La voz del ama

Redacción

Por Redacción

Fue suficiente que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner les recomendara un “baño de humildad” para que diversos aspirantes a sucederla se zambulleran en las aguas purificadoras. Aunque ya resultaba evidente que eran nulas las posibilidades de que personas como Sergio Urribarri, Jorge Taiana y Agustín Rossi arañaran más que un puñado de votos, fue necesario que Cristina les ordenara borrarse para que abandonaran la carrera en la que se habían entrometido. Eliminados los tres, quedan Daniel Scioli y Florencio Randazzo. Puesto que desde hace años el gobernador bonaerense lidera las encuestas, a menudo superando a la mismísima presidenta cuando de nivel de aprobación se trata, de ser el Frente para la Victoria un partido común, todos los afiliados ya estarían apoyándolo pero, claro está, en el mundillo kirchnerista los asuntos distan de ser tan sencillos. Además de ver en Scioli a un burgués acomodado de opiniones reaccionarias, los militantes temen que en cuanto pueda se las arregle para reemplazarlos en el laberíntico organigrama peronista por sus propios simpatizantes. Puede que Cristina ya se haya resignado a que Scioli lleve la bandera oficialista en las elecciones presidenciales, pero a veces brinda la impresión de querer que pierda por suponer que le serviría para conservar una cuota adecuada de poder. Un motivo sería estratégico, puesto que no sólo en su propia opinión sino también en la de muchos otros, el jefe del gobierno porteño, Mauricio Macri, es “la derecha”, de suerte que si ganara podría atacarlo desde “la izquierda”. Otro sería más personal: Cristina entenderá muy bien cómo funciona el peronismo y por lo tanto teme que, una vez en el poder, Scioli la trataría como ella misma y su marido, Néstor Kirchner, trataron a su padrino particular, Eduardo Duhalde. Por ser el peronismo un movimiento verticalista, no hay lugar en él para dos jefes. De erigirse en presidente, Scioli no tendría más opción que la de poner en marcha una purga de aquellos compañeros que a su juicio preferirían que Cristina siguiera reinando. Parecería que, a ojos de la presidenta, Randazzo es una persona mucho más confiable que Scioli y por dicho motivo merece su respaldo, pero si, para sorpresa de virtualmente todos, el ministro del Interior y Transporte lograra desbancar al gobernador en las PASO, se convertiría enseguida en un enemigo eventual, sobre todo si hubiera motivos para creerlo capaz de triunfar en las elecciones previstas para octubre. En tal caso, Randazzo podría resultar estar aún más dispuesto que Scioli a depurar las filas oficialistas de kirchneristas leales a Cristina, aunque sólo fuera porque le sería forzoso convencer a los demás peronistas de que, a pesar de las apariencias, es en verdad un líder muy fuerte que nunca soñaría con permitirse manipular por una expresidenta. Así, pues, no extrañaría del todo que, luego de pensarlo, Cristina, su hijo Máximo y otros integrantes de su pequeño círculo áulico llegaran a la conclusión de que no les convendría que cualquier candidato supuestamente kirchnerista se impusiera en el cuarto oscuro. Además del temor lógico a compartir el destino triste de otros líderes peronistas, como Duhalde y Carlos Menem, que se vieron marginados expeditivamente por quienes los habían acompañado durante años, Cristina sabrá que al próximo gobierno le aguarda una tarea socioeconómica y por lo tanto política nada grata que, debido a su propia negativa a creer que en ocasiones es necesario reducir el gasto público y tomar medidas antiinflacionarias, la obligará a asumir desde el vamos una postura opositora, lo que le sería mucho más fácil si Macri estuviera en la Casa Rosada, ya que en tal caso podría movilizar en su contra a los peronistas. Aunque es de suponer que Macri es consciente de que los kirchneristas están tendiéndole una trampa al gastar todo el dinero disponible, endeudarse a tasas leoninas y llenar la administración pública de militantes de La Cámpora, parece creerse en condiciones de gobernar en las circunstancias así supuestas. También Scioli y Randazzo parecen confiar en su propia capacidad para superar los obstáculos que el gobierno actual está erigiendo en el camino, pero hasta ahora ninguno de los dos le ha suplicado a Cristina desarmar la bomba de tiempo que, según parece, se ha propuesto entregar a su sucesor.

Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Director: Julio Rajneri Editor responsable: Ítalo Pisani Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Lunes 18 de mayo de 2015


Fue suficiente que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner les recomendara un “baño de humildad” para que diversos aspirantes a sucederla se zambulleran en las aguas purificadoras. Aunque ya resultaba evidente que eran nulas las posibilidades de que personas como Sergio Urribarri, Jorge Taiana y Agustín Rossi arañaran más que un puñado de votos, fue necesario que Cristina les ordenara borrarse para que abandonaran la carrera en la que se habían entrometido. Eliminados los tres, quedan Daniel Scioli y Florencio Randazzo. Puesto que desde hace años el gobernador bonaerense lidera las encuestas, a menudo superando a la mismísima presidenta cuando de nivel de aprobación se trata, de ser el Frente para la Victoria un partido común, todos los afiliados ya estarían apoyándolo pero, claro está, en el mundillo kirchnerista los asuntos distan de ser tan sencillos. Además de ver en Scioli a un burgués acomodado de opiniones reaccionarias, los militantes temen que en cuanto pueda se las arregle para reemplazarlos en el laberíntico organigrama peronista por sus propios simpatizantes. Puede que Cristina ya se haya resignado a que Scioli lleve la bandera oficialista en las elecciones presidenciales, pero a veces brinda la impresión de querer que pierda por suponer que le serviría para conservar una cuota adecuada de poder. Un motivo sería estratégico, puesto que no sólo en su propia opinión sino también en la de muchos otros, el jefe del gobierno porteño, Mauricio Macri, es “la derecha”, de suerte que si ganara podría atacarlo desde “la izquierda”. Otro sería más personal: Cristina entenderá muy bien cómo funciona el peronismo y por lo tanto teme que, una vez en el poder, Scioli la trataría como ella misma y su marido, Néstor Kirchner, trataron a su padrino particular, Eduardo Duhalde. Por ser el peronismo un movimiento verticalista, no hay lugar en él para dos jefes. De erigirse en presidente, Scioli no tendría más opción que la de poner en marcha una purga de aquellos compañeros que a su juicio preferirían que Cristina siguiera reinando. Parecería que, a ojos de la presidenta, Randazzo es una persona mucho más confiable que Scioli y por dicho motivo merece su respaldo, pero si, para sorpresa de virtualmente todos, el ministro del Interior y Transporte lograra desbancar al gobernador en las PASO, se convertiría enseguida en un enemigo eventual, sobre todo si hubiera motivos para creerlo capaz de triunfar en las elecciones previstas para octubre. En tal caso, Randazzo podría resultar estar aún más dispuesto que Scioli a depurar las filas oficialistas de kirchneristas leales a Cristina, aunque sólo fuera porque le sería forzoso convencer a los demás peronistas de que, a pesar de las apariencias, es en verdad un líder muy fuerte que nunca soñaría con permitirse manipular por una expresidenta. Así, pues, no extrañaría del todo que, luego de pensarlo, Cristina, su hijo Máximo y otros integrantes de su pequeño círculo áulico llegaran a la conclusión de que no les convendría que cualquier candidato supuestamente kirchnerista se impusiera en el cuarto oscuro. Además del temor lógico a compartir el destino triste de otros líderes peronistas, como Duhalde y Carlos Menem, que se vieron marginados expeditivamente por quienes los habían acompañado durante años, Cristina sabrá que al próximo gobierno le aguarda una tarea socioeconómica y por lo tanto política nada grata que, debido a su propia negativa a creer que en ocasiones es necesario reducir el gasto público y tomar medidas antiinflacionarias, la obligará a asumir desde el vamos una postura opositora, lo que le sería mucho más fácil si Macri estuviera en la Casa Rosada, ya que en tal caso podría movilizar en su contra a los peronistas. Aunque es de suponer que Macri es consciente de que los kirchneristas están tendiéndole una trampa al gastar todo el dinero disponible, endeudarse a tasas leoninas y llenar la administración pública de militantes de La Cámpora, parece creerse en condiciones de gobernar en las circunstancias así supuestas. También Scioli y Randazzo parecen confiar en su propia capacidad para superar los obstáculos que el gobierno actual está erigiendo en el camino, pero hasta ahora ninguno de los dos le ha suplicado a Cristina desarmar la bomba de tiempo que, según parece, se ha propuesto entregar a su sucesor.

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