Los chicos y el fútbol: del sólo sirve ganar al sólo sirve jugar

Nada mejor que celebrar el Día del Niño recordando que los más pequeños tienen derecho a divertirse sin las presiones de los más grandes. Eso intentan dos escuelas de fútbol de Cipolletti.



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Albinegritos aprenden en la escuelita de Cipolletti. (Foto: Juan Thomes )

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Control, toque y sonrisa. (Foto: Juan Thomes )

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Charla técnica. En la escuela CIF. (Foto: Juan Thomes )

La pelota rueda con más arrogancia sobre el césped sintético, pero rueda. Es el escenario principal donde la mayoría de los niños juegan y aprenden. No solo a parar una pelota, también se aprenden valores, hábitos. Un ámbito formativo y lúdico.

El trabajo también está pensando para que aprendan los padres, desde adentro hacia afuera. Que acompañen, que miren pero que no contaminen un espacio donde el juego es un fin para la formación. En algunos espacios se logra, en otros como el club Cipolletti con tanta competencia es más complejo.

“Una sola vez pasó que un grupo de madres estaba gritando, a favor de nuestro equipo, porque estábamos atacando. El profe Ignacio Assum se dio vuelta y les dijo ‘un grito más y retiro al equipo’”, contó Juan Martín Perilli profesor de educación física y uno de los coordinadores del CIF, una de las tantas escuelitas del fútbol en Cipolletti.

Los coordinadores intentan, a veces con mas suerte que otras, preservar ese espacio del discurso predominante de la época de “solo sirve ganar”.

“Hay que sacarles presión a los chicos. Muchas veces desde el propio entorno los ahogan y dejan de jugar. Es un tema complicado: acá se ve mucho a los padres gritando en la cancha. Tratamos de darles herramientas para que jueguen y aprendan”, detalló Manuel Gutiérrez, exjugador de Cipolletti, profe y uno de los coordinadores de la escuelita de fútbol del Albinegro.

Cipolletti es una vidriera en la que muchos niños apoyan la ñata y sueñan con estar ahí, en una Visera colmada y vivir del fútbol. Pero pocos llegan por eso los coordinadores apuntan a la formación y al entretenimiento sobre todo en edades que van de los 5 a los 11 años donde la competencia es mínima y lo lúdico es lo que predomina.

“Trabajamos en ese sentido, en la importancia del estudio, de que el fútbol no termina en Cipolletti y también hablamos con los padres cuando vienen con inquietudes. Tratamos de formar jugadores y enseñar valores, es importante que se diviertan”, expresó Gutiérrez.

En el CIF el trato con los padres es diferente porque la demanda es otra. En la escuela que funciona en exCorpofrut sobre calle Tres Arroyos involucran a la familia desde un lugar participativo. Se juntan una vez por mes a realizar actividades. Las pautas están claras y no hay reclamos.

“No tenemos muchas exigencia con los padres. Dos veces tuve una charla con ellos, porque nosotros hacemos hincapié en el desarrollo y que después agarren la pelota. Vinieron a cuestionarme porque no jugaban al fútbol, pero en general no tenemos problemas”, contó Ubaldo Tribunsky profe del plantel del Federal A de Independiente de Neuquén y parte del staff del CIF.

Abordar la competencia

“No nos interesa la competencia, sino la preparación. Después de los ocho años los chicos quieren empezar a competir porque lo ven en la tele. Somos una escuela que no apuntamos a la competencia sino a la formación”, relató Perilli. En el CIF trabajan con niños desde el año hasta los 13. El foco está puesto en lo lúdico pero siempre con una premisa formativa.

“Hay que entrenar para formar y no para ganar, porque cuando no ganás qué hacés. Cuando predomina la formación, la base es más sólida. Más allá de los deportivo hacemos hincapié en los valores”, expresó Tribunsky.

En el club Cipolletti la historia es otra. La competencia está presente incluso en los chicos. Por ejemplo en la categoría predécima que trabaja en la escuelitas pero que será la décima el año próximo hay 40 niños, como mucho 15 llegarán a formar parte del plantel. La competitividad se siente y los profes intentan ir trabajando desde principio de año sobre ese “colador”.

“Trabajamos el tema de la frustración. Es una experiencia muy fuerte lo que pasa con los chicos que no llegan. Nosotros tratamos de explicarles, que entiendan. Eso generó mucho problemas con los padres. Tenés que hablar uno por uno. Es una situación fea porque nosotros a algunos de ellos los tenemos de los cinco años. Les damos el ejemplo de jugadores que no pasaron ese filtro y después explotaron y terminaron jugando en la Primera, por eso le decimos que esto no termina acá”, relató Gutiérrez quien jugó torneos federales para Cipolletti y Alianza de Cutral Co.

La competencia interna es un tema que se trabaja mucho en la escuelita del club Cipolletti. La diferencia de nivel futbolístico en los chicos generó varios replanteos entre los coordinadores. “Hay chicos con más proyección que quieren competir y otros que solo quieren jugar y trabajamos sobre eso. Haciendo grupos, mezclando y viendo qué quieren los chicos. Es un tema delicado, hay chicos con muchas condiciones y proyección y otros que vienen solo a divertirse, nosotros somos una escuela y le abrimos las puertas a todos”, explicó Gutiérrez.

El dato

“Creemos que hay que sacarles presión a los chicos. Muchas veces desde el propio entorno los ahogan y ellos dejan de jugar...”.

Manuel Gutiérrez, de la escuela de fútbol de Cipolletti.

“Hay que entrenar para formar y no para ganar... Cuando no ganás, ¿qué hacés? Cuando predomina la formación, la base es más sólida...”.

Ubaldo Tribunsky, profe de Independiente de Neuquén en el Federal A.

Decálogo para madres y padres

1. Recuerde el motivo por el que su hijo hace deporte. El principal: porque le gusta. El objetivo no es ganar.

2. Comparta los mismos valores que el club. Busque uno afín a su filosofía de vida.

3. No dé órdenes. Solo apóyelo, gane o pierda, juegue bien o cometa errores.

4. No lo obligue a entrenar más, ni a hacer ejercicios al margen de sus entrenamientos. Su hijo no es una estrella, es un niño. Aunque tenga talento, puede que no quiera elegir el deporte como profesión y solo lo practique por diversión.

5. No presione, ni grite, ni increpe, ni maldiga; no haga gestos que demuestren a su hijo que se siente decepcionado por su juego.

6. Respete a todos en la comunidad deportiva: DT, árbitros, otros entrenadores...

7. Controle sus emociones. No se puede verbalizar todo lo que pasa por la mente.

8. Nunca hable mal de sus compañeros. Los otros niños forman parte del equipo. El objetivo grupal siempre está por encima del individual.

9. Modifique su manera de animar. No se trata de corregir al niño, sino de reforzarlo.

10. No inculque expectativas falsas a su hijo, como decirle que es un campeón, que es el mejor y que si se esfuerza podrá llegar donde quiera.

Datos

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de los 40 chicos de la escuelita de fútbol de Cipolletti pasan a la décima, primera división federada.
“Creemos que hay que sacarles presión a los chicos. Muchas veces desde el propio entorno los ahogan y ellos dejan de jugar...”.
“Hay que entrenar para formar y no para ganar... Cuando no ganás, ¿qué hacés? Cuando predomina la formación, la base es más sólida...”.

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