Luchan por superar las secuelas de la inundación

Se cumplió un año del temporal que abatió a la región. Cientos de familias cipoleñas sufrieron el estrago del agua.



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Mirian, una de las vecinas afectadas de Barrio Obrero, contó que tuvieron que adaptar un lugar para vivir luego de la tormenta.

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El barrio Anai Mapu fue uno de los más afectados por la torrencial lluvia.

CIPOLLETTI

CIPOLLETTI (AC).- El sol abraza las calles de tierra cubiertas de pozos y desniveles por donde se las mire. Los perros están recostados disfrutando de la tranquilidad de la mañana y los niños saludan mientras pedalean sonrientes sus bicicletas. Nunca nadie hubiese imaginado que esos hogares construidos a puro esfuerzo, hace un año atrás permanecieron tapados de agua y barro.

Pasaron más de 365 días desde el temporal que dejó a cientos de familias ubicadas en la periferia del este y del norte de la ciudad, bajo el agua.

Los vecinos afectados aseguraron que tuvieron que esperar dos meses para que todo vuelva a “la normalidad”, aunque hasta el día de hoy, se pueden ver los vestigios del temporal sobre las calles y viviendas. También remarcaron que el municipio “apareció solo una vez” y que hasta el día de hoy, los asola el temor a otra tormenta similar a la del 7 de abril del 2014.

Mirian abre el portón de madera que resguarda su humilde casa, mientras mira a sus perros fieles que la reciben. Claro, estuvo gran parte de la mañana afuera, por el tema de “la garrafa de gas que ahora está tan cara y que es imposible comprarla”, dice. Además también estuvo con los preparativos para festejar esa noche, el cumpleaños del barrio.

En esta misma época, pero hace un año atrás, no existían ánimos de celebración alguna. El agua inundaba el suelo de las numerosas casillas. Las cocinas, sillas, prendas de vestir, colchones y todo lo que uno pueda imaginar tenía la marca del agua color marrón, que acarreaba la suciedad de las calles, los baños y del canal de desagüe, que estaba totalmente desbordado.

“Mi casa estaba toda inundada. Nosotros vivíamos acá atrás”, señala Mirian hacia sus espaldas. “Tuvimos que adaptar este nuevo lugar para poder mudarnos”, dice al mirar la estufa a leña y las prendas de vestir que están apiladas sobre un viejo sillón.

Mirian recuerda cada instante de esos días tan complejos, y parece que el fantasma de las fuertes lluvias asola cada vez que se aproxima una tormenta. “¡El domingo nos asustamos! Sentimos unos estruendos”, dice mientras levanta el dedo para el cielo. “Estábamos todos pendientes”.

La realidad de Nora no fue distinta a la del resto. Según ella, se puede notar que su casa está un poco más baja. “Yo estoy más alta ó mi casa se está hundiendo de a poco”, bromea.

Su situación fue similar a la de tantas que pasaron cientos de familias en toda la región.

En Cipolletti, los barrios Anai Mapu, Puente 83, Labraña y Costa Norte padecieron el temporal. En algunos la situación fue más crítica que en otros, pero todos temen cada vez que el cielo se nubla y se anuncia una tormenta.

Los funcionarios recorrían los barrios para dialogar con los damnificados y escuchaban a los vecinos que desesperados, les pedían ayuda.

Nora se tuvo que ir a la casa de su hermana junto a sus dos hijos porque no podía estar en Barrio Obrero. Su casa no quedó sola. Su marido tuvo que hacer el esfuerzo de quedarse en el lugar para poder salvar del agua sus pertenencias.

“¿Cómo lo viví yo?. Como un día más de lucha”, dice la joven madre mientras sus ojos permanecen fijos, estáticos. “Hace dos semanas arreglamos la calle. Nosotros trajimos escombros y tierra y rellenamos los huecos que quedaron desde el año pasado”, asegura.

Pese al momento de desesperación y al sentimiento de abandono que atravesaron los vecinos por parte de las autoridades provinciales y municipales, en los días que le sucedieron a ese 7 de abril contaron con un lugar que los contuvo entre sus paredes: el centro comunitario fue un gran sostén para todos. Allí se alimentaban, llegaban las donaciones de las organizaciones sociales que los ayudaron, dormían, y también dejaban correr sus lágrimas de tristeza y dolor. En ese centro, hace exactamente un año del temporal, los vecinos celebran los seis años de existencia de Barrio Obrero. Las lágrimas quedaron atrás, pero las huellas reaparecen en cada tormenta.

Belén Coronel

bcoronel@rionegro.com.ar

Belén Coronel


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