LITO VITALE: «La música es fácil o imposible»

El otro» es el primer CD en el que canta y toca la guitarra. Con más de cuarenta discos, Lito dio sus primeros pasos artísticos a fines de los '70, cuando creó MIA -Músicos Independientes Asociados- y continuó con múltiples proyectos como solista, en dúos con Dino Saluzzi, Manolo Juárez y Juan Carlos Baglietto, en tríos con Cumbo-González, Baraj-González, Izarrualde-González, en cuartetos y quintetos varios. Además, compuso música para ballets, películas, series de televisión y recibió premios en el ámbito nacional e internacional.

El compacto contiene doce temas nuevos, todos de su autoría y en colaboración con Kevin Johansen en «Las cosas cambian», Horacio Fontova y Gabriela Martínez Campos en «Era él», Juan Subirá en «El rock nuestro de cada noche», Liliana Vitale en «Tu amor esta vez», Pedro Aznar en «Ves», Miguel Cantilo en «Buscar y hallar» y Palo Pandolfo en «Perfume de sombra». Es su primer trabajo sin el ya tradicional sonido Vitale. «Esa era una de las intenciones. Es parte de la búsqueda de un cambio, pero no para instalarlo como tal, porque sigo haciendo mis

cosas en la otra línea, sino para probar música más popular, cantada. Una especie de recreo de todo lo que hice siempre.»

«El disco tiene mucho, mucho ritmo y algunas jugadas por demás polémicas, como la cumbia. Después de pasar el primer período de sorpresa, me empecé a sentir cómodo ahí también, porque es una cumbia con mi impronta. Vos sos seguramente de los que conocen más mi historia y de los que yo considero -con los prejuicios o preconceptos que siempre se tienen- que quizá no se enganchen con él. Hay una parte del público mío, en la que encuentro que estás, que disfruta de mi otro costado más conceptual, más de búsqueda musical renovadora… pero cuando hice este disco, intenté mostrar otro personaje. La propuesta de cantar me vino de parte de Afo (Verde, productor de Sony BMG) y pensé en aprovecharla para hacer algo completamente distinto. Y como me gusta mucho el momento del baile, de la música de diversión, la disfruto mucho, sentí que era un buen marco para mostrarme de otra manera».

-No sólo hay música para bailar, sino para escuchar; arreglos ricos en instrumentos.

-Es que no está hecho con menos compromiso que los demás. Me lo tomé completa

mente en serio. En el ritmo de cuarteto la percusión está muy bien tocada por Huber Reyes, está armado al nivel que yo hago las cosas.

-¿Cómo te dejó la experiencia?

-Recién llevo pocos conciertos presentándolo en vivo y algunas recitales más en el interior. En los que haga con cantantes invitados, (Horacio) Fontova, León Gieco, también voy a meter unos temas en mi sección. Pero no en otros casos. En la inauguración de un teatro en Salta, toqué con el maestro Eduardo Falú su «Suite para guitarra y orquesta», y en la segunda parte fui con el trío. Son distintos personajes míos que van encajando en diferentes lugares. Ahora, estoy componiendo un ballet para Cecilia Figaredo, rioplatense sinfónico, otro personaje…

-Acabás de definirlo, no es otro, es una parte nueva tuya que estás exponiendo. ¿No te parece raro que aparezca en tan avanzada edad creativa?

-No es una idea ni de una necesidad consciente mía. Fue una propuesta de Afo, con quien me encontré, cuando grabé el disco de rock nacional, para pedirle las autorizaciones de Vicentico y de (Gustavo) Cerati. Ahí charlamos de hacer algo juntos y surgió la idea suya de grabar un disco cantando. Inclusive firmé contrato con BMG, sólo como cantante; todo lo demás sigue siendo independiente y mío. Entonces, me pareció natural que fuera por su camino. Funcione bien o mal, le den bola o no, se relaciona con un proyecto de esa compañía. La cuestión de disfrutar cantando una cumbia, me pasó a los cuarenta y cinco años, y probablemente tenga que ver la edad, porque a los quince no me lo hubiera permitido jamás. En cambio, ahora, puedo disfrutar de mi costado sinfónico o mi lado instrumental, y también de mi parte de entretenimiento porque la hago con la misma entrega. Cualquier cosa que me propongan y me guste, una vez que la acepto, la concibo al mango, con todo el compromiso artístico posible. No hay proyectos que por ganar más plata o menos, los tome distintos. Entonces, cuando tuve que componer las canciones y vimos cual era el perfil de disco, adelante con la bachata, el cuarteto, la cumbia, la guajira, el candombe, a full con eso.

-En este momento, ¿la voz es un instrumento tan dúctil como los demás que tocás?

-Está mucho más ligada a los estados de ánimo. Cuando te va todo mal o tenés un mal día, no podés cantar (estalla en risa). Es impresionante. Eso me lo decía Jorge Cumbo: cuando estoy mal, no puedo soplar. Y es verdad, no se puede cantar. Es mucho más sensible que cualquier instrumento que se maneje con las manos, que quizás podés tocar con más o menos onda. Pero el que canta, si no lo hace con el alma, no pasa nada…

-¿Cómo te manejaste?

-Empecé a estudiar canto y comencé a soltar, digamos, toda la vergüenza, timidez,

mejor. Nunca fui bueno al expresar palabras con la voz. Muchas veces hice tarareos, pero diciendo palabras y contando historias, nunca. Después, comencé a descubrir y a sentirme cómodo, largándome con la voz. Ahora estoy todavía más satisfecho que cuando grabé…

-También aparece el amor, expresado en palabras.

-Inclusive, algunas escritas por mí. Hay un desprejuicio naciendo ahora. Yo no soy muy consciente de que tengo cuarenta largos y estoy viejo o joven para hacer tal o cual cosa. No me preocupa. Además no soy un jovato, obviamente. Tengo una edad para arrancar cualquier cosa. Y a los cincuenta y cinco, también, y más, también. La verdad, nunca se me había ocurrido cantar, definitivamente. Sí se me ocurrió -vos lo sabés- hacer una obra para orquesta, un viejo proyecto que nunca se lleva a cabo. Por cuestiones presupuestarias y de tiempo, es imposible para la gente que me contrata, pensar en gastar un dineral. Porque, además, la orquesta requiere una cantidad importante de ensayos y todo genera un movimiento de guita que nunca tuve la suerte de contar para eso. Pero nunca se me había ocurrido cantar. No era una materia pendiente.

-El amor está expresado con madurez.

-Sí. Y se relaciona con que tuve tres matrimonios. Y después de separarme de mi segunda mujer, Gabriela Torres, no tenía pensado más esposa, ni más hijos… Y me volví a enamorar (de Marcela Guerty), tuve otro hijo (Jano)… Cuando surge la idea de cantar, me pareció que un par de temas de amor, funcionarían…

-Visto este camino, ¿seguirá?

-Calculo que sí. Más que nada, combinado. La idea original era que yo tocara la guitarra y tener un pianista… Y en los ensayos, no me sentí cómodo. Tampoco tengo que pasar por eso para vender una imagen que no puedo defender. Entonces, en lo escénico, se genera la posibilidad de tocar temas instrumentales que cuajen con ese repertorio, que pueden convivir perfectamente en un concierto. Quizás, puede darse compartiendo estilos. Tengo un pianista que también toca guitarra… las cosas, se piensa que son de una manera y después la vida va acomodando todo.

 

EDUARDO ROUILLET


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