La poderosa glicina

El Jardín de Casa

Pocas trepadoras gozan de tanta admiración que una glicina cuando está en flor, para lo que en nuestra región del Alto Valle ya falta muy poco. Preventivamente, quiero alertar sobre lo que debe esperar de ella. Es una planta netamente trepadora, que se abraza a cuanto soporte encuentra, se enrosca en ellos y luego su mismo peso puede ocasionar serios perjuicios en fachadas y techos de edificios y ni qué hablar cuando lo hace en antenas de televisión. Trepadas en árboles, pueden llegar en ocasiones hasta los 20 metros de altura, si sus raíces ocupan espacios de suelo amplios. Es evidente que con tales alturas su control es imposible y hay que dejarla en total libertad, por lo que recomiendo pensar muy bien su ubicación. Una forma de mantener bajo cierto control este extraordinario vigor, es reducir el espacio que ocuparán sus raíces, plantándola -por ejemplo- en canteros de cemento algo elevados que tengan agujeros de drenaje sobre la superfficie, de modo que el aire se encargue de podar las raíces que se asomen por ellos… el volumen de tierra determinará el crecimiento de la planta pero cuidado, porque si a pesar de esta precaución llegaran a penetrar el suelo circundante, este control sería inexistente. PODA OTOÑAL Con esta forma de reducción, se puede encarar una poda que incentive una mayor floración, algo que sería imposible a cierta altura o incluso muy trabajosa en una glorieta o pérgola. En la secuencia gráfica le mostramos la poda tipo “pitoneo”, o sea cortando todas las ramillas florecidas a unas pocas yemas que darán origen a brindillas floríferas y el drástico acortamiento de ramas vegetativas para limitar su vigor. PODA POSFLORACIÓN Para lograr una segunda floración (o con suerte una tercera) se repite la poda sobre las brindillas florecidas. También puede acortar las ramas vegetativas, para intentar reducir su longitud, pero tenga en cuenta el dicho de que “al barrigón es al ñudo que lo fajen”… indefectiblemente querrá retomar ese crecimiento vigoroso y usted deberá volver a acortar, procedimiento que se puede repetir varias veces en el período de crecimiento. Por eso la advertencia anterior… conozco muchos casos en que, cansados de tanto crecimiento, deciden renunciar a su belleza y optan por arrancarla, lo que es una gran frustración, pero aquí también vale un dicho criollo: “la culpa no es del chancho, sino del que le da de comer”.


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