Los orígenes del Partido Peronista 16-12-03
Después del 17 de octubre de 1945, Perón se abocó a la organización de una coalición que le permitió lograr el triunfo presidencial. Esta misma no contó con el apoyo de los aparatos partidarios existentes, en tanto que los sindicalistas de diversas corrientes de pensamiento (socialistas, anarquistas, radicales, independientes) fundaron el Partido Laborista con la intención de participar de modo autónomo en las elecciones del '46. Sus columnas de sostén fueron las organizaciones obreras que pueden afiliarse en bloque, además de la de ciudadanos particulares.
La otra pata política la constituyó una alianza con un sector disidente del radicalismo: la UCR-Junta Renovadora, que impuso al candidato a vicepresidente Hortensio Quijano. Los conflictos entre el Partido Laborista y la UCR-Junta Renovadora estuvieron presentes desde el primer momento en que se construyó dicha alianza. Junto con estas dos fuerzas debe mencionarse también los Centros Independientes.
El Partido Laborista se fundó a pocos días de la movilización popular del 17 de octubre del '45. Su programa reflejaba la experiencia de la Unión Sindical Argentina. Sus principales fundadores, Luis Gay y Cipriano Reyes, no tuvieron cabida en el Partido Peronista que surgió después de las elecciones.
En líneas generales, el Partido Laborista fomentó la democratización política y económica, el sufragio femenino, la nacionalización de los servicios públicos y de los recursos minerales, la reforma agraria que eliminaba los latifundios, la creación de cooperativas de productores, la ampliación de la Marina Mercante y el impuesto progresivo a la herencia. A la vez, exigía la ratificación, por parte del Congreso de la Nación, de los decretos sobre cuestiones sociales y gremiales dictados por el gobierno de la Revolución de Junio, a los que agregaba la extensión del sistema jubilatorio a todos los trabajadores en relación de dependencia y la participación obrera en las ganancias.
No obstante, al ofrecer la candidatura a Perón, su autonomía fue perdiendo fuerza muy rápidamente, en particular por la imposición de la UCR-Junta Renovadora dentro de la coalición y también por la resignación de cargos como el de vicepresidente de la Nación. Sin embargo, mucho más significativo resultó su opacamiento durante la campaña electoral, donde el personalismo de Perón silenció el discurso de los laboristas.
Por su parte, las disidencias dentro de la Unión Cívica Radical proveyeron a la coalición de cuadros de segunda fila que ya no encontraban espacio de acción en su partido. Estos dirigentes provinieron casi mayoritariamente del yrigoyenismo y aportaron los conocimientos de la práctica política de la que carecían los gremialistas. Mu
chos ex miembros de FORJA -disuelta en noviembre de 1945- se plegaron al movimiento peronista, llegando a ocupar cargos públicos de primera y segunda líneas en diferentes áreas gubernamentales nacionales y provinciales.
Entre «gremialistas» y «políticos» se encontró la tercera fuerza de la coalición: los Centros Independientes. Este espacio atrajo tanto a conservadores como a nacionalistas, a «arribistas», como también a militares retirados. Su accionar propagandístico, generalmente barrial, se centró en la seducción de las clases medias que no participaban en la línea gruesa del plan electoral de Perón. Posteriormente, constituyó el primer aparato del Partido Peronista a partir de la conformación de cuadros medios incondicionales.
Los conflictos en el interior de la alianza, entre el sector político y el sindical, comenzaron a manifestarse claramente en torno de la conformación de las listas de candidatos en todo el país. En líneas generales, los «políticos» acusaban a la falta de experiencia en el ejercicio de la política de los gremialistas del cada vez más manifiesto personalismo del candidato a presidente. Por su parte, los «gremialistas» dispusieron de una tradición de poca tolerancia con las prácticas de la política partidaria tradicional y no aceptaron ceder su papel central dentro del movimiento como defensores de Perón. Asimismo, temieron poner en riesgo las reivindicaciones conseguidas y por obtener en el futuro gobierno. Pero, además, los laboristas contribuyeron con los materiales y las estructuras con los que fue organizada la coalición. De allí que esperaron, entonces, una distribución acorde de cargos públicos que eran acaparados por los políticos renovadores con el guiño de Perón que necesitaba estructura política de gobierno.
En el discurso del candidato, estas luchas internas quedaron ocultas en el llamamiento a votar al «movimiento peronista».
Con el triunfo de la coalición en los comicios de febrero, los conflictos volvieron a aparecer, llegando, incluso, a configurar efímeros bloques en su interior entre los futuros legisladores; obstaculizando la elección de senadores y la confirmación de gobernadores en varias provincias. En mayo de 1946, para resolver de modo definitivo la crisis interna que amenazaba la gobernabilidad de su futura presidencia, Perón disolvió la alianza haciendo caducar los mandatos de las autoridades que lo conformaban y ordenó la integración de las fuerzas electorales en un partido único, al mando de la organización de los legisladores nacionales electos, pero, bajo su única conducción.
Finalmente, después de una leve resistencia, la mayoría de los afiliados al Partido Laborista se plegaron al Partido Peronista. Durante 1946, este partido único se denominó Partido Unico de la Revolución Nacional (PURN), con la influencia mayoritaria de los políticos renovadores.
La relación de fuerzas entre Perón y los laboristas que pretendieron seguir siendo autárquicos no fue pareja. Para el gobierno, la independencia sindical era vista como una traición a un movimiento que comenzaba a atacar la desigualdad social y económica. El 14 de enero de 1947 y habiendo aceptado Perón el uso de su patronímico, nació el Partido Peronista en reemplazo del PURN.
Para la misma época, Gay renunció a la CGT obligado por una campaña de prensa en su contra. La central obrera se subordinó al poder político peronista, pasando a actuar como un agente del gobierno ante la clase obrera. Sin embargo, los sindicatos siguieron conservando la capacidad para promover los intereses sectoriales de los trabajadores.
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