“Los descamisados de Perón”
El justicialismo, al decir de su propio creador, el general Juan Perón, tiene una mística particular que lo identifica, seguramente por ser ésta una característica propia de los grandes movimientos populares. Una serie de símbolos que hablan por sí solos. La tradicional marchita; el escudito peronista, hoy casi totalmente ausente en la solapa de las prendas de los actuales dirigentes; el término “grasitas” al que aludía cariñosamente Evita Duarte; la misma palabra “compañeros” que tiene una larga prosapia en la lengua castellana; “deben ser los gorilas, deben ser”; los “cabecitas negras” que se lavaron las patas en las fuentes de la Plaza de Mayo en las gloriosas jornadas de octubre del 45 y hasta el peyorativo “aluvión zoológico” de Sanmartino. El mismo general con sus frases, muchas propias y otras prestadas (de los griegos, de los protagonistas de las “Vidas paralelas” de Plutarco y hasta del infortunado “profe” Isaías Fijman) contribuyó a enriquecer la mística tan particular del peronismo. Hoy nos interesa el término “descamisados”, definido con dos acepciones por el diccionario de RAE: por una parte, “sin camisa” y por otra, “desharrapado, pobre, indigente”. En sus conversaciones con Enrique Pavón Pereyra, Perón le dedica varios renglones a este vocablo que se llegó a identificar totalmente con los militantes peronistas. Ante la curiosidad de su biógrafo, Perón se pregunta: “¿Qué eran los descamisados? Esencialmente los marginados, los desclasados, los desposeídos de Leandro N. Alem. Los grupos humanos cada vez más considerables que no tenían sitio en los esquemas del inmovilismo militar o derechista, que pugnaban por levantar su voz y ejercer su voto. En una oportunidad, el conde de Motrico me preguntó si conocía el hecho de que a los partidarios de Espartero, en la Barcelona progresista de 1840, les llamaban así: ‘descamisados’. Le manifesté que lo ignoraba. Pero en el Martín Fierro, en cambio, había encontrado aquella estrofa que empieza ‘Yo no tenía ni camisa / ni cosa que se le parezca’. Y que describe perfectamente la pobreza extrema del gaucho. Lo que sí creo es que el origen del mote es peyorativo. Y que nos bautizaron como tales el día en que los oligarcas descubrieron que nuestros seguidores más constantes andaban en camiseta”. Con respecto a la acotación de Pavón Pereyra sobre que están los que afirman que el término es traducción de “sans-culottes” de la Revolución Francesa, Perón le responde que “esas ocurrencias no hacen mal a nadie”. Pero sí reconoce que él solía denominar a los franciscanos como los “descamisados” de la Iglesia. Y reconoce sus preferencias como las de Evita por la doctrina del “polvorello”, porque con sólo practicar los adagios que incluyen las “Florecillas” se puede edificar una vida ejemplar. Sin embargo, hurgando en la historia y en los libros de nuestra literatura hay otros antecedentes relacionados con los “descamisados” y su pertenencia política, no sin la condición peyorativa a la que aludía Perón. Se pueden destacar entre los más ilustrativos los versos de Hilario Ascasubi, al fijarse en la arrumbada tropa entrerriana del Ejército Grande del general Justo José de Urquiza, donde glosa que “entre tanto en los barriales / de Palermo amontonan / cuasi todos sin camisa / estaban sus entrerrianos / (como él dice) miserables / comiendo terneros flacos / y vendiendo las cacharpas”. Nada mejor ajustado para definir a aquellos primeros “descamisados” de nuestra historia: morochos, provincianos y pobres de toda condición y lata, pero que fueron los mismos que con el general José de San Martín dejaron muchos de ellos sus vidas defendiendo la libertad americana. Por su parte, el escritor Eduardo Wilde también demuestra que mucho antes del 45 hubo “descamisados”. Y recuerda que una de las publicaciones anarquistas individualistas finiseculares llevó precisamente el nombre de “El Descamisado”. Para más aportes podemos decir que el general don Tomás de Iriarte, en sus Memorias, comenta la realización de unas elecciones en la ciudad de Buenos Aires, en los siguientes términos: “El día siguiente al de nuestra llegada tuvieron lugar muy acaloradas elecciones para representantes. Encontramos, cuando veníamos de presentarnos al gobernador, al coronel Dorrego en una de las calles principales de la ciudad rodeado de manolos que recorrían las parroquias para acompañar a su jefe. Recuerdo que al aproximarnos a Dorrego para saludarlo, después de los primeros cumplimientos de estilo, nos dijo a Alvear y a mí con una expresión sarcástica: ‘Caballeros, les aconsejo que no se acerquen mucho porque soy hombre que tizno’. Y efectivamente su traje era tan popular que si no estaba verdaderamente sucio tenía todas las apariencias del más completo desaliño: excusado es decir que esto era estudiado para captarse a la multitud”, a los “descamisados”. “Nihim novum sub sole” (nada nuevo bajo el sol), al decir del Eclesiastés. ¿Algo habrá quedado hoy de aquellos “descamisados” de Perón y de Evita? ¿O será como tantos otros símbolos de la mística peronista solamente un recuerdo nostálgico del pasado? Jorge Castañeda, DNI 8.569.045 Valcheta
Jorge Castañeda, DNI 8.569.045 Valcheta
