donde jugaba para Estudiantes de Bahía Blanca por la Liga Nacional, no estaba apto para la práctica de ese deporte a nivel competitivo por padecer una “miocardiopatía hipertrófica”, expresaron ayer la prensa su médico personal y otro deportólogo.

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