Mabel Dai Chee Chang: todos pueden bailar  

La pasada semana, Mabel Dai Chee Chang, una de las coreógrafas y bailarinas más destacadas del país en danza contemporánea, dio un curso en El Bolsón con la asistencia de casi setenta personas y mostró su trabajo "De los huesos de pájaro" con gran éxito. Luego estuvo en Villa Regina y en Roca. En estos momentos dicta un curso de experimentación escénica a partir de los mudra y la gestualidad, en Casa de la Cultura de Roca.

Redacción

Por Redacción

ROCA (AR).- «En esta gira estoy con Lucas Rousseaux que hace la música original de la obra y las luces que son protagónicas, importantes. La asistencia la hizo Valeria Fidel que acá en la zona trabajó con el grupo Arpiyera y Laura Veiga que es una bailarina de Buenos Aires.

«Nuestro grupo se llama Arnica, danza-teatro -explica Mabel- y con ellos tenemos una obra nueva que espero volver a poner si conseguimos más auspicios y pasajes». El curso que está dando desde el miércoles en Casa de la Cultura propone un trabajo de experimentación escénica que está desarrollando con Arnica desde hace diez años y el tema que eligió es los mudras y la gestualidad, que «consisten en una secuencia de gestos que yo aprendí en India en una danza clásica que se llama baratanatyan en la cual yo tomo algunos gestos y luego los enseño tal cual son. A partir de ahí los uso como disparadores para que la gente improvise y cree algo propio», detalló en charla con «Río Negro».

Mabel y su trabajo han trascendido a nivel nacional e internacional y entre las muchas innovaciones de su arte, se la reconoce por introducir sonidos y palabras en la danza contemporánea.

«El tema del sonido en la danza surgió desde que entendí que se puede incluir todo lo que puede hacer un ser humano: desde usar lo gestual, los sonidos, a la voz desde todo tipo de registro: desde un canto hasta un texto. Hay que investigar los distintos resonadores como gemidos, susurros, toses, respiración. Para mi naturalmente ha sido así. Incluso (hay que pensar) que la danza teatro no es una cosa moderna, es más bien lo más antiguo. Los actores manejaban desde lo corporal, la música y lo gestual. Empezó así y este trabajo tuvo este determinado sonido porque tenía que ver con un estado, invocaba a las poesías que estaba trabajando, el material, cómo estaba yo en ese momento».

Luego hace más precisiones en este tema: «cada obra tiene un período de investigación muy largo y un período de entrenamientos. Investigar y experimentar con distintos entrenamientos te lleva a la creación. Y el trabajo de creación siempre para mi es un trabajo que surge del inconciente, desde un lugar donde yo misma me sorprendo de lo que queda como resultado, de lo que va surgiendo. Y eso es lo que más me apasiona, estar todo el tiempo experimentando. Nada está prehecho. No es que yo diga esta obra va a ser así, va tener esta estructura, va a empezar y va a terminar así. No. Por ahí empiezo con un objeto, en este caso (la obra «De los huesos de pájaro») con unos rollos de papel que encontré en un lugar que me prestaron para ensayar. Y todo empezó a surgir de lo que me decía que ese rollo era para mí. Entonces empezó a surgir un personaje que espera, al que le van pasando cosas. Después le puse nombre para tenerlo más definido y poder yo meterme en una historia».

Explica que «esta obra la hice en el «94 y a partir de allí empecé a viajar un montón porque se sucedieron invitaciones a festivales y una becas de estudios de la Fundación Antorchas que duraron dos años, más otros viajes que hice que me llevaron como cuatro años.

Estuve estudiando en India y cuando volví, me llamaron para dar un trabajo acá en el INSA».

En la actualidad «ésta es la primera vez que dije: yo desde mi ya no quiero esperar a que alguien me invite o esperar a que alguien me avale, y salí a la búsqueda. Entonce fui a El Bolsón donde hice una funciones muy lindas y después a Regina y la última en Roca».

La obra crece con la puesta

Se entusiasma cuando explica que «quiero mostrar en todos los lados posibles el trabajo y durante un período seguir haciéndolo, porque sino es mucho tiempo de producción y poco de puesta. En el proceso de mostrarlo es donde la obra va creciendo, en la relación con el público».

Y respecto al reflejo que recibe de su actuación, comenta que «en general este trabajo provoca impacto, una cosa por la que la gente me dice «me quedé sin palabras» o «me pega, no puedo explicarlo». Es algo que apunta más a las sensaciones. No está construido para eso, pero provoca eso». 

