Los YayoFlautas, “abuelos-indignados” puestos en pie de guerra



Se niegan a que sus nietos vivan peor que ellos y a que paguen “para salvar una oligarquía”: convertidos en los pilares de una sociedad española asfixiada por el desempleo, los jubilados “indignados” se pusieron en pie de guerra social.

Reconocibles por sus chalecos fluorescentes amarillos y sus silbatos, los ‘YayoFlautas’, multiplican sus acciones contra los recortes presupuestarios y el mundo de las finanzas.

Bankia, el banco recientemente nacionalizado, cuya rescate público de 23.500 millones de euros precipitó una crisis histórica, es uno de sus objetivos preferidos.

Sus acciones más conocidas son las ocupaciones de oficinas de Bankia, de Deutsche Bank, o más recientemente, del consulado de Alemania en Barcelona.

Son protestas rápidas: llegan a bombo y platillo, se reúnen con los responsables o les leen manifiestos denunciando: “todo este dinero es para salvar una oligarquía y no para los ciudadanos”.

Su mensaje es claro y está escrito en sus chalecos: “No a las privatizaciones. No a la corrupción y a la especulación”.

“Es un movimiento directamente tributario del 15M”, explica Felipe Aranguren, uno de los líderes del movimiento, nacido en mayo de 2011 en España, que protesta contra una clase dirigente incapaz de sacar al país de la crisis.

“Viene de personas en Barcelona que nos conocíamos de luchas antiguas contra (el dictador Francisco) Franco y después por la democracia. Fuimos 14 al principio”, afirma este jubilado, de 61 años, partidario de la izquierda radical.

Tras surgir en Barcelona, los ‘YayoFlautas’ se han ido extendiendo por otras ciudades españolas como Madrid, Sevilla, Córdoba, Valencia o Palma de Mallorca.

“La idea genérica era que habíamos percibido que nuestros hijos y nietos estaban en la perspectiva de vivir peor que nosotros y que teníamos que volver a luchar por la defensa de nuestros derechos”, explica Celestino Sánchez, de 63 años, otro fundador del grupo.

“Conozco a muchos amigos que tienen que echar una mano a sus nietos. Les quitan su trabajo y vuelven a casa de sus padres, pero los padres están en paro también. Los abuelos ayudan con sus pensiones, pero son muy poca cosa”, dice Victoria Lillo, una ‘Yayoflauta’ de 54 años.

Un jubilado de cada tres ha ayudado financieramente a un miembro de su familia en estos últimos años, y uno de cada cuatro ha tenido que volver a acoger en su casa a un hijo, según un reciente estudio de la Cruz Roja de Cataluña.

Los ancianos se han convertido en “un pilar indispensable para paliar las secuelas de la crisis”, ya que un 20% de ellos han dado ayuda financiera a algún hijo, un 10% ayuda alimentaria y un 6,5% ha vuelto a recibir en casa a un hijo, según este estudio realizado sobre un universo de 674 personas.

El nombre de ‘YayoFlautas’ “aparece un poco por el cabreo que las personas de nuestra edad tuvimos al escuchar los insultos de la presidenta de (la región de) Madrid, Esperanza Aguirre, cuando dijo ‘perroflautas’ en relación a las personas que habían ocupado Sol o que habían ocupado aquí la Plaza Catalunya”, relata Celestino Sánchez.

Aguirre había utilizado el apodo despectivo aplicado a los jóvenes marginados que suelen pedir dinero en la calle, acompañados de un perro y tocando música, para calificar a los “indignados” que protestaban el pasado año.

“Nos cabreó tanto su actitud que decidimos reirnos de ella. Y también queríamos hacer algo, hacer cosas por los jóvenes”, en un país en donde uno de cada dos menores de 25 años está en paro, añadió.

El escándalo de Bankia que estalló a finales de mayo pasado multiplicó su enfado y sus efectivos.

“Aquí, nunca nadie se responsabiliza de nada. Queremos que paguen por sus errores”, asegura Pilar Goytre, una jubilada madrileña de 65 años, que apoyó el 14 de junio la presentación de una denuncia contra varios exdirigentes de Bankia, entre ellos, su anterior presidente, Rodrigo Rato.

“No podemos tolerar que echen a la calle a familias. Si Bankia ha sido nacionalizada, Bankia somos nosotros y las viviendas de Bankia son nuestras también”, dice a su lado Victoria Lillo.

“Tenemos que hacer algo porque nadie se va a mover por nosotros”, añade Pilar, convencida de que “al final del verano, también recortarán las pensiones”. (AFP)


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