La prioridad de lo moral

Roca

Entender los méritos y los deméritos de los mandamientos de Dios o del soberano no entra en la capacidad ni en el cometido de quien se asume como mero ejecutor de la voluntad de Dios o del soberano.


Este esquema de razonamiento ayuda mucho a explicar por qué un número tan elevado de personas decentes, castas, devotas – morales en realidad – se implican – afanosamente – aunque no sea de todo corazón – en la realización de actos malos.


Y fue por ese motivo que Levinas recalco que, en vez de derivar la moralidad de los actos de las “necesidades de la sociedad” (sea lo que sea que esta noción receptáculo signifique), deberíamos sentar a la sociedad en el banquillo de los acusados del tribunal de la ética.


Y por eso Hannah Arendt afirmó que la única manera de ser morales es ser desobedientes o, por decirlo sin ambages, poner las exigencias de la moral por encima de todas las demás, cualquiera que sea el coste.
En palabras de Muñoz Soler, “volver a hablar con el lenguaje del alma…”

Alberto Félix Suertegaray
DNI 14169481


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