Marx y Proudhon, una relación difícil
A 132 años de la muerte del filósofo alemán
¿Cuál es el verdadero vínculo entre el poder y la actividad política? ¿Cuál es la relación que existe entre los métodos para acceder al poder y la calidad del dominio que se obtiene? A través de estas dos preguntas llegamos a un tercer y famoso interrogante: ¿el fin justifica los medios? Finalmente, alguien puede preguntarnos, ¿qué tiene que ver esta disquisición previa con el título de la nota? Pues bien, en el núcleo de la difícil relación entre Marx y Proudhon no sólo está la visión que cada uno tenía de la sociedad que estudiaba sino también la forma de acceder al poder y cómo usarlo para aplicar sus teorías.
Las relaciones entre el comunista alemán y el anarquista francés tienen dos etapas claramente diferenciadas.
Pedro José Proudhon (1809-65) publicó su obra fundamental, “Sistema de las contradicciones económicas o filosofía de la miseria” en octubre de 1846. Y para cotejar a estos dos pensadores permítaseme tomar a las “Contradicciones” del filósofo galo y compararlas por su importancia con “El capital”, obra cumbre del pensador alemán.
Realizo este parangón reconociendo que puedo producir cierto escozor en la piel de algunos marxistas que no aceptarían confrontaciones con el libro mayor del materialismo dialéctico.
Pero para que el lector entienda que mi intención comparativa no es arbitraria, le contaré que fue el propio Marx quien le dio suma importancia a esta obra denostándola desde su aparición hasta la muerte de su autor. Y para dejar constancia de su tirria contra la obra proudhoniana escribe, un año después de su aparición, un panfleto denigratorio llamado precisamente “Miseria de la filosofía”; nótese que Marx tituló su libelo invirtiendo el subtítulo de la obra del pensador francés.
No siempre fueron ríspidas las relaciones entre ambos. El joven Marx asimiló ideas del galo y los rastros de esa influencia pueden verse en “La sagrada familia” (Francfort, 1845), escrita en colaboración con Engels.
Un año después de publicada esta obra, Marx envió una carta a Proudhon para invitarlo a participar de un foro europeo para la discusión de las ideas comunistas y socialistas. El alemán no ahorró elogios hacia su futuro enemigo para lograr que éste aceptara la representación francesa en ese foro. En la aludida misiva Marx dice: “…en cuanto a Francia, creemos todos que no podemos hallar mejor corresponsal que usted; usted sabe que los ingleses y los alemanes le han apreciado hasta el presente mejor que sus propios compatriotas”.
Marx, quien inició esa carta diciendo, “Mi querido Proudhon”, la cerró saludando al francés con un “…crea en la amistad muy sincera de su abnegado, Carlos Marx”.
A estas diversas y edulcoradas propuestas, Proudhon respondió, con cierto desdén, mediante carta directa a Carlos Marx, escrita en Lyon el 17 de mayo de 1846. En su misiva el pensador francés aceptó integrar ese foro de debate pero a continuación dijo:
“No le prometo, sin embargo, escribirle mucho ni a menudo; mis ocupaciones de toda especie, unidas a una pereza natural, no me permiten esos esfuerzos epistolares”.
Diferencias en lo económico
Proudhon, a medida que avanzaba en la redacción su carta, iba exponiendo sus ideas y poniendo distancia de las del pensador alemán. En relación con la economía, le lanzó a Marx:
“…yo profeso ante el público un antidogmatismo económico casi absoluto”.
Y para reforzar su idea expresó:
“¡Por Dios! Después de haber demolido todos los dogmatismos a priori, no caigamos en la contradicción de su compatriota Martín Lutero, el cual después de haber derrocado a la teología católica se puso de inmediato, con grandes esfuerzos de excomuniones y de anatemas, a fundar una teología protestante”.
Fácil es imaginar el efecto que estas afirmaciones produjeron en el autor de “El capital”, quien profesaba un dogmático economismo.
Proudhon, por su parte, tenía una concepción casi metafísica de la economía. En carta del 4 de junio de 1887, dirigida al filólogo Bergmann, su amigo de Estrasburgo, y respondiendo a ciertas objeciones que éste le hacía, dijo: “Persisto en creer que las cuestiones acerca de Dios, del destino humano, de las ideas, de la certidumbre, en una palabra, que todas las altas cuestiones de la filosofía forman parte integrante de la ciencia económica, que no es, después de todo, más que su realización exterior”.
Queda clara la distancia que existía entre la concepción de la economía que tenía Proudhon y la visión materialista de Marx.
El rol de la revolución
Pero es en la aludida misiva del 17 de mayo de 1846 en la que el autor de “las Contradicciones” establece una verdadera divisoria de aguas en relación con el creador de “El capital”.
Marx justificaba el foro multinacional de debate de ideas porque pensaba que “en el momento de la acción es ciertamente de un gran interés para cada uno estar al corriente del estado de los asuntos en el extranjero como en el propio país”.
El filósofo francés respondió a la advertencia marxista diciendo:
“Tengo también que hacer alguna observación sobre estas palabras de su carta: ‘En el momento de la acción’. Tal vez conserva usted la opinión de que ninguna reforma es actualmente posible sin un golpe de mano, sin lo que se llamaba antes una revolución, y que no es al fin de cuentas más que una sacudida”.
Luego de otras consideraciones sobre este mismo tema, agregó: “Nuestros proletarios tienen tanta sed de ciencia que sería uno muy mal acogido por ellos si no se les diese a beber más que sangre. En una palabra, sería en mi opinión una mala política para nosotros el hablar como exterminadores”.
La expresión de esta precisa diferencia metodológica no sólo puso distancia con los planteos marxistas, marcó también, y claramente, un territorio diferente dentro del propio anarquismo. Proudhon, con la advertencia hecha a Marx, se apartó asimismo del propio Bakunin, el revolucionario violento y partidario de la “acción directa”.
No son pocas las realidades que separaron y con frecuencia enfrentaron a los dos pensadores. Proudhon era francés, nacionalidad en esa época antagónica con la alemana, oposición secular que produjo guerras y millones de muertos comunes.
Marx expresa, en esta oportunidad, la tradicional posición despectiva de los alemanes hacia los franceses. Refiriéndose a Proudhon lo llama: “Francés irreflexivo” (La sagrada familia).
Y cuando, según Marx, Proudhon no logra comprender una determinada circunstancia, el filósofo alemán lo atribuye “a la desgracia de haber nacido francés, en lugar de haber nacido alemán” (La sagrada familia)
No deja de ser curioso que quien expresa este nacionalismo alemán (¿chauvinista?) es el mismo que pregona “el internacionalismo proletario”.
Las diferencias económicas y familiares no fueron menores entre el francés y el alemán. Marx se crió en una familia de clase media de sólida posición económica. Y se casó con Jenny von Westphalen, una aristócrata prusiana, adhiriendo así a esa inclinación por la nobleza que suelen tener los burgueses. Y como complemento a esta bonanza el pensador prusiano recibió, por el resto de su vida, aportes económicos de su acaudalado amigo Engels.
La “plusvalía” (utilidades) que Engels obtenía en su fábrica en Manchester -donde procesaba algodón norteamericano producido por esclavos negros- y la inversión de esas ganancias en la especulación financiera generaron el dinero que Marx recibía de su amigo, lo que le permitió vivir sin trabajar y dedicarse plenamente a sus estudios.
Marx tuvo de la pobreza y el trabajo una visión aséptica e ideológica; para Proudhon, esas mismas realidades formaban parte de su vida cotidiana