Los “apropieros”



Zapala

En más de una ocasión he sostenido que los argentinos somos “apropieros”. No por crear neologismos para estropear el lenguaje, sino porque apropiadores no calza bien. Es que los apropiadores se apropian efectivamente de algo; en cambio los “apropieros” se atribuyen solamente la apropiación. Pero no es verdad.

Esta conducta por cierto reprobable se ha magnificado últimamente. Todos los peronistas hicimos el 17 de Octubre, todos los militares son como San Martín, los gendarmes como Güemes, todos los radicales tienen la honestidad de Illia y así por el estilo.

Así era, pero ahora, además, es mérito propio y exclusivo cualquier cosa que logramos. Lo hemos hecho prescindiendo de los demás, y más que eso: pese a todos los demás. ¡Tomá!

El hombre que prescinde de los demás, decía Aristóteles, es un dios o una bestia, no dejaba lugar para los términos medios.

En cambio sostenía que el ser humano es un animal político y social y es así de verdad. Es imposible para la naturaleza humana desarrollarse si no es socialmente. Pero el individualismo va en sentido contrario y cuando consigue algo se lo atribuye a sí mismo, hoy se llama meritocracia.

“¿Quién tiene mérito por haber nacido de la etnia y el genoma que nació?”, se pregunta (y les pregunta) la Lic. Semillán. Cuántas veces, recuerda, nos escondemos detrás de nuestros bienes para ocultar nuestras inseguridades y dudas. Y es entonces, digo yo, cuando dejamos de ser nosotros para ser nuestro autito, nuestra casa o quizás nuestras pilchas de marca.

Por eso anteponemos nuestros títulos a nuestros escasos conocimientos. Es decir, somos “apropieros” pero también cartoneros. No los esforzados trabajadores que pelean por su dignidad y por su familia, sino otros sujetos que van colgando cartoncitos y se olvidan de que sin las instituciones, sin “los otros”, nada serían.

Julián A. Álvarez

DNI 7.574.027


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