Los primeros en llegar fueron los últimos en irse
Actualizado a las 11:20
NEVE DEKALIM, Franja de Gaza (AFP) – Los Heimenrath y Shomrom, familias instaladas desde hace más de 20 años en Neve Dekalim, una colonia que vieron nacer y crecer, resistieron hasta el final y fueron los últimos en abandonar sus casas este viernes y dejar tras de sí una ciudad desierta. La imagen de abandono y de silencio del asentamiento no dejaba lugar a dudas este sábado: No hay marcha atrás posible en Neve Dekalim, donde las excavadoras llegarán el domingo para comenzar la destrucción.
Moti Shomrom vuelve de la sinagoga acompañado de sus tres hijos como cada mañana desde hace 20 años. Han rezado la plegaria matinal rodeados de soldados y policías que vigilan el lugar desde el jueves, cuando desalojaron a más de 1. 000 jóvenes atrincherados en su interior. Todos saben que será su última oración en este templo que quedará cerrado para siempre durante la jornada.
«Eramos casi los únicos. Todo el mundo se ha marchado ya. Los soldados han venido en numerosas ocasiones a mi casa pero les he dicho que no me voy. Si me sacan por la fuerza, no tendré opción, pero volveré», declara, confiado. Hasta ahora, la familia se ha librado de la expulsión porque su hijo primogénito, Shlomo, de 24 años, es oficial del ejército. Vestido con su traje militar, él mismo ha salido a recibir a sus compañeros de armas cada vez que han venido a echar a su familia. Hasta ahora han dado marcha atrás. «Después de ésto, ya no sé si quiero formar parte de este ejército», explica el joven, que usa este viernes por la mañana la camiseta naranja que simboliza el rechazo a la retirada de las colonias de Gaza.
Los Shomrom explican que esperarán a los soldados juntos en familia en el jardín de su casa, que siguen limpiando y regando como si nada ocurriese. A poca distancia, en la puerta del hogar de los Heimenrath, se han colocado una bandera israelí y una carta explicando que la familia ha vivido en esta apacible casa con jardín durante 23 años. El argentino Yehuda Heimenrath, el cabeza de familia, consiguió también retrasar su expulsión al máximo argumentando que querían estar cerca de su hija, Tiferet, fallecida en un incendio en una sala de fiestas de Jerusalén hace cuatro años y enterrada en Neve Dekalim.
No obstante, los soldados llegaron el viernes al alba para cumplir las órdenes recibidas. Yehuda, como había anunciado, tuvo que ser forzado para abandonar su casa. «Sacaron a mi padre entre cuatro, arrastrado. Es el hombre más fuerte y tranquilo que conozco y verlo así fue terrible», cuenta Nathan, uno de sus hijos, al que los soldados dieron tres días de plazo para organizar las pertenencias familiares en dos grandes contenedores que esperan en la calle. El joven de 19 años está perdido con otro de sus hermanos en la gran casa deshabitada, en la que su padre dejó dos mensajes para los soldados: la chaqueta que usó en su servicio militar y una gran foto de su hija fallecida.
«Nací en esta casa. Ahora me toca guardar nuestra vida en cajas y marcharme Todavía no he entendido por qué», lloriquea Nathan. Yehuda Heimenrath les espera con su madre y otro hermano en un hotel de Jerusalén pagado 10 días por el gobierno. A partir de entonces, ningún miembro de la familia tiene claro qué será de ellos. Otra hija de este colono argentino fue expulsada de una colonia cercana también en Gaza y otra reside lejos y no tiene espacio para tanta gente. «Ni siquiera he llamado a mi padre esta mañana. Lo vi tan triste y desesperado que no sé muy bien qué decirle», concluye Nathan.
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