Live together or die alone
Cristina Fernández y Daniel Scioli
Eso les dijo Jack Shepard a sus compañeros de supervivencia en la serie Lost y ésa parece ser la condición que une el tibio lazo entre Cristina Fernández y Daniel Scioli: aun en sus peores momentos, nunca se soltaron la mano. Scioli podría ser su sucesor a pesar de la provincia de Buenos Aires y no gracias a la provincia: es el peor distrito para pegar el salto a la Casa Rosada. Massa lo sabe, por eso sigue evitando ser el gobernador de Macri.
Daniel Scioli logró dos cosas difíciles para un gobernador bonaerense: sobrevivir al desgaste de la gestión de la provincia más compleja y tener chances de ser elegido sucesor de la presidenta. ¿Por qué gobernar es más difícil para los bonaerenses? ¿Por qué el gobernador de la provincia próspera que alberga el 40% del electorado sería más vulnerable y tendría menos chances para ocupar la presidencia que sus pares?
La particularidad de origen de la política bonaerense es que su gobernador es conocido para el electorado nacional sin ayuda del presidente y que éste accede a los votantes bonaerenses sin la ayuda del gobernador. A diferencia de lo que sucede en el resto de las provincias, el presidente llega a los votantes bonaerenses directamente o por intermedio de los intendentes; en ambos casos puenteando al gobernador. Los bonaerenses no están aceitadamente engarzados en el engranaje de intercambio de recursos federales por votos y apoyo legislativo que conecta a presidentes y gobernadores en el resto de las provincias.
El gobernador de la PBA también tiene limitaciones para ganar votos gracias a su gestión porque no puede ofrecer soluciones efectivas para cuestiones como el transporte, el manejo de residuos o la seguridad sin la coordinación con la CABA, el gobierno federal y los municipios. Y sabemos, esa coordinación es difícil. Más aún, no sólo el gobernador tiene prensa nacional, los problemas de la provincia también la tienen. La falta de soluciones y la exposición mediática le hacen más difícil evitar el desgaste de la gestión.
Y si no pueden gestionar del todo bien, tal vez puedan hacer como otros que tampoco pueden o quieren. Al bonaerense también le es difícil comprar lealtades con recursos públicos porque carece del monopolio de su distribución. Existen diversas bocas de expendio gracias a las cuales los ciudadanos bonaerenses acceden a beneficios y puestos en el Estado ofrecidos por los tres niveles de gobierno.
Por último, el gobernador bonaerense tiene menos recursos políticos que sus pares de otras provincias. Su influencia en las carreras de los políticos locales y los votos de los legisladores en el Congreso es menor. Los legisladores, políticos e intendentes bonaerenses tienen peso propio y la lealtad con el gobernador no es automática aun compartiendo partido. Esto no pasa en la mayoría de las provincias.
De todo esto se hablaba en una nota titulada “¿Por qué Scioli no será presidente?” Sin duda el título tenía más impacto que el original propuesto por la autora. Traduttore tradisce. Sin embargo la autora no debería enojarse con el editor por sucumbir a la tentación de convertir análisis en vaticinio. Después de todo, aquella nota de marzo del 2013 sugería que las chances de llegar a la presidencia de los gobernadores bonaerenses siempre han sido bajas y podrían seguirlo siendo, pero la probabilidad no es ley.
El gobernador bonaerense es una amenaza. Un mal necesario, para tener bajo control, porque si explota Buenos Aires, explota el país, para tenerlo bajo control. De ahí a elegirlo sucesor hay un largo trecho. Scioli no es la excepción, porque Cristina no lo eligió, pero tampoco consiste en la regla, porque Scioli se ha mantenido en cargos de alto perfil cambiando sus jefes políticos por casi 20 años. La habilidad para resistir de Scioli no explica por sí sola por qué, a diferencia de sus pares bonaerenses, podría saltar a la presidencia. ¿Cuándo empezó a cambiar su destino?
Apenas un par de meses después de publicada aquella nota, Scioli obtuvo una victoria silenciosa que supo sostener (http://www.rionegro.com.ar/diario/opinion-la-victoria-silenciosa-de-scioli-1230217-9532-nota.aspx). Los resultados de las elecciones legislativas del 2013 probaron que:
• El electorado prefería a los políticos moderados que evitaban polarizar (característica compartida tanto por Massa como por Scioli).
• Los candidatos propios pero desconocidos no resultaron una buena estrategia para Cristina.
• Los detractores avanzaban dentro y fuera del kirchnerismo, que perdió en muchos municipios de la provincia de Buenos Aires.
A dos años de irse y luego de una ostensible derrota, existían más chances de que la presidenta estuviera permeable a buscar una salida del poder (en lo posible exenta de causas judiciales) no necesariamente de la mano de un kirchnerista de pura cepa.
Todo esto explicaba esa extraña victoria silenciosa de Scioli que emergía gracias a la derrota del kirchnerismo (en el 2013 todavía no se sabía si competiría dentro del Frente para la Victoria).
¿Cuáles son las perspectivas de Scioli hoy? Los votos mandan. Hoy tiene altísimas chances de ser el tercer exgobernador bonaerense convertido en presidente en la historia argentina, el primero elegido en elecciones desde el siglo XIX.
Paradójicamente, el que puede impedir que Scioli sea presidente es otro gobernador bonaerense, mejor dicho, el potencial gobernador del Pro. La estela de Massa se apaga, pero los cuadros políticos del Frente Renovador y el antikirchnerismo presionan para que Macri y Massa unan sus fuerzas y que el tigrense compita por la gobernación. Massa resiste mientras puede, entre otras cosas porque sabe que la gobernación bonaerense no es la mejor plataforma para la presidencia, su objetivo de largo plazo.
Cristina no eligió a Scioli (todavía), pero nunca desde el 2013 le soltó la mano. La provincia no mejoró mucho, pero tampoco se incendia (los recursos federales están detrás de la calma chicha bonaerense). Cristina, por tercera vez, luego de Boudou e Insaurralde, eligió a su propio delfín: Randazzo, pero sabe que sus chances son bajas. Conforme se acerca la elección, las opciones para Cristina son las que Jack, el líder de los sobrevivientes del vuelo Oceanic Airlines Flight 815 en la serie Lost, les presenta a sus pares: “Subsistir juntos o perecer separados”. Scioli resiste porque sabe negociar para adentro y ganar votos afuera, logró sobrevivir al desgaste de gestión, ¿logrará también ser elegido por Cristina y así romper con la “maldición” bonaerense? Con el apoyo de Cristina, el de Scioli no sería un proyecto manco, sino el de un hombre que nunca dio el brazo a torcer.
Lorena Moscovich
Profesora de Ciencia Política de la Universidad de San Andrés
Lorena Moscovich
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