“Las escarapelas eran cintas rojas y blancas”
A doscientos años de la epopeya libertaria del 25 de mayo de 1810, me parece oportuno volver sobre conceptos más que cuestionables que han rondado y siguen en danza a la hora de evaluar semejante acontecimiento histórico. Varios son los mitos que han surgido a través del tiempo sobre el magno suceso, siendo el menor (y el más mentado tal vez) el que refiere a los famosos paraguas (que sí existieron –tal como lo señala en un aviso de esos días el periódico “Correo del Comercio”– que eran de manufactura inglesa y sólo unos pocos vecinos acomodados los portaban). Otra famosa versión, atribuible a sucesos de entonces, es la que consagró las famosas escarapelas celestes y blancas de French y Berutti. Hoy se conoce que repartían, en realidad, cintas rojas y blancas y que –según el historiador Armando Alonso Piñeiro– se proponían, según el color que se eligiese, como opciones a favor de la paz o de la guerra contra los españoles. El mismo autor se refiere al embuste mayor y más absurdo, vinculado con la insólita creencia –negligentemente difundida– de que la revolución no fue tal sino, apenas, un hecho menor gestado entre bambalinas por una elite delirante. Es interesante repasar las palabras textuales de Piñeiro al respecto: “El mito de los mitos sería un colmo si tuviera algún fundamento. Nos referimos a la posibilidad de que la Revolución de Mayo no fue ninguna revolución. Aceptarla sería no comprender absolutamente nada de lo que ocurrió después. Equivaldría a negar la guerra de independencia, la campaña de los Andes y a borrar de un plumazo las primeras batallas nacionales, y a que nuestros ejércitos habrían estado empeñados en luchar contra fantasmas. Equivaldría también a desviar la atención de los innumerables documentos existentes sobre el carácter revolucionario de la única revolución de la historia argentina; el glorioso movimiento del 25 de mayo de 1810”. Armando Alonso Piñeiro, “La historia argentina que muchos argentinos no conocen” (Edit. De Palma – 5º Edición, 1983. Págs. 92 y 93.) Entre otros autores, incluso de ideología bien diversa a la de Piñeiro, se leen múltiples adhesiones al profundo sentido revolucionario de aquellos luminosos días. Sería interminable citar sus trabajos; pero vale la pena mencionar algunos de esos nombres, hoy vergonzosamente olvidados: Rodolfo Puigross, Rubén Bortnik, Norberto Galasso y hasta, inclusive, el inolvidable dirigente peronista John William Cooke, que también se ocupó del tema. Alejandro Flynn DNI 12.566.136 Neuquén
Alejandro Flynn, DNI 12.566.136 Neuquén
A doscientos años de la epopeya libertaria del 25 de mayo de 1810, me parece oportuno volver sobre conceptos más que cuestionables que han rondado y siguen en danza a la hora de evaluar semejante acontecimiento histórico. Varios son los mitos que han surgido a través del tiempo sobre el magno suceso, siendo el menor (y el más mentado tal vez) el que refiere a los famosos paraguas (que sí existieron –tal como lo señala en un aviso de esos días el periódico “Correo del Comercio”– que eran de manufactura inglesa y sólo unos pocos vecinos acomodados los portaban). Otra famosa versión, atribuible a sucesos de entonces, es la que consagró las famosas escarapelas celestes y blancas de French y Berutti. Hoy se conoce que repartían, en realidad, cintas rojas y blancas y que –según el historiador Armando Alonso Piñeiro– se proponían, según el color que se eligiese, como opciones a favor de la paz o de la guerra contra los españoles. El mismo autor se refiere al embuste mayor y más absurdo, vinculado con la insólita creencia –negligentemente difundida– de que la revolución no fue tal sino, apenas, un hecho menor gestado entre bambalinas por una elite delirante. Es interesante repasar las palabras textuales de Piñeiro al respecto: “El mito de los mitos sería un colmo si tuviera algún fundamento. Nos referimos a la posibilidad de que la Revolución de Mayo no fue ninguna revolución. Aceptarla sería no comprender absolutamente nada de lo que ocurrió después. Equivaldría a negar la guerra de independencia, la campaña de los Andes y a borrar de un plumazo las primeras batallas nacionales, y a que nuestros ejércitos habrían estado empeñados en luchar contra fantasmas. Equivaldría también a desviar la atención de los innumerables documentos existentes sobre el carácter revolucionario de la única revolución de la historia argentina; el glorioso movimiento del 25 de mayo de 1810”. Armando Alonso Piñeiro, “La historia argentina que muchos argentinos no conocen” (Edit. De Palma - 5º Edición, 1983. Págs. 92 y 93.) Entre otros autores, incluso de ideología bien diversa a la de Piñeiro, se leen múltiples adhesiones al profundo sentido revolucionario de aquellos luminosos días. Sería interminable citar sus trabajos; pero vale la pena mencionar algunos de esos nombres, hoy vergonzosamente olvidados: Rodolfo Puigross, Rubén Bortnik, Norberto Galasso y hasta, inclusive, el inolvidable dirigente peronista John William Cooke, que también se ocupó del tema. Alejandro Flynn DNI 12.566.136 Neuquén
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