Las mujeres pehuenches rendían culto a la 'bijou'

Lucían cofias armadas con miles de cuentas.

NEUQUEN (AN).- Las mujeres paseaban con cofias de hasta 9.000 delicadas cuentas vítreas que, en los extremos, tenían enhebrados cascabeles. A los collares, pulseras y tobilleras, algunas damas pehuenches sumaban conos de latón dorado que -en cada movimiento- tiritaban, dejando caer sonidos de campanillas.

Ellas no pasaban desapercibidas, está claro. Y se preocupaban en mostrar la particular bijouterie que -por calidad y abundancia- jerarquizaba a la portadora.

«Podríamos decir que las mujeres pehuenches eran coquetas, quizás las más coquetas; y en sus ajuares las cuentas de vidrio eran fundamentales», admite la investigadora Estela Cúneo.

Las pequeñas piezas de vidrio de origen europeo se conocen como chaquiras, y para los arqueólogos su sola presencia es un elemento revelador, porque les permite avanzar con los fechados.

Estos abalorios, lo mismo que los espejos, hachas, machetes y ollas, eran la moneda de cambio de los españoles que llegaron a esta parte del planeta. Y fueron los pehuenches quienes más creativas aplicaciones encontraron. Por caso, las cofias o tapahues llegaron a contar con más de 8.500 cuentas, cuidadosamente hermanadas a partir de tendones que hacían las veces de hilos. En el museo de la ciudad de Neuquén «Estación Paraje Confluencia» hay un espectacular tapahue pehuenche de cuentas de vidrio, de 8.400 piezas. «Las cuentas eran la moneda de cambio, fundamentales para el comercio e intercambio. El español llegó a cambiarlas por oro y piedras preciosas. El indígena, de hecho, las veía como piedras preciosas. No imaginaba que era una cosa industrial o pro

ducida», explica el arqueólogo de Bariloche Adam Hajduk.

El científico, junto a su colega Estela Cúneo y otros investigadores, trabajó en el rescate de una docena de entierros pehuenches en el paraje Caepe Malal, en la cuenca del río Curi Leuvú.

«Eran once mujeres y un hombre; esto, precisamente, lo podemos asegurar por el ajuar que acompañaba las sepulturas: aros, collares, y las torteras, que son las pesas que las mujeres usaban para hilar»,agregó.

«Hoy en día, las cuentas de vidrio son, en buena medida, elementos guías cronológicos, a modo de carbono 14. Por su diseño y técnica de factura nos plantean tipos determinados que tienen una vida de uso, de producción acotada que puede ser rastreada», sostiene el arqueólogo.

Algunas, las más comunes, eran de vidrio estirado. Se las fabricaba a partir de una suerte de masa hueca, con sencilla técnica.

«De un globo de vidrio se hizo un tubo que después de cortó en serie como si fuera un salamín», graficó el investigador, quien en la década del 90 participó de la muy importante campaña de rescate. Es que en Caepe Malal yace un verdadero resumen del contacto entre los indígenas patagónicos y los españoles.

«No sabemos cuál es la extensión del yacimiento pero sí podemos decir que es u lugar clave para definir el contacto», aseguró Estela Cúneo, la directora de Patrimonio de la provincia.

Hábiles en el manejo de hacienda, buenos comerciantes y ágiles en sus movimientos (a uno u otro lado de la cordillera según fuera el estado de la relación con los europeos) los pehuenches se preocupaban porque sus mujeres lucieran bien. «Caepe Malal pudo haber sido un lugar de enterratorios, de un uso bastante prolongado. Y algunas tumbas pueden tener cuentas muy antiguas y otras menos; las cuentas las vemos en los brazos, como collares, en los brazos o en los tobillos», detalla Hajduk. Para Cúneo, los pehuenches del siglo 18 comparten gran número de cosas con los mapuches, incluso rasgos. Además de las piezas mencionadas, sumaron corazas ornamentales, aros, collares y otros adornos de un latón de una aleación de cobre y zinc.

Nota asociada: Caepe Malal y la investigación postergada Un milagro de latón

Nota asociada: Caepe Malal y la investigación postergada Un milagro de latón


NEUQUEN (AN).- Las mujeres paseaban con cofias de hasta 9.000 delicadas cuentas vítreas que, en los extremos, tenían enhebrados cascabeles. A los collares, pulseras y tobilleras, algunas damas pehuenches sumaban conos de latón dorado que -en cada movimiento- tiritaban, dejando caer sonidos de campanillas.

Registrate gratis

Disfrutá de nuestros contenidos y entretenimiento

Suscribite por $1500 ¿Ya estás suscripto? Ingresá ahora