«La vida teatral abre interrogantes»

El profesor José Luis Valenzuela, en Neuquén. Dicta un curso de directores teatrales.

Por Redacción

NEUQUÉN (AN).- Físico de formación devenido actor, profesor y director teatral, José Luis Valenzuela, cambió las ecuaciones y el laboratorio por el mundo del teatro. «Se me apareció el teatro de golpe y todo bajó de la cabeza al estómago», contó desde la Escuela de Títeres de Neuquén, donde dictó el primer encuentro de un taller de formación de directores que ofrece el Instituto Nacional del Teatro con la colaboración de Cultura municipal, la Universidad Nacional de del Comahue, el colectivo de artistas Tribu Salvaje y la dirección de Artística del Consejo Provincial de Educación.

La propuesta contempla un curso por mes, intensivo de cuatro días, hasta septiembre, que como broche de oro llevará a escena unas cuatro o cinco obras teatrales. El primer encuentro arrancó el viernes pasado y termina hoy, con más de cincuenta personas inscriptas de Neuquén y Río Negro.

«Cada vez que nos encontremos intercambiaremos miradas, veremos por dónde transita el grupo que empezó con premisas totalmente distintas de las mías. Veremos con qué problemas de dirección se enfrentan, será un situación de producción y encuentro muy pedagógica», dijo el director teatral que se decidió por las tablas allá por los '70, sin tiempo ni posibilidades de hacer una carrera formal, sino emprendiendo un camino de autodidacta.

Contó que empezó con la actuación y poco a poco se desplazó hacia la dirección. Pasó de poner el cuerpo y el oído para aprender técnicas, a tener que pararse frente a un grupo y enseñarles cómo y de qué manera hacer las cosas. «Esta sensación de estar en un lugar que naturalmente no me correspondía, me di cuenta que lo compartíamos la mayoría de los teatristas, quizás con mas razón los que no hacemos una carrera formal. Eso

es una inestabilidad bastante productiva en la vida artística, porque hace que abunde en autoformación y autoexigencia. Para mi la vida teatral no hace más que abrirme interrogaciones y es como un estado de desesperación perpetua de saber que nunca voy a terminar de entender bien esto», reflexionó.

Luego de varios años de dictar clases en la carrera de Teatro de la Universidad Nacional de Córdoba, Valenzuela decidió trabajar como «free-lance» y desde el 2002 ofrece seminarios de dirección en varias latitudes del país de la mano del Instituto Nacional del Teatro.

A Neuquén llega con mucha expectativa y sorprendido por la convocatoria «de alto nivel y calidad de participantes». Y cuando esta cronista le preguntó cómo ve el teatro en la ciudad, el director contestó: «Hace casi dos décadas que vengo a la zona y conservo siempre la impresión general que hay un dinamismo muy particular. En Neuquén particularmente hay mucha contemporaneidad con propuestas de Buenos Aires, quizás por el tipo de inmigración local es que se está muy al tanto y hay mucho interés de trabajar obras de las nuevas dramaturgias».

En sus cursos el director apunta a un aprendizaje real del oficio fuera del aula. «Quiero que se descubra lo antes posible que esto no es una ciencia ni se parece a una ciencia, el hecho de meterlo en una institución académica ya es bastante», dijo.

Y agregó contundente: «El teatro es un mundo donde la paradoja es la norma. Sin embargo, la persona debe ser capaz de aprender algo, de nutrirse. No quedar paralizado, ese es el juego entre la dispersión y la concentración, entre el entusiasmo y la decepción».


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