La palabra maldita

Por Redacción

Tenía razón el encargado de negocios de la embajada norteamericana, Kevin Sullivan, cuando dijo que “es importante que la Argentina salga del default lo antes posible” ya que, como señaló, le permitiría “retornar a la senda del crecimiento económico sostenible y atraer la inversión que necesita”. Comparten plenamente su opinión casi todos los economistas, incluyendo algunos que se jactan de su heterodoxia, los empresarios y los políticos opositores, además del gobierno de nuestro socio estratégico, China, que ha dejado saber que le preocupan los problemas con los holdouts. Así y todo, el comentario a primera vista bien intencionado de Sullivan enojó tanto a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que enseguida le ordenó al canciller Héctor Timerman citarlo para amenazar con echarlo del país si se atrevía a repetirlo. Parecería que, a juicio de la presidenta, hablar de default es una forma inadmisible de entrometerse en los asuntos internos de la Nación, algo que no está dispuesta a tolerar, razón por la que en adelante los diplomáticos extranjeros tendrán que limitarse a emplear eufemismos o correr el riesgo de verse expulsados. Es de suponer que lo que Cristina busca es mantener el tema del default, o lo que fuera, firmemente en el marco de un enfrentamiento entre la Argentina, víctima eterna del maltrato ajeno, y el prepotente imperio yanqui. Con el aval de la presidenta, Timerman aprovechó la presencia del encargado de negocios para acusar a Estados Unidos de una larga serie de presuntos crímenes: no someterse ni a la Corte Internacional de La Haya ni a la Corte Interamericana para que juzguen su conducta insoportable. Tampoco, según el canciller, el gobierno del presidente Barack Obama aceptó presionar lo suficiente a la Justicia neoyorquina, como sería normal en nuestro país. Claramente sorprendidos por la filípica kirchnerista, los diplomáticos norteamericanos optaron por guardar silencio, ya que a esta altura entenderán que cualquier intento de tranquilizar a Cristina asegurándole que pronunciar la palabra “default” no es para tanto les resultaría contraproducente. Es posible que la reanudación de la cruzada contra Estados Unidos sirva para enfervorizar por un rato a la militancia, pero lo haría a costa de dejar la impresión de que el gobierno no tiene la menor idea de lo que le convendría hacer para salir del berenjenal en el que se ha metido. Por mucho que los norteamericanos procuren pasar por alto el episodio, atribuyéndolo a la voluntad de Cristina de subordinar absolutamente todo a la política interna sin tomar en cuenta las eventuales repercusiones internacionales de sus decisiones, no podrán sino sentirse preocupados por el deterioro constante no sólo de la relación bilateral sino también de la situación socioeconómica de uno de los principales países de América Latina. Como tantos otros, apostarán a que se trate de una fase y que, una vez terminada la larga transición, todo comenzará a normalizarse, pero también temen que la Argentina siga pareciéndose cada vez más a la convulsionada Venezuela chavista. El que para Cristina y sus colaboradores sea motivo de “profundo malestar” oír en boca del encargado de negocios estadounidense la palabra “default” puede considerarse una advertencia dirigida a todos los críticos de la gestión económica kirchnerista. Como sucede con cierta frecuencia cuando un gobierno se sabe en apuros, los oficialistas, encabezados por Cristina, parecen convencidos de que oponérseles equivale a atentar contra los intereses nacionales. Para contestarles, los alarmados por lo que está sucediendo pueden señalar que no sería muy patriótico resignarse a que el gobierno continúe cometiendo errores garrafales que con toda seguridad harán todavía más grave una situación que ya es desastrosa, pero reaccionar así no privaría a los autoritarios enquistados en el kirchnerismo de los pretextos que están inventando para profundizar la aventura voluntarista que han emprendido. Convencidos de que la defensa del país los obliga a enfrentarse con Estados Unidos, para inquietud de los inversores en potencia seguirán atacándolo verbalmente, prolongando así el aislamiento financiero que ya ha ocasionado un sinnúmero de dificultades y que, a menos que tengamos mucha suerte, asegurará que los próximos meses sean tan turbulentos como Cristina misma parece prever.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.124.965 Director: Julio Rajneri Codirectora: Nélida Rajneri de Gamba Vicedirector: Aleardo F. Laría Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA – Viernes 19 de septiembre de 2014


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