El justicialismo, al decir de su propio creador, el general Juan Perón, tiene una mística particular que lo identifica, seguramente por ser ésta una característica propia de los grandes movimientos populares. Una serie de símbolos que hablan por sí solos. La tradicional marchita; el escudito peronista, hoy casi totalmente ausente en la solapa de las prendas de los actuales dirigentes; el término “grasitas” al que aludía cariñosamente Evita Duarte; la misma palabra “compañeros” que tiene una larga prosapia en la lengua castellana; “deben ser los gorilas, deben ser”; los “cabecitas negras” que se lavaron las patas en las fuentes de la Plaza de Mayo en las gloriosas jornadas de octubre del 45 y hasta el peyorativo “aluvión zoológico” de Sanmartino. El mismo general con sus frases, muchas propias y otras prestadas (de los griegos, de los protagonistas de las “Vidas paralelas” de Plutarco y hasta del infortunado “profe” Isaías Fijman) contribuyó a enriquecer la mística tan particular del peronismo. Hoy nos interesa el término “descamisados”, definido con dos acepciones por el diccionario de RAE: por una parte, “sin camisa” y por otra, “desharrapado, pobre, indigente”. En sus conversaciones con Enrique Pavón Pereyra, Perón le dedica varios renglones a este vocablo que se llegó a identificar totalmente con los militantes peronistas. Ante la curiosidad de su biógrafo, Perón se pregunta: “¿Qué eran los descamisados? Esencialmente los marginados, los desclasados, los desposeídos de Leandro N. Alem. Los grupos humanos cada vez más considerables que no tenían sitio en los esquemas del inmovilismo militar o derechista, que pugnaban por levantar su voz y ejercer su voto. En una oportunidad, el conde de Motrico me preguntó si conocía el hecho de que a los partidarios de Espartero, en la Barcelona progresista de 1840, les llamaban así: ‘descamisados’. Le manifesté que lo ignoraba. Pero en el Martín Fierro, en cambio, había encontrado aquella estrofa que empieza ‘Yo no tenía ni camisa / ni cosa que se le parezca’. Y que describe perfectamente la pobreza extrema del gaucho. Lo que sí creo es que el origen del mote es peyorativo. Y que nos bautizaron como tales el día en que los oligarcas descubrieron que nuestros seguidores más constantes andaban en camiseta”. Con respecto a la acotación de Pavón Pereyra sobre que están los que afirman que el término es traducción de “sans-culottes” de la Revolución Francesa, Perón le responde que “esas ocurrencias no hacen mal a nadie”. Pero sí reconoce que él solía denominar a los franciscanos como los “descamisados” de la Iglesia. Y reconoce sus preferencias como las de Evita por la doctrina del “polvorello”, porque con sólo practicar los adagios que incluyen las “Florecillas” se puede edificar una vida ejemplar. Sin embargo, hurgando en la historia y en los libros de nuestra literatura hay otros antecedentes relacionados con los “descamisados” y su pertenencia política, no sin la condición peyorativa a la que aludía Perón. Se pueden destacar entre los más ilustrativos los versos de Hilario Ascasubi, al fijarse en la arrumbada tropa entrerriana del Ejército Grande del general Justo José de Urquiza, donde glosa que “entre tanto en los barriales / de Palermo amontonan / cuasi todos sin camisa / estaban sus entrerrianos / (como él dice) miserables / comiendo terneros flacos / y vendiendo las cacharpas”. Nada mejor ajustado para definir a aquellos primeros “descamisados” de nuestra historia: morochos, provincianos y pobres de toda condición y lata, pero que fueron los mismos que con el general José de San Martín dejaron muchos de ellos sus vidas defendiendo la libertad americana. Por su parte, el escritor Eduardo Wilde también demuestra que mucho antes del 45 hubo “descamisados”. Y recuerda que una de las publicaciones anarquistas individualistas finiseculares llevó precisamente el nombre de “El Descamisado”. Para más aportes podemos decir que el general don Tomás de Iriarte, en sus Memorias, comenta la realización de unas elecciones en la ciudad de Buenos Aires, en los siguientes términos: “El día siguiente al de nuestra llegada tuvieron lugar muy acaloradas elecciones para representantes. Encontramos, cuando veníamos de presentarnos al gobernador, al coronel Dorrego en una de las calles principales de la ciudad rodeado de manolos que recorrían las parroquias para acompañar a su jefe. Recuerdo que al aproximarnos a Dorrego para saludarlo, después de los primeros cumplimientos de estilo, nos dijo a Alvear y a mí con una expresión sarcástica: ‘Caballeros, les aconsejo que no se acerquen mucho porque soy hombre que tizno’. Y efectivamente su traje era tan popular que si no estaba verdaderamente sucio tenía todas las apariencias del más completo desaliño: excusado es decir que esto era estudiado para captarse a la multitud”, a los “descamisados”. “Nihim novum sub sole” (nada nuevo bajo el sol), al decir del Eclesiastés. ¿Algo habrá quedado hoy de aquellos “descamisados” de Perón y de Evita? ¿O será como tantos otros símbolos de la mística peronista solamente un recuerdo nostálgico del pasado? Jorge Castañeda, DNI 8.569.045 Valcheta
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