“Llegó a los 89 gracias al sistema público de salud”
Hace más de un mes falleció mi madre. Faltaban apenas dos días para que cumpliera 89 años. Se fue de esta vida tranquila sin sufrimiento, a pesar de que un cáncer hepático irreversible afectó su salud en los últimos cuatro meses. Esta partida sin dolor debemos agradecerla al personal de Guardia de Emergencias del hospital Bouquet Roldán y esencialmente a la infinita y dedicada tarea de todo el equipo de cuidados paliativos de ese centro de salud: Graciela, Gabriela, Paula, Matías, Margarita y el resto del grupo, que en todo momento la asistieron y nos acompañaron –no sólo poniendo en acto la calidad profesional sino también las condiciones humanas que los caracteriza–, nos ampararon y nos contuvieron ante la angustia que vive la familia que sabe que un pilar se está desmoronando. Hago extensivo el agradecimiento al personal del PAMI que nos asesoró y nos brindó algunos insumos. Mi mamá llegó casi a los 89 años porque el sistema público provincial de salud cuenta con excelentes profesionales, no siempre reconocidos por las autoridades a la hora de definir la asignación de recursos económicos y el porcentaje del presupuesto provincial. Su partida me trajo a la memoria cuando, en enero del 2004, le diagnosticaron cáncer gástrico y su médico de cabecera de PAMI, ante mi angustia, respondió: “Tiene cáncer y qué querés hacer, ya casi tiene 82 años. ¡¿Cuánto querés tenerla?! No hay nada por hacer”. Gracias a la vida, que a veces nos sorprende, en el hospital Castro Rendón estaban los doctores Daniel Correa y Alipio Sánchez, quienes no dudaron en darnos expectativas y operarla apenas se resolvió el conflicto que atravesaban los trabajadores de la salud por aquel entonces. Esa gastrectomía le brindó una vida plena y sin limitaciones en su alimentación hasta marzo de este año. En el 2007 mi mamá se cayó y nuevamente la llevamos a su médico de cabecera, ése al que le tenía cariño aunque nunca le pidió un solo análisis o estudio para ver si el cáncer invadía otros órganos y mostró no enterarse de que la habían operado. Durante tres meses nos negó a derivarla a un traumatólogo porque afirmaba que no tenía fractura y que sólo necesitaba unas sesiones de kinesiología. Cuando decidimos consultar un especialista, se vio que tenía dos vértebras fracturadas que habían soldado mal. Nunca más pudo caminar erguida sin la ayuda de un corsé y el apoyo del bastón, pero recuperó su movilidad y perdió el constante dolor en la columna gracias al Dr. Alejandro Passarelli, que la atendió en el hospital Castro Rendón y luego la derivó al equipo de cuidados paliativos que por ese entonces tenía su sede en ese hospital. Ése fue nuestro primer contacto con este extraordinario grupo humano. Hoy puedo responder a la pregunta que el médico de mi madre me hizo en el 2004. Hubiese querido tenerla muchos años; sin embargo, al menos pude tenerla siete años y tres meses más, viviendo dignamente y haciendo una vida normal hasta veinte días antes de su muerte, gracias a que existen médicos que apuestan a la vida, que ven en los pacientes seres humanos con posibilidades aunque sean mayores. Una vez más, gracias a todo el equipo de cuidados paliativos y a los doctores Daniel Correa, Alipio Sánchez y Alejandro Passarelli, que cuidaron la salud de mamá en esos siete años. Liliana B. Ressia, DNI 13.244.572 – Neuquén
Liliana B. Ressia, DNI 13.244.572 – Neuquén
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