Lenguajes unitarios

Por Mabel Bellucci

El movimiento feminista en la Argentina está desfamiliarizado con la producción feminista alemana. En la actualidad, lo que más prima en el mercado es mucho pero mucho feminismo académico norteamericano, algo menos del italiano y francés, muy poco del latinoamericano y la pérdida de carrera de las españolas, que en el momento de nuestra primavera democrática funcionaron como guías teóricas. Es una pena que sea así, ya que Alemania ha producido acontecimientos contrastantes, intransferibles que han dado una vuelta de página en la historia de Occidente. Al menos en Berlín, se cocina bulliciosamente experiencias contraculturales comunitaristas y libertarias, la revulsividad de su movimiento estudiantil antecedió al Mayo francés, los movimientos feministas de los años sesenta y setenta tuvieron protagonismos decisivos para las mujeres europeas, los acalorados debates de los historiadores en torno del nazismo abrieron puertas para nuevos interrogantes sobre el totalitarismo, la caída del Muro, la reunificación de las dos Alemanias, la inmigración masiva de ciertos países de la Europa oriental alienta al racismo pero también al diálogo. En fin, Alemania presenta variables culturales significativas que a muchas feministas les permitiría pensar su pasado y su presente, fuera de la órbita académica dominante que impera en estos momentos.

Desde los inicios de los ochenta, un número considerable de autoras alemanas abrió una interesante discusión en torno del autorreferencialismo presencial y discursivo del ser feminista, que lleva a considerar que lo mío es más sufriente que lo tuyo. Evidentemente, que este efecto de tiranía «identitaria» se plasma en su accionar (ausencia de coaliciones con otros movimientos sociales) como en su pensar (las separatas de los departamentos de mujeres en las universidades configuran, las más de las veces, saberes corporativos y aislados de la conflictividad social y cultural). Tanto se insiste en que la discriminación patriarcal presenta rasgos propios sólo para las mujeres, que entonces se intenta recuperar la autodeterminación nada más que para la comunidad de las pares, pero para aquellas pares sentidas como tales. Se desconoce de esta manera que el androcentrismo adopta un punto de vista central y se afirma hegemónicamente, relegando a las márgenes todo aquello que considera no significativo e insignificante para valorar como superior la perspectiva obtenida. En buen romance: el androcentrismo excluye a todo lo que contradiga a lo instituido como norma, sean mujeres heterosexuales, bisexuales, lesbianas, gays, travestis, pobres y otros tantos colectivos subalternos.

El movimiento feminista sigue sosteniendo que, más allá de lo biológico, las mujeres tienen más cosas en común, que diferencias, a saber: una historia de exclusión violenta, que las confinó a la marginalidad, que las definió como seres inferiores, que las excluyó de la participación pública y las sometió a una violencia cotidiana. De acuerdo con el postulado de esta tesis, esta historia es una historia de opresión que las vincula por encima de todas las diferencias de clase, raza, etnia, orientación sexual, etc. Es cierto que para instalar la exclusión femenina del discurso universalista de los derechos se debía utilizar recursos de alto voltaje para provocar efectos políticos. Desde ya que no existía otra manera para romper con las regulaciones culturales que consideraban hasta ese entonces como natural la división tajante entre ambos sexos, en lugar de ser reconocidas como un hecho de violencia. Ofreció interpretaciones para el sufrimiento personal y para el malestar político. Expuso argumentos para visibilizar la violencia contra las mujeres en la propia cultura y en la vida cotidiana. Todo ello dio lugar a la cohesión de un nosotras y consolidó sentimientos y prácticas solidarias antes desconocidas. En suma: las mujeres se convirtieron en demandantes públicas. Pero después de haber transcurrido un largo trayecto, primar en el discurso político sólo la propia singularidad se aniquila, se desdibuja o se invisibiliza la de los otros colectivos y las existentes en el interior del espacio al que se pertenece. Esta perspectiva define categóricamente a las mujeres como una unidad. Son el sujeto revolucionario, es decir, son concebidas como seres capaces de transformar de manera revulsiva y total.

Desde esta mirada unitaria, el patriarcado es el que instituye la injusticia absoluta suprema, de dominación universal, como un sistema masculino de violencia sin mujeres contra las mujeres. Todas las injusticias del pasado con sus consecuencias actuales y todas las injusticias del presente con sus consecuencias futuras son atribuidas al mismo origen. Esta perspectiva de dominación no siempre se cruza con otras formas de dominaciones inherentes al capitalismo.

Desde el punto de vista cultural, la democracia liberal se organizó políticamente a través de modos de normatización y disciplinamientos de las personas para distribuir de manera desigualitaria los recursos económicos, sociales y culturales mediante la explotación y el acaparamiento de oportunidades. En esta dirección, se podría enunciar que esta mirada unitaria tiende a presentarse como universal, monocausal, generalizadora, supranacional, unidimensional y abstracta, encerrando en una misma bolsa clases, culturas, épocas y regiones. No está de más decir que queda establecido de antemano quién es la víctima y quién es el victimario. El descubrimiento del mundo como un mundo de hombres coincidirá con el descubrimiento de las mujeres como víctimas.

Pero también se configuró en centralidad a las mujeres blancas, occidentales, de sectores medios, profesionales y heterosexuales. Esto generó nuevas formas de exclusivismo que alinearon y oprimieron a aquellas que no se ajustaban al discurso normativo feminista central. Por suerte, una incipiente corriente ya no se esfuerza en la búsqueda de un feminismo cohesionado, sino que apunta a la construcción de coaliciones políticas en torno de reclamos puntuales propios o de otros frentes, así como integrar la lucha en conflictos sociales presentes.


Exit mobile version