Madonna, reina del pop en los ´80, ´90 y 2001
Luego entabló amistad con el coreógrafo Christopher Flynn, quien influyó mucho en ella; pasó por la Universidad de Michigan y realizó el ya legendario viaje a Nueva York con 35 dólares en el bolsillo. Aquí hay un hecho que la define como persona. El día que llegó a la «Gran Manzana», sin tener a dónde ir, le pidió al taxista que la dejara en «el centro de todo». El conductor le hizo una rebaja en el precio y la dejó en Times Square. De una forma u otra Madonna jamás ha dejado ese sitio privilegiado y difícil. Sting, uno de los artistas que pueden ser llamados amigos suyos, suele decir que Madonna es el único artista americano junto con Elvis Presley.
Su apreciación no es desubicada. Madonna encarna mejor que nadie el sueño americano. Tal como en su momento lo hizo, aunque en la ficción, Rocky Balboa, el personaje creado por Sylvester Stallone, otro millonario que empezó haciendo películas pornográficas y limpiando las jaulas en el zoológico.
Madonna puede llevar con total coherencia sobre sus hombros la bandera norteamericana. Su crecimiento como artista está poblado de decisión y aventura. «Camina como si fueras una reina, siéntete una reina», aseguran que le decía su madre cuando era una niña.
En Nueva York trabajó en «Dunkin Donuts» y «Burger King», hizo fotografías al desnudo que luego le darían muchos pero muchos dolores de cabeza y participó de varias bandas. Vivió un tiempo en una sinagoga junto con el músico Dan Gilroy, no sin antes dormir en la calle, entre otros sitios poco recomendables para una chica clase media de Detroit.
Hace unos meses Madonna participó de un programa especial de MTV donde recorrió sus primeros refugios en Nueva York. Visitó uno de sus ex departamentos, casi en ruinas, en el que –¡oh sorpresa!- había una banda ensayando. Programado o no, la cara de los músicos reflejaba inocencia. La reina del pop había soñado allí donde ellos ahora soñaban. «Tranquilos, no dejen de ensayar. Trabajen, chicos», les dijo la estrella, que hasta encontró algunos escritos suyos en las paredes.
«En el fondo soy una buena chica. Pero también puedo ser una bruja. Soy una persona perfeccionista y tengo que soportar mucha presión. A veces cuan-do quieres conseguir algo no tienes más remedio que ser una auténtica bruja», ha dicho la artista.
¿Qué otra cosa podría decir quien siempre supo cuál era su lugar?
Antes de convertirse en una cantante pop Madonna soñaba con actuar, bailar, hacer coros, tocar la batería, cualquier cosa, pero estaba un poco lejos de llevar el peso de una banda. Finalmente lo hizo con «Breakfast Club». Un poco antes había probado suerte como diva de la creciente era disco en Francia, pero harta de la bola de cristal y las miradas lujuriosas se volvió a Estados Unidos.
A principios de los «80, apoyada por Michael Rosenblatt de la «Sire Records», editó su primer sencillo, «Everybody», sin ella en la portada, por lo que muchos pensaron que se trataba de una joven negra, y vendió 80.000 copias en Estados Unidos.
En 1984 grabó el álbum «Like a Virgin», del cual el tema del mismo nombre alcanzó el tope del ranking. De ese disco es su famoso «Material Girl». Muchos todavía la llaman así. Luego vendría una increíble saga de éxitos «Crazy for you», «La isla bonita», Erótica», «Vogue», entre otros. La pequeña de Detroit, obsesionada con su estatura, lo había logrado. Joven, millonaria y famosa.
En 1985 se casó con Sean Penn, con quien mantuvo una relación tortuosa que les costó moretones a varios periodistas debido a la afición del actor por sacar a relucir sus puños. Hace un tiempo Madonna confesó que el actor de «Dulce y melancólico» era y sería para siempre el amor de su vida.
Pero en su nueva vida, más cercana al yoga y la familia, hay poco espacio para las motos y las noches interminables. Si alguna vez Madonna encarnó la rebeldía, hoy representa el éxito en su forma más pura y la estabilidad. Sí, también la estabilidad del sistema.
Su carrera cinematográfica nunca logró acercase a la musical. «Evita» le dio un Globo de Oro como mejor actriz de musical o comedia, pero su batalla aún no ha terminado en ese plano.
Desde principios de los «90 Madonna entendió que su mirada acerca del sexo y las relaciones afectivas tenían una enorme repercusión entre fanáticos y enemigos. Su libro «Sex», que acompañó el disco «Erótica», marcó el punto más alto de esta actitud ¿de vida? ¿comercial?. Tal vez un poco de ambos.
En «Sex», la vemos desnuda y provocativa junto a Isabella Rossellini y Naomi Campbell, entre otros hombres y mujeres bien formados. «Sex» y «Erótica» resultaron un escándalo, pero también un éxito de mercado. Todo lo que algunos se imaginaban que esta mujer hacía en su velada intimidad quedó impreso en delicadas y caras hojas de papel (en la Argentina el libro salió a la venta a 88 dólares, el pre-cio más alto del mundo).
Aunque en el presente, Madonna marca diferencias muy grandes con otras di-vas de la canción sensuales e independientes. No hay un parentesco entre ella y, por ejemplo, Courtney Love. Sí parece haberlo con Britney Spears, que paradójicamente ha hecho de la virginidad uno de sus pilares. «Duermo pensando en ella», dijo el mes pasado la diva pop refiriéndose a su par más joven.
Justo cuando ya nadie esperaba sorpresas Madonna editó «Ray of Light». Adoptó para ese álbum una estética de sacerdotisa posmoderna pero no abandonó su discurso compenetrado con la sexualidad. Esta placa recibió excelentes críticas por parte de la prensa especializada. Ubicó a la cantante, productora, compositora y empresaria en un sitio donde sólo hay espacio para los genios y los brillantes.
«Me atraen los obstáculos que tengo que superar. Me gustan los retos, todo lo que resulta difícil de conseguir», dijo alguna vez. Cada disco es un desafío, no sólo en el terreno artístico y comercial (debe romper siempre su propia marca frente a las nuevas generaciones), sino también al tiempo.
En «Music» volvió a reafirmar su condición de ganadora de los ranking. Su estética tampoco decepcionó. Madonna parece haberse quedado en los «30. Su sensualidad y una extraña luz que ya trae consigo desde «Ray of light» constituyen la base mística de este disco.
Nos veremos envejecer en el reflejo de su esplendor.
Claudio Andrade
Luego entabló amistad con el coreógrafo Christopher Flynn, quien influyó mucho en ella; pasó por la Universidad de Michigan y realizó el ya legendario viaje a Nueva York con 35 dólares en el bolsillo. Aquí hay un hecho que la define como persona. El día que llegó a la "Gran Manzana", sin tener a dónde ir, le pidió al taxista que la dejara en "el centro de todo". El conductor le hizo una rebaja en el precio y la dejó en Times Square. De una forma u otra Madonna jamás ha dejado ese sitio privilegiado y difícil. Sting, uno de los artistas que pueden ser llamados amigos suyos, suele decir que Madonna es el único artista americano junto con Elvis Presley.
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