Las Voces del Lanín

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El grupo se muestra bien consolidado con 17 años de ruedo y muchísimos escenarios encima. Un chamamé de rasguido doble, los arreglos vocales de “Otoño en Huechulafquen” y su versión de “Regreso del ayer” dan cuenta del desarrollo de Las Voces del Lanín, el conjunto musical de esta ciudad que obtuvo el año pasado una mención especial en el Festival Nacional de Malambo en Laborde, Córdoba, es asiduo telonero de “Illapu” en sus presentaciones en Chile, y que accedió en dos oportunidades a la final del certamen Pre Cosquín. “No hemos podido ganar esa competencia ni aparecer como revelación porque no tenemos estructura. No vivimos de la música, y en términos económicos cada día fuera de nuestra ciudad es un gasto... Pero no nos importa realmente, ni siquiera sabemos si podríamos vivir como músicos todo el año de gira”, explica con su tono grave Andrés Figueroa, primera voz y guitarra, fundador del grupo junto con Fabián Roa. Las Voces del Lanín interpretan folclore originario (loncomeo) y le imprimen ritmo patagónico a algunas sambas, valses y malambos, pero también tocan chacareras, cuecas chilenas, joropos centroamericanos y boleros. Es durante los festivales que despliegan su repertorio hasta alcanzar todos los ritmos latinoamericanos, aunque cuando de grabar discos se trata prefieren “lo que más nos identifica, que es la poesía neuquina, que tiene bastante poca difusión”, dice Figueroa, que en los pagos es mucho más conocido como ‘el Chino’. Tienen tres discos (“Inicio”, “El camino con gusto propio” y “Más allá de lo nuestro”) y están organizándose para entrar a grabar el cuarto en estudios, sin sellos discográficos ni compañías de distribución. “Vendemos todos los CD después de los shows, y con eso renovamos nuestro equipamiento e instrumentos, que estamos pudiendo elegirlos cada vez de mayor calidad”, agrega Figueroa, poblador de la comunidad mapuche Lafquenche, de lago Huechulafquen, y actual secretario del Centro Cultural Mapuche ubicado sobre la Ruta 234. El grupo tiene siete integrantes, de los cuales tres son hermanos y un cuarto es primo. Se trata de dos primeras guitarras, una guitarra base, un bajo, batería, acordeón y percusionista. “Toda nuestra familia tuvo y tiene dotes musicales. El que más nos guió en este camino fue nuestro padre, el compositor Arnaldo Figueroa, a quien le producimos y grabamos un disco en reconocimiento y agradecimiento. Fue mirando y escuchando que aprendimos. Después, en 2002, estudiamos técnicas de canto en la Escuela de Música con el profesor Carlón, que era arreglador de Mercedes Sosa”, agrega Figueroa. “En Junín hay mucha música y mucha poesía. Esta localidad supo ser la Cosquín de la Patagonia, pero con el tiempo esta costumbre se fue perdiendo, yo creo que en gran medida porque fueron desapareciendo los espacios donde compartir, especialmente a partir de la prohibición de las peñas en las escuelas. Yo no estoy de acuerdo con que a los jóvenes no les gusta lo nuestro, más bien creo que no lo conocen. El escenario de la plaza está muy bien, pero es de corta duración, en febrero termina... con algo más de infraestructura quizá podamos recuperar estas tradiciones”, concluye.

representantes

Los músicos viajan a todo el país.


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