La experiencia de la India

«Viví cosas en India que antes, cuando era muy niña, siempre pensé que eran posibles. De golpe allá eso era real, cosa que acá con la concepción materialista, el miedo al futuro, el vivir apegado al miedo, es imposible de experimentar. Allá todo el tiempo están tan apegados a lo espiritual. Los dioses conviven constantemente con ellos; son unos dioses muy coloridos: animales, monos, elefantes. Eso da como resultado una convivencia con la realidad. Ellos no creen que el único lugar es para el hombre sino que toda la naturaleza tiene su lugar y su espacio. Eso hace que tu mente tome como real otra cosa. Acá la película es muy chata, muy sin salida. Esto confirma que hay diferentes realidades y diferentes concepciones, que cuando uno corre la visión, aún sobre lo mismo, te permite ver otras cosas».

Abundando en este concepto, Mabel Dai Chee Chang explica que «aparte de la diferente cosmovisión, allá hay mucho para aprender en danza, teatro, música, fiestas, rituales, que me interesaron mucho. Ahora gané una beca del Fondo Nacional de las Artes para estudiar eso en Argentina. Me gustaría aprender lo más genuino de la danza que hay acá, como la mapuche o la wichi. Es difícil llegar, tenés que quedarte un tiempo en algún lugar para encontrar quien te quiera enseñar eso».

Pero estamos seguros de que lo conseguirá, pues a lo largo de su carrera ha demostrado que nada es imposible de conseguir, ni siquiera los sueños de la infancia, que para ella se hicieron realidad gracias a su empeño y persistencia. (AR)

Un método para la creación a partir del recurso personal

«En Buenos Aires estoy enseñando composición en el centro Cultural Rojas y surgieron estas metodologías.

La composición como yo la propongo -en este curso que está dando ahora en Roca y que dio en El Bolsón- es a través de distintos disparadores que pueden ser desde muchos lugares para rescatar lo más genuino. Por eso los trabajos que se hicieron como resultado son muy diferentes. Fueron como doce solos y lo bueno es que cada uno tenía su estética y ninguno se parecía al otro. Las motivaciones partieron desde lo que cada persona tenía como recurso».

En danza, la clave es transmitir

Luego, ampliando sus objetivos admite que «a mi me interesa la danza que no se vea como algo elitista o algo que tiene que ver con una técnica. Creo que la posibilidad de bailar y la danza ocurre en todo lados, está ocurriendo por ejemplo en esta esquina con el diseño del espacio que se armó y la persona que venía caminando en un tiempo determinado. Puede que un bailarín maravilloso sea gordo y no pueda estirar el pie y sin embargo transmite mucho más que otro que tenga los músculos elongados».

Mabel Dai Chee Chang asistió a numerosos festivales de danza que se dieron en Latinoamérica y Estados Unidos y estudió en Holanda, por lo cual asistió a festivales de Francia y Alemania.

Al comienzo de su carrera estudió Bellas Artes dos años y luego se inició en danza con Ana Itelman. Ella fue una maestra muy importante para su vida. Entró en la Escuela del San Martín y en 1982, en lo que fue la propuesta de Danza Abierta, empezó a crear no porque pensaba en ser coreógrafa, sino porque al cerrarse la escuela decidió seguir trabajando sola.

Los premios luego hicieron el resto, la alentaron a salir. Lo suyo no es para nada comercial, implica mucha entrega y no tiene recompensa ni apoyo económico en nuestro país. Luego se formó el grupo Arnica, con el que hicieron años de sacrificios, viajando una hora y media para ensayar en un lugar prestado, conseguir escenografías, una historia que ya resulta conocida en estos temas. «Pero no lo quiero convertir en una queja, porque me parece que no sirve», asume.

«Hemos ganados subsidios que sirven para el momento pero al otro año hay que seguir creando y esa falta de estabilidad es fatal. En otros lados los grupos que demuestran seriedad mantienen una estabilidad que les permite el crecimiento», pero parece que en nuestro país eso suena a imposible.

«En este momento estoy estudiando algo así como el lenguaje callejero -anticipa- pero quiero que ese trabajo se ilumine, se vea, porque si no queda en un subsuelo para una élite, para un festival donde lo ve muy poca gente.

También «estoy actuando ahora más cotidianamente que antes. A mi me gusta construir todo, el espacio, la luz, los colores, el tiempo», pero por otro lado se plantea hasta qué punto es bueno hacer algo tan perfecto para lo que vean tan pocos. Por eso se ha volcado a un trabajo más instantáneo, donde deba plantearse la creación desde el ahora, sin elementos, trabajando con lo espontáneo y lo posible, que es una creación única e irrepetible. (AR)


ROCA (AR).- "En esta gira estoy con Lucas Rousseaux que hace la música original de la obra y las luces que son protagónicas, importantes. La asistencia la hizo Valeria Fidel que acá en la zona trabajó con el grupo Arpiyera y Laura Veiga que es una bailarina de Buenos Aires.

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