Llega el primer Murakami

Se editó en el país “El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas”, de 1985.

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Autor ya consagrado en el mundo, llega ahora a la Argentina con su primera obra.

“El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas”, la novela que consagró al escritor Haruki Murakami en su Japón natal en 1985, llegó a las librerías argentinas para revelar un universo donde se combina la novela negra, el relato fantástico, la ciencia ficción y la reflexión a un ritmo trepidante e hipnotizador. A lo largo de casi 500 páginas, el libro (editado aquí por Tusquets) relata dos historias paralelas que se desarrollan en escenarios fantásticos y ficticios a un mismo tiempo: uno de ellos es el llamado fin del mundo, una misteriosa ciudad amurallada, y la Tokio de un futuro quizá no muy lejano, entendida como un despiadado país de las maravillas. “El ascensor se elevaba con extrema lentitud. Vaya, debía de estar subiendo, imagino. No lo sabía a ciencia cierta. Porque ascendía tan despacio que yo había perdido el sentido de la dirección. Es posible que bajara y es posible, asimismo, que no se moviera en absoluto”, arranca la historia, donde ya se adivina un relato teñido de misterio y duda. Considerado hoy una de las plumas más interesantes de la actualidad, Murakami logra transmitir extrañamiento, ya sea a través de sus personajes o sus escenarios y en esta novela reúne casi todas las claves que suelen atravesar su obra: suspenso, poesía, nostalgia, fantasía y reiteradas citas a la cultura pop americana. En el primer escenario donde transcurre la novela, el protagonista que no tiene nombre, pierde su sombra y sus recuerdos, y se ve forzado a leer los sueños de unos extraños habitantes en un mundo lleno de unicornios dorados. En el segundo, el narrador también anónimo es un informático de gustos refinados que trabaja en una turbia institución gubernamental enfrentada a otra organización no menos siniestra en una guerra por el control de la información. En este contexto, sus servicios son requeridos por un inquietante científico que juguetea con la manipulación del subconsciente y vive aislado en una red poblada por tenebrosas criaturas carnívoras. Desde este puntapié, en la historia no faltan personajes peculiares hasta la excentricidad, con un lirismo contenido, un sutil sentido del humor y esa insondable habilidad del autor para trazar la cartografía de la desazón. Un escritor japonés Murakami se consagró como autor de culto y ventas, luego de sus reconocidas obras “Crónica del pájaro que da cuerda al mundo”, “Tokio blues” o “Kafka en la orilla”, a las que siguieron “Sputnik, mi amor”, “Al sur de la frontera, al oeste del sol”, “After Dark” y “Sauce ciego, mujer dormida”. Su nombre sonó varias veces como candidato al Nobel, y lo cierto es que ya se alzó con los premios Noma, el Tanizaki y el Yomiuri en su país; el Franz Kafka, el premio Arzobispo Juan de San Clemente en España y el II Premio Internacional de Relatos Frank O’Connor. “Soy demasiado japonés para estimar desde fuera cuán japonés soy”, dijo alguna vez el escritor nacido en Kioto en 1949, estudiante de literatura, regente de un club de jazz durante varios años, profesor de Princenton y traductor al japonés de la obra de Salinger, Scott Fitzgerald y Raymond Carver. “Pero -continuó Murakami- si usted espera de mí ese tipo de historia en la cual los personajes comen sushi o tofu todos los días y van a ver teatro kabuki vistiendo kimonos y se hacen reverencias entre ellos todo el tiempo, es mejor que lea los libros de los viejos maestros”. “No estoy interesado en ese tipo de cosas y creo que a la mayoría de los lectores japoneses contemporáneos tampoco le interesa leer esa clase de relatos”, soltó el autor. “Me encanta el tofu, la música de Radiohead, mi chaqueta de Comme des Garcons, leo a García Márquez y, al mismo tiempo, soy un escritor japonés. Auténtico o no, eso ya no lo sé. Pero escribo seria y sinceramente”. remató. (Télam)


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