Los hombres somos malos opresores

Redacción

Por Redacción

Grupos feministas nos alertan permanentemente de las barreras que deben sortear las mujeres en su vida laboral, obstáculos que no se presentarían si fueran hombres. Repiten desde hace años que las trabajadoras argentinas ganan 27% menos que los hombres. Como base científica y verdad incuestionable de esta brecha de género citan un informe realizado por el Indec en el 2006. Para este informe se tomó como base la media de ingresos de hombres y mujeres. Se encontraron promedios de $ 16.668 y $ 12.076 para hombres y mujeres respectivamente. Conclusión: brecha del 27,5%. Este porcentaje se repite como mantra desde hace años para sostener la desventaja salarial de la mujer.

Hace un mes, la Superintendencia de Riesgos del Trabajo presentó un informe similar, mostrando una brecha del 16%. Este informe se basa también en el salario bruto promedio de los trabajadores de ambos sexos (promedios de $ 32.680 y de $ 27.476 para hombres y mujeres respectivamente).

La verdad, basada en una falsa concepción de los hechos, no es verdad verdadera, decía el famoso Bertrand Russell refiriéndose a la religión. En el mismo sentido, las brechas del Indec y de la SRT no son una verdad verdadera, ya que no compara igual trabajo, sino media de ingresos. La calumnia, la falsedad y la estadística son tres formas de mentir. Ninguna revista científica publicaría un análisis tan rudimentario. Para mostrar la verdadera brecha salarial, su análisis debe ser multivariante, comparando salarios con igual trabajo, carga horaria, capacitación, función o jerarquía. Es cierto que existe una brecha salarial del orden del 3 al 6% y la misma está relacionada a menos horas laborales por su dedicación a tareas de cuidado y maternidad.

No se superan las situaciones de inequidad que aún existen presentando a la mujer como la única víctima de esta sociedad y al hombre como su victimario. Cada vez que desde la militancia feminista se elabora una lista de barreras para las mujeres y privilegios para los hombres se olvidan de los datos duros de la realidad.

En todos sus niveles, del preescolar al secundario en Argentina, la mujer goza de un espacio de privilegio, superando ampliamente a los hombres en los niveles superiores de educación como licenciaturas y posgrados. En la carrera de Medicina de Cipolletti, donde soy profesor, el 73% de la matrícula de mi curso es femenina.

Entre hombres y mujeres hay enormes diferencias laborales y ambos tenemos nuestras propias barreras a superar diariamente.

Repasemos algunos datos:

Accidentes laborales: de los 7.843 fallecidos en el 2017 como consecuencia de accidentes de trabajo, 683 fueron hombres (91,9%); mientras que 60 fueron mujeres (8,1%). Si excluimos las muertes laborales ocurridas “in tinere” (en el trayecto al trabajo), el 98% de las muertes ocurridas en los puestos de trabajo son masculinas.

Profesiones riesgosas: los trabajos considerados de riesgo (minería, pesca de alta mar, petróleo, construcción, bomberos, fuerzas de seguridad, etc.) son ocupados mayoritariamente por hombres. Solo en el mes de noviembre en la zona murieron tres adultos jóvenes, 2 en la industria del petróleo y uno en la construcción.

Bomberos: más del 95% de los bomberos muertos en Argentina son hombres.

Fuerzas de Seguridad: el 97% de los agentes de seguridad fallecidos son hombres. En la tragedia del ARA San Juan solo una mujer iba a bordo. Los 649 argentinos fallecidos y los 1.082 heridos en la Guerra de las Malvinas todos fueron varones, incluso entre los 18 civiles que murieron.

Situación carcelaria: el 96% de los presos son hombres. Por el mismo hecho y con los mismos antecedentes las penas sobre los hombres son un tercio mayores que las que reciben las mujeres.

Situación de calle y suicidios: el 67% de las personas en situación de calle son hombres, 78% de los suicidios son de hombres.

Expectativa de vida: por todo lo citado, la madre de las brechas entre hombres y mujeres es la expectativa de vida. Las mujeres en Argentina viven en promedio 6,5 años más que los hombres, simplemente porque desde hace mucho mueren anualmente 10.000 hombres más que mujeres. En el 2016 murieron 181.339 hombres y 171.408 mujeres.

Cuando nos tomamos el trabajo de ser imparciales dejamos de ver la hoja y miramos el bosque, vemos claramente que hay muchos hechos comprobables que dan por tierra la visión feminista de ser las mujeres las únicas con barreras laborales.

Los hombres de esta época debemos ser malos opresores, ya que somos los que recibimos menos educación, menos atención médica y tenemos menos expectativa de vida que las mujeres a quienes oprimimos. Somos los únicos opresores que toman los trabajos más difíciles y riesgosos casi en exclusividad.

Invito a dejar los roles de víctimas y victimarios, evitar los golpes bajos, las medias verdades, las estadísticas incompletas, y trabajar juntos para reconocer los distintos privilegios y las cargas de ambos géneros y superar los obstáculos que ambos soportamos en esta carrera de vivir en una sociedad tan complicada. No competimos por un trofeo, no somos dos equipos distintos. ¿No podría ser precisamente la aceptación de esta diversidad la base sobre la que construir el futuro y la dignidad de todos?

*Médico, máster en Ciencias Sociales y Salud (Flacso, UNC)

Invito a dejar los roles de víctimas y victimarios, evitar los golpes bajos, las medias verdades, estadísticas incompletas, y trabajar juntos para reconocer los distintos privilegios y las cargas.

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Invito a dejar los roles de víctimas y victimarios, evitar los golpes bajos, las medias verdades, estadísticas incompletas, y trabajar juntos para reconocer los distintos privilegios y las cargas.


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