La pornografía es la nueva utopía
Mirando al sur
La producción de imágenes sexuales que sirvan para excitar a las personas es tan antigua como la vida civilizada. Pero hasta hace poco más de medio siglo la pornografía estaba reservada sólo a los muy ricos: grandes empresarios o reyes. Se cuenta que Alfonso XIII de España tuvo que abandonar su enorme colección de miles de filmes pornográficos, producidos especialmente según sus indicaciones, cuando debió huir del palacio real ante el advenimiento de la república.
Los pioneros en la democratización de la pornografía fueron, a mediados del siglo XX, los países nórdicos al legalizar la distribución de fotografías que mostraban escenas sexuales de manera completamente explícita. En los 60 llegaron los filmes XXX que se exhibían en los primeros cines pornos. Pero fue recién en los 80, con la masificación de la videocasetera, y especialmente desde los 90, con la difusión de internet, que la pornografía se instaló definitivamente en el living de cada hogar del planeta.
Gracias a internet, la pornografía es hoy la más difundida industrial cultural, superando en facturación y consumo incluso a la industria musical, la única que le compite de igual a igual, y dejando muy atrás tanto a las producciones cinematográficas de Hollywood como al mundo editorial. Y esa primacía fue posible porque (además del universal deseo sexual que la busca, sea como fuere) la pornografía apostó desde el nacimiento de la red por la innovación permanente.
Todo lo que funciona en internet primero fue probado y difundido por el porno: desde el pago con tarjetas de crédito, la transferencia de dinero entre individuos (y no sólo hacia las cuentas bancarias), la producción de realidad virtual, de realidad aumentada y la interacción entre aplicaciones y gadgets, entre muchas otras. Esa capacidad de adelantarse al deseo del consumidor hizo que, según “The Economist”, en el 2014 la pornografía en internet haya facturado cerca de 50.000 millones de dólares de manera directa.
Fabian Thylmanns, el fundador de los sitios más populares de pornografía en internet (la amplia serie de los X-tubes), es un programador que fue de los pioneros en el uso del big data, lo que le permitió adecuar su oferta al deseo de casi cada consumidor. Gracias a esas herramientas, entre las que también está la geolocalización, las empresas que producen porno conocen al detalle los gustos de sus clientes.
En todos los países se consumen casi todas las categorías populares (que cada vez son más, y cada vez cuentan con más subcategorías), pero muchas de ellas son completamente minoritarias en algunas zonas, mientras que en otras zonas son las más masivas. Según PornHub, los varones heterosexuales norteamericanos e ingleses prefieren ver escenas de lesbianismo simulado; los argentinos, sexo con actrices que parezcan adolescentes; los rusos se inclinan por el porno anal y a los holandeses les gustan las mujeres maduras.
Para comprender la enorme dimensión del consumo de pornografía en internet alcanza con comparar las cifras del sitio porno más visitado (PornHub) con el de todos los sitios de noticias que reúne el mayor gigante de la comunicación en la web: Yahoo-ABCnews. PornHub recibe por día más visitantes que Yahoo-ABCnews por mes: unos 150 millones de visitas diarias contra 125 millones de visitas mensuales. Es tan masiva la búsqueda de pornografía que es casi imposible encontrar un internauta que no la consuma.
Los sitios asociados a PornHub recibieron 100.000 millones de visitas durante el 2014. Sus visitantes consumieron 1,5 terabits de pornografía por segundo (lo que equivale a bajar unos 150 filmes de Hollywood en HD de máxima calidad por segundo).
No sólo la industria, mediante el big data, recibe una información interactiva constante sino que el consumidor de porno descubre deseos que desconocía antes de verse expuesto a experiencias que su imaginación no había alcanzado. El actual navegante de internet ha visto escenas que sus antepasados más libertinos jamás imaginaron.
Hace un cuarto de siglo, el antropólogo Arcand Bernard se preguntaba si el crecimiento en el consumo de la pornografía iba a capturar hasta tal punto la libido del planeta que abandonaríamos los encuentros sexuales. Eso fue antes de la difusión de internet. ¿Qué sucederá con el deseo sexual cuando se popularice el porno virtual en 3D y los robots nos permitan tener experiencias físicas similares o, incluso, más intensas que las que se podrían lograr interactuando con otra persona?
No solo de sexo vive el hombre, pero –al menos en internet– es lo que más lo obsesiona.
Gracias a internet, la pornografía es hoy la más difundida industria cultural, superando en facturación y consumo incluso a la industria musical, la única que le compite de igual a igual.
El antropólogo Arcand Bernard se preguntaba si el consumo de la pornografía iba a capturar hasta tal punto la libido que abandonaríamos los encuentros sexuales.
Datos
- Gracias a internet, la pornografía es hoy la más difundida industria cultural, superando en facturación y consumo incluso a la industria musical, la única que le compite de igual a igual.
- El antropólogo Arcand Bernard se preguntaba si el consumo de la pornografía iba a capturar hasta tal punto la libido que abandonaríamos los encuentros sexuales.
Comentarios