La mujer que cree en el poder curativo del ritmo

De chica actuó para Federico Fellini. De joven vivió el rock con Bob Dylan y Patti Smith. La italiana Alessandra Belloni, que se presenta hoy en el Festival de Percusión en Roca, está convencida de que la tarantela es mucho más que una danza.

Por Redacción

FESTIVAL DE PERCUSIÓN EN ROCA

Podría estar nerviosa, o contrariada. Pero es evidente que Alessandra Belloni tiene la experiencia y el tiempo a su favor. De todos los grupos y percusionistas que llegaron este año al XIII Festival Internacional de Percusión, quizás la que más se sale del molde clásico es esta italiana, que debía inaugurar el encuentro el martes a la noche y no pudo hacerlo porque sus instrumentos quedaron varados en el aeropuerto de Houston, en Estados Unidos. Ella se ríe de la anécdota, relajada. “Ya están acá, conmigo”, dice.

Ciudadana del mundo, Alessandra es de las que puede sentarse a la mesa de los norteamericanos, portugueses, brasileños y latinos que llegaron este año al encuentro que organiza Fundación Cultural Patagonia. Maneja todos los idiomas. En el plano del lenguaje y en el del arte también: es actriz, bailarina, y percusionista, por supuesto.

Y ha tenido una vida lo suficientemente intensa como para poder contar que su primer paso infantil como actriz fue junto a Ana Magnani, en “La Lupa”, y luego bajo las órdenes de Federico Fellini, en “Casanova”.

Sólo ese dato bastaría para destacar su currículum. Pero eso es sólo un pie de página.

La rebelde que en los setenta decidió instalarse en Nueva York para poder desplegar la carrera actoral que su padre le negaba en Italia se volcó luego a la música. Así que en aquellos efervecentes años compartió tiempo y espacio con Bob Dylan, Patti Smith, Yoko Ono y Blondie, según cuenta ella como si hablara de lo más natural del mundo, como un dato anecdótico más de su currículum.

Lo que sí dice su CV oficial es que es “tarantela dancer”. Ése es el oficio de su vida, el que aprendió cuando, en un regreso a su Italia natal, decidió investigar sus propias raíces y descubrir que había un abuelo y una abuela que conocían esos ritmos.

“Yo venía del rock, de Nueva York, pero esa música italiana me tocó el alma”, dice en su mezcla de portuñol e italiano. “Era muy joven en ese entonces, pero entendí que tenía un lazo espiritual que era más fuerte que cualquier otra danza o música. Por eso empecé ese camino. Y así descubrí el poder del tarantismo”.

Parece que la tarantela, que muchos de nosotros reducimos a golpear la pandereta ruidosamente por debajo de la rodilla, tiene razones de ser bastante más profundas. “Aprendí a bailar esta danza ritual en el sur de Italia, hace ya treinta años. En realidad, es un ritual. Y sólo te lo pueden enseñar los que saben, en una noche especial. Se baila desde las diez de la noche a las 6 de la mañana; se baila rápido y se bebe mucho vino. En verdad, la tarantela es una danza de cura para las mujeres que sufrían de la depresión causada por la picadura de una tarántula. La danza de la tarantela eleva el ánimo, cura la depresión, aleja el miedo”, asegura esta mujer que no sólo baila estos ritmos en el escenario -lo hará esta noche, a las 21- sino que además los enseña a otras mujeres, como una suerte de terapia alternativa para alejar la tristeza.

Su arte se convirtió en su vida. Y desde hace treinta años es una especialista en la materia. No sólo es una de las pocas mujeres que se dedican a aplicar esta danza a la vida, sino que además ella misma diseña las panderas y los pesados tamburellos, que recién ayer llegaron a FCP. Alessandra se convirtió en la cara de una reconocida casa de instrumentos y viaja por todo el mundo enseñando el ritmo de la cura.

Quizás por eso, por todas esas horas de vuelo por el mundo, no se pone nerviosa cuando sabe que sus instrumentos se retrasan. Y quizás por eso también es capaz de relajarse y ver “la magia en este festival y en la escuela” (el IUPA). “Este festival es muy especial. Yo estoy en un momento de mi vida en el que pienso que ya debería parar un poco. Y siempre me digo: debe haber un lugar en el que pueda hacer de todo lo que yo hago: actuación, danza, percusión. Y, después de ver este espacio y este festival, pensé que este un lugar que me encanta. Yo viajo por todo el mundo y en Estados Unidos un lugar como éste sólo sería posible para la clase alta, no como es aquí, donde todos conviven”, asegura. “Este lugar me inspira mucho”.


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