Mario Roberto Álvarez nos legó mas que un museo
La Argentina le debe muchos de sus más emblemáticos y tradicionales edificios y construcciones. El artista murió cuando se aprestaba a cumplir 98 años.
La columna de Smoljan
Dicen que la muerte no tiene poder allí donde se enfrenta a una existencia vital, intensa y creativa. Ante la obra de un artista que trasciende, lo que llamamos muerte se reduce tan sólo a su desaparición física, pero su trabajo queda para siempre, para las generaciones venideras, con lo que el autor, de esa forma, se torna inmortal.
Como muchos otros grandes artistas longevos de nuestra historia, Mario Roberto Álvarez se ha ido cuando se aprestaba a cumplir 98 años.
La Argentina le debe muchos de sus más emblemáticos y tradicionales edificios y construcciones, desde el Teatro General San Martín en Buenos Aires, al túnel subfluvial Hernandarias que une las provincias de Santa Fe y Entre Ríos; desde el edificio Somisa, el primero en ser construido en acero de nuestra historia, al Museo Nacional de Bellas Artes Neuquén, una de sus últimas obras de envergadura, ganadora del primer premio de la Bienal Nacional de Arquitectura 2004.
Ese fue su legado para nuestra ciudad. Ese museo en el cual se sintetizan los principales elementos de su arquitectura. “Tengo pocas ideas, pero las respeto”, solía decir. Esas “pocas” ideas lo acercaban a los clásicos sin dejar de ser moderno. La quinta esencia de los grandes.
Fue el ganador indiscutido de la licitación nacional e internacional que realizó la Municipalidad de Neuquén para construir el edificio del museo. No era para menos, se trataba del más importante arquitecto argentino, reconocido como tal por sus ilustres pares y uno de los diez mejores del mundo.
El diseño del edificio del MNBA es una proclamación de su estética y su filosofía eminentemente racionalista. Pureza de líneas, espacios magistralmente diseñados, proporciones exactas, el Rectángulo Dorado de los renacentistas por donde quiera que se mire.
Pero también el museo es la prueba tangible de su pensamiento. De su visión de lo que debía ser la arquitectura y para qué debía servir.
El creía que toda construcción debía dar la sensación de haber estado allí desde siempre. Como las montañas, los ríos o los eternos bosques patagónicos, sus edificios debían dar la idea de que habían nacido con ese paisaje. Y en función de esta idea, revolucionaria por cierto, Mario Roberto jugaba con el diseño y los materiales que, en el caso del museo, pertenecen a nuestra tierra, a nuestro paisaje como la piedra y el agua que rodean este edificio.
Para nosotros, que pasamos más tiempo aquí dentro que en nuestros propios hogares, la funcionalidad y equilibrio de esta inteligente construcción es mucho más palpable que para el visitante ocasional. En este museo se puede “vivir”, respirando el genio de quien lo creó.
Mario Roberto Álvarez nos enseñó muchas cosas en el breve tiempo que interactuó con nosotros cuando se construía el museo.
En primer lugar, su sencillez de los grandes que no era impostada ni falsamente modesta, era el producto de una vida intensa y un autoconocimiento que lo había convertido en un filósofo. Aceptaba todas las sugerencias que los legos le realizaban, me incluyo, y se mostraba abierto a los cambios propuestos.
En segundo lugar, la idea-fuerza de que el museo es más que las obras que se alojan en él. Esta idea tenía que ver con el concepto de “museo vivo” que hoy en día se sostiene en todo el mundo cultural y Mario Roberto Álvarez lo sabía tras haber recorrido el mundo a lo largo de su casi centenaria vida dedicada a la cultura.
Terminado el museo, cada fin año no dejó de enviar una tarjeta de salutación escrita de puño y letra. Una de ellas revela cuán profundamente sentía que el MNBA Neuquén era parte inseparable de su genio creativo y por lo tanto de su propia vida: “siga conservando y cuidando su y mi museo…”, reescribió en una ocasión.
Oscar Smoljan
Secretario de Cultura de la Ciudad de Neuquén
Director del MNBA Neuquén
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