Los dilemas de Scioli
Daniel Scioli no quiere participar de un debate con Mauricio Macri y Sergio Massa, además de los testimoniales Margarita Stolbizer, Adolfo Rodríguez Saá y Nicolás del Caño, por entender que no le serviría para conseguir más votos pero que, aun cuando no cometiera demasiados errores, podría privarlo de algunos ya que a quien se cree a un paso de la presidencia no le conviene tratar como iguales a sus adversarios. Por su parte, éstos están procurando aprovechar la prevista ausencia de Scioli, atribuyéndola no a su hipotética incapacidad para debatir con éxito sino a su subordinación a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Según Macri y Massa, la presidenta, cuya propia aversión a los debates públicos es notoria, se niega a permitirle arriesgarse. Si bien es de suponer que en esta oportunidad Scioli decidió por sí mismo, sabrá que su relación personal con Cristina será uno de los temas principales de la fase final de la campaña electoral y que todo cuanto haga o no haga en las semanas que nos separan del 25 de octubre se verá interpretado en tal sentido, ya que a juicio de sus rivales es su talón de Aquiles. ¿Lo es? Puesto que conforme a las encuestas de opinión la presidenta disfruta de un nivel de aprobación muy elevado, cercano al 50%, el que Scioli sea considerado un subordinado fiel debería ayudarlo a triunfar con cierta facilidad en la primera vuelta pero, huelga decirlo, nadie cree que sea así. Por el contrario, entre los politizados, el consenso es que para ganar en la primera vuelta el candidato oficialista tendría que independizarse de la señora para brindar la impresión de estar en condiciones de tomar su lugar. A veces Scioli parece estar a punto de intentarlo, pero hasta ahora no se ha animado a ir muy lejos, sin duda por temor a que Cristina y sus incondicionales reaccionaran con virulencia frente a cualquier manifestación de lo que tomarían por deslealtad. Después de todo, no es ningún secreto que la presidenta y los miembros de su pequeño círculo áulico desconfían del exmotonauta. Parecen creerlo una especie de infiltrado derechista que, de alcanzar el poder, no tardaría en alejar a los militantes kirchneristas de los lugares que ocupan, reemplazándolos por personas de ideas y actitudes muy distintas. Así y todo, tuvieron que permitirle ser el candidato presidencial del Frente para la Victoria porque en vísperas de las PASO ningún kirchnerista auténtico, con la excepción de la jefa misma, medía bien en las encuestas. Merced a la ambigüedad cautelosa que es su característica más llamativa, Scioli ha logrado reconciliar el kirchnerismo duro con una variante mucho más pluralista del peronismo. Se trata de una hazaña notable, pero sorprendería que la coalición que se ha aglutinado en torno a su propia popularidad combinada con la hegemonía oficialista sobre el Estado nacional se mantuviera intacta por mucho tiempo. Por razones desvinculadas de las diferencias ideológicas, que por cierto son evidentes, Scioli se verá constreñido a optar entre privilegiar sus propios instintos centristas y aferrarse al modelo socioeconómico “nacional y popular” confeccionado por Cristina y sus adherentes. Ser principista cuando es cuestión de manejar una economía desprovista de recursos financieros sería suicida, de suerte que todo hace prever que, en el caso de que se mude a la Casa Rosada, el bonaerense pronto se verá sin más alternativa que tomar medidas que indignarían a la expresidenta y a quienes la rodeen. Parecería, pues, que pase lo que pasare el 25 de octubre, el país sufrirá una nueva interna peronista al sentirse obligado Scioli a tratar de consolidar su propio poder desde la presidencia en detrimento del acumulado por el kirchnerismo puro. Por fortuna, el candidato del Frente para la Victoria es un hombre que, a través de los años, se ha esforzado por evitar los conflictos. Por lo tanto, si resulta ser el próximo presidente, tratará de resolver los problemas que con toda seguridad surgirán mediante el diálogo, pero de ser tan adversas las circunstancias como es razonable prever, las cualidades que le han permitido desempeñar un papel destacado en la política nacional durante casi dos décadas no necesariamente lo ayudarían a superar las muchas dificultades que obstaculizarán el camino accidentado por el que tendrá que transitar el heredero de Cristina.
