Leo Mayer, el triunfo de los tímidos

Del “miedo muy grande” a la sonrisa franca: el argentino Leo Mayer no sólo está superándose a sí mismo en Roland Garros, sino que también encarna el triunfo de los tímidos, el éxito de los que son diferentes porque simplemente prefieren no alzar la voz.

Mayer, que debió sortear la espinosa clasificación en París, derrotó hoy al chipriota Marcos Baghdatis, vigésimo séptimo favorito, por 7-5, 6-4 y 7-6 (8-6). El argentino, número 217 del ranking, está así en la tercera ronda de Roland Garros por segundo año consecutivo. Pero de aquel a este torneo vivió un infierno.

“Hace mucho que no juego, y el miedo es muy grande”: confesión de Mayer el 18 de enero, tras perder en la primera ronda del Abierto de Australia 6-2, 6-0 y 6-4 ante su compatriota Eduardo Schwank.

“Tengo mucho miedo de jugar pegando la derecha, porque así se me rompió”, explicó Mayer, que sufrió una fisura en las vértebras en septiembre y no había vuelto a jugar desde entonces.

Por entonces el argentino, que en julio del año pasado llegó a ser el número 51 del mundo, llevaba ya nueve derrotas consecutivas en primera ronda. Dos semanas después sumaría la décima, pero a partir de ahí comenzó a remontar.

Fue a principios de febrero, cuando logró derrotar al ruso Igor Andreev en la primera ronda de Costa do Sauípe tras ganar tres partidos en la clasificación. Así, Mayer clausuró nueve meses sin victorias en el cuadro principal de un torneo.

“Después de muchas malas se me dan aquí dos partidos buenos. Estoy contento”, admitió con una sonrisa de oreja a oreja. Su triunfo hoy es una alegría doble para el argentino, ya que al padre de su novia le acaban de diagnosticar cáncer. A él le prometió que haría un buen torneo, y está cumpliendo de sobra.

Mayer es un jugador poco común para el tenis argentino. Aprendió a jugar en Corrientes, una provincia de escasa tradición a la hora de ofrecer jugadores de primer nivel. Y habla poco y escucha mucho, aunque en los últimos tiempos se fue soltando, venciendo así una tartamudez que marcó su juventud.

Es, además, un gran sacador, probablemente el mejor del tenis argentino. No en vano fue seguido hoy atentamente por Modesto “Tito” Vázquez, capitán del equipo argentino de Copa Davis, y Ricardo Rivera, subcapitán.

¿Cómo hizo para renacer? Mayer ríe. “Arregle primero la espalda, y luego la confianza. Como no podía pegar mi derecha, mejoré mucho el revés”.

La explicación médica de Mayer deja algún escalofrío. “No me acuerdo del nombre del tratamiento. Y tampoco me quiero acordar… Pero era un tratamiento en el que me mataban los nervios de las vértebras para que no sienta el dolor”.

El próximo rival es nada menos que el sueco Robin Soderling, número cinco del mundo y finalista los dos últimos años en París.

Mayer sonríe y no dice mucho sobre el desafío. Al fin y al cabo, no todas las semanas van a ser como la que está viviendo en París: “Acá es muy lindo, pero después vuelvo a jugar los torneos challenger. Hay que remarla de abajo”.

Por Sebastián Fest, DPA.-


Mayer, que debió sortear la espinosa clasificación en París, derrotó hoy al chipriota Marcos Baghdatis, vigésimo séptimo favorito, por 7-5, 6-4 y 7-6 (8-6). El argentino, número 217 del ranking, está así en la tercera ronda de Roland Garros por segundo año consecutivo. Pero de aquel a este torneo vivió un infierno.

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