Maccio, el gran pintor argentino, en una muestra del Borges
Por, Oscar Smoljan Director Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén
Los años 60 fueron especialmente pródigos en manifestaciones artísticas innovadoras. En la Argentina son hoy materia de estudio y sinónimo de osadía y vanguardia, y en ese recuerdo, el Instituto Di Tella es considerado como el gran generador del arte de aquellos años, donde se intentó, a veces con suerte y otras no tanto, romper los moldes que venían imponiéndose desde décadas e inaugurar un nuevo lenguaje cultural que diera identidad a las artes visuales.
En esos años de rebeldía e inconformismo, de extrema libertad y oscura represión, cuatro artistas plásticos argentinos confluyeron en un movimiento estético e intelectual que intentó zanjar lo que venía siendo en ese momento una casi bizantina discusión entre los seguidores de la ancestral Figuración y los profetas de la Abstracción.
Ese movimiento pasó a la historia con el nombre de “Nueva Figuración”, aunque sus integrantes nunca usaron ese rótulo para definirlo. Ese memorable cuarteto lo formaban Luis Felipe Noé, Ernesto Deira, Jorge de la Vega y quien hoy nos ocupa, Rómulo Macció, cuyas obras de reciente factura pueden verse en una muestra que presenta el Centro Cultural Borges.
Se trata de veinticuatro pinturas y dibujos en los que el pintor nos presenta su mirada implacable acerca de temas como la estética, el paso del tiempo, la ciudad, enfocados desde su medio siglo de experiencia como creador.
Estos nuevos trabajos de Macció lo muestran a sus ochenta años, vigente e infatigable, dueño del color, la materia pero fundamentalmente del arte del dibujo, como pocos lo han sido en nuestro medio.
Heredero indiscutido de su maestro Miguel Carlos Victorica, podemos decir sin temor a exagerar que Rómulo Macció es hoy uno de los grandes pintores argentinos.
En esta muestra que se presenta en el Centro Cultural Borges hasta febrero, encontraremos todas las claves que identifican a este artista.
En sus líneas, trazos y colores, develaremos los pasos que Macció viene dando desde hace más de medio siglo y que lo llevaron a transitar desde el surrealismo a la abstracción, pasando por el informalismo, la neofiguración y la figuración, todo sin traicionarse y siempre mirando al futuro que siempre le esperó. Pero en estas obras también se entrevén sus admirados mentores presentes, desde Victorica a Friederich, de Otto Dix a Francis Bacon, sin olvidar a Mattisse, Picasso y Klee.
Quien dijera alguna vez “la pintura no se dice, se muestra”, el gran Rómulo Macció, nos muestra nuevamente su inclaudicable genio de artista insobornable, su lámpara de incansable caminador del color y la materia, su mano maestra de experto dibujante, “el otro, el mismo”, al decir de Borges, dándonos a todos la imperdible oportunidad de poder reinventarnos.
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