Fundado el 1º de mayo de 1912 por Fernando Emilio Rajneri Registro de la Propiedad Intelectual Nº 5.196.592 Editor responsable: Guillermo Berto Es una publicación propiedad de Editorial Río Negro SA Domingo 27 de septiembre de 2015
Daniel Scioli no quiere participar de un debate con Mauricio Macri y Sergio Massa, además de los testimoniales Margarita Stolbizer, Adolfo Rodríguez Saá y Nicolás del Caño, por entender que no le serviría para conseguir más votos pero que, aun cuando no cometiera demasiados errores, podría privarlo de algunos ya que a quien se cree a un paso de la presidencia no le conviene tratar como iguales a sus adversarios. Por su parte, éstos están procurando aprovechar la prevista ausencia de Scioli, atribuyéndola no a su hipotética incapacidad para debatir con éxito sino a su subordinación a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Según Macri y Massa, la presidenta, cuya propia aversión a los debates públicos es notoria, se niega a permitirle arriesgarse. Si bien es de suponer que en esta oportunidad Scioli decidió por sí mismo, sabrá que su relación personal con Cristina será uno de los temas principales de la fase final de la campaña electoral y que todo cuanto haga o no haga en las semanas que nos separan del 25 de octubre se verá interpretado en tal sentido, ya que a juicio de sus rivales es su talón de Aquiles. ¿Lo es? Puesto que conforme a las encuestas de opinión la presidenta disfruta de un nivel de aprobación muy elevado, cercano al 50%, el que Scioli sea considerado un subordinado fiel debería ayudarlo a triunfar con cierta facilidad en la primera vuelta pero, huelga decirlo, nadie cree que sea así. Por el contrario, entre los politizados, el consenso es que para ganar en la primera vuelta el candidato oficialista tendría que independizarse de la señora para brindar la impresión de estar en condiciones de tomar su lugar. A veces Scioli parece estar a punto de intentarlo, pero hasta ahora no se ha animado a ir muy lejos, sin duda por temor a que Cristina y sus incondicionales reaccionaran con virulencia frente a cualquier manifestación de lo que tomarían por deslealtad. Después de todo, no es ningún secreto que la presidenta y los miembros de su pequeño círculo áulico desconfían del exmotonauta. Parecen creerlo una especie de infiltrado derechista que, de alcanzar el poder, no tardaría en alejar a los militantes kirchneristas de los lugares que ocupan, reemplazándolos por personas de ideas y actitudes muy distintas. Así y todo, tuvieron que permitirle ser el candidato presidencial del Frente para la Victoria porque en vísperas de las PASO ningún kirchnerista auténtico, con la excepción de la jefa misma, medía bien en las encuestas. Merced a la ambigüedad cautelosa que es su característica más llamativa, Scioli ha logrado reconciliar el kirchnerismo duro con una variante mucho más pluralista del peronismo. Se trata de una hazaña notable, pero sorprendería que la coalición que se ha aglutinado en torno a su propia popularidad combinada con la hegemonía oficialista sobre el Estado nacional se mantuviera intacta por mucho tiempo. Por razones desvinculadas de las diferencias ideológicas, que por cierto son evidentes, Scioli se verá constreñido a optar entre privilegiar sus propios instintos centristas y aferrarse al modelo socioeconómico “nacional y popular” confeccionado por Cristina y sus adherentes. Ser principista cuando es cuestión de manejar una economía desprovista de recursos financieros sería suicida, de suerte que todo hace prever que, en el caso de que se mude a la Casa Rosada, el bonaerense pronto se verá sin más alternativa que tomar medidas que indignarían a la expresidenta y a quienes la rodeen. Parecería, pues, que pase lo que pasare el 25 de octubre, el país sufrirá una nueva interna peronista al sentirse obligado Scioli a tratar de consolidar su propio poder desde la presidencia en detrimento del acumulado por el kirchnerismo puro. Por fortuna, el candidato del Frente para la Victoria es un hombre que, a través de los años, se ha esforzado por evitar los conflictos. Por lo tanto, si resulta ser el próximo presidente, tratará de resolver los problemas que con toda seguridad surgirán mediante el diálogo, pero de ser tan adversas las circunstancias como es razonable prever, las cualidades que le han permitido desempeñar un papel destacado en la política nacional durante casi dos décadas no necesariamente lo ayudarían a superar las muchas dificultades que obstaculizarán el camino accidentado por el que tendrá que transitar el heredero de Cristina.
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