Los difíciles números del teatro nacional
El Instituto Nacional del Teatro surgió de la ley 24.800 como materialización "de una larga lucha de la gente de teatro que lleva más de 40 años", destacó el director del organismo, Rubens Correa, quien enfrenta la ardua tarea de poner las cuentas de la organización en orden, cuentas con resabios del pasado que desmerecen un presupuesto pensado para todas las regiones del país en lo que hace al teatro privado. Sobre esa problemática conversó con "Río Negro".
«Ser actor no implica una infamia», recordó Rubens Correa apelando a la expresión de San Martín cuando era protector del Perú. En el momento actual el director del Instituto Nacional de Teatro, también sabe y se preocupa porque el estado reconozca «la importancia de una actividad y acepte la necesidad de protegerla y ayudar a su desarrollo». Esto sería el cometido de la ley actual que en 1997 promovió la ayuda al teatro independiente encarado por privados, con la creación de un organismo como el instituto.
«No ayudamos al teatro oficial y lo más importante es que el estado reconozca que hay un patrimonio cultural intangible que está dado por la gente de esta actividad a lo largo de los años sin ningún tipo de apoyo» sostiene Rubens Correa al referirse a una ley y el decreto reglamentario que preven una serie de apoyos a espectáculos, salas y grupos de todo el país incluso con libros, publicaciones y cursos.
El Instituto Nacional de Teatro según define, es un ente autárquico que tiene una dependencia jurisdiccional de la secretaría de Cultura de la Nación, no tiene aportes del tesoro nacional, sino que dispone de fondo legítimos que provienen del 8 por ciento de los impuestos que percibe el COMFER y del 1 por ciento del impuesto a los premios de la Lotería Nacional. Esto en términos presupuestarios supone «normalmente» una recaudación de 11 millones de pesos.
«Es poco, en una nota de un hombre de teatro se comentaba que implica 30 centavos por habitante, por año, pero frente a una realidad donde nunca hubo apoyo es bastante», comentó Correa quien agrega que tampoco se cumple con este aporte de 11 millones, que pasan a Hacienda, pero nunca llegaron en su totalidad al instituto, recortados por diversas circunstancias.
Según parece en el primer año la cifra no llegó a los seis millones, con la disculpa de que era el año inaugural de la entidad (1997) y se tomó gran parte del tiempo en organización. El primer subsidio se dio recién en agosto. En el segundo año el presupuesto no llegó a los 7 millones.
Bajo la certeza de que «siempre sufrimos podas», Correa también lamenta que en el presente año el presupuesto ya vino recortado, por cierta celeridad en el cambio de gobierno y votar el presupuesto. Lo cierto es que el presupuesto para el instituto nominalmente es de 8.300.000 pero obliga a un aporte al Tesoro y quedan entonces 7 millones que no deja de ser la misma cantidad del año pasado, pero «un poco peor en el aspecto de gestión, porque a raíz de los recortes que hubo el año pasado, se dieron una serie de compromisos que el instituto había asumido con grupos y salas que no se pudieron pagar y pasaron a este año. En realidad de los 6 millones que quedan para este año para gestión (un millón cuesta al instituto el alquiler y funcionamiento), alrededor de 3 millones son deudas y los otros tres nos quedan para la actividad específica» se lamenta Correa al calificar el 2000 como «un mal año».
De todas maneras, espera conseguir más plata el año que viene y normalizar una situación difícil. El director señala que tiene la promesa de diputados y senadores, que son los que aprueban el presupuesto nacional, que se van a respetar el presupuesto original de 11 millones, incluso hay un proyecto de ley de la comisión de Cultura del Senado donde se plantea que no se pueden hacer recortes a los organismos de cultura como el Fondo Nacional de las Artes, el Instituto del Cine, la comisión de Bibliotecas Populares y el Instituto Nacional de Teatro. Con esta ley el futuro sería más promisorio.
El tema de los recortes también se da porque hay una ley que se contrapone a la que otorga fondos propios a las entidades, que estipula que el Estado no puede tener un déficit mayor que el proyectado. Entonces todo lo que pase de esa proyección hay que sacarlos de gastos de presupuesto. «Lo que nosotros discutimos (y senadores estaría de acuerdo) es que, si tenemos fondos propios que no son del Tesoro, si éste tiene déficit no tenemos por qué sufrir recortes».
Otra referencia es que hay un mecanismo establecido en el Senado para que aquellos organismos que disponen de fondos propios, cuando la recaudación es mayor que el presupuesto que se le asigna se puede pedir un aumento del mismo y realizar un aporte al Tesoro del 35 por ciento.
«Estamos recaudando más o menos los 11 millones que deberíamos recaudar, como tenemos un presupuesto de un poco más de 8 millones, podemos pedir que se nos aumenten los 2.500.000 de presupuesto y tendremos que dar 800.000 pesos al Tesoro», sostiene el titular de la institución.
Por otra parte agrega que en años anteriores hubo una controversia con el COMFER referida a cómo deben liquidarse ese 8 por ciento, lo que hizo que en realidad estuvieran liquidándoles mal.
La controversia está resuelta y el COMFER les paga como corresponde, pero les reconoce una deuda de 11 millones, que en buena parte viene de lo estipulado claramente por la ley en cuanto que ellos tienen que pagar a partir de cuando ésta se promulga, cosa que sucedió en abril del «97 y ellos empiezan a pagar recién en marzo de 1998. La deuda entonces es importante y se contempla un plan de pago en varios años, otro aliciente, aunque depende de decisiones del más alto nivel.
Julio Pagani
"Ser actor no implica una infamia", recordó Rubens Correa apelando a la expresión de San Martín cuando era protector del Perú. En el momento actual el director del Instituto Nacional de Teatro, también sabe y se preocupa porque el estado reconozca "la importancia de una actividad y acepte la necesidad de protegerla y ayudar a su desarrollo". Esto sería el cometido de la ley actual que en 1997 promovió la ayuda al teatro independiente encarado por privados, con la creación de un organismo como el instituto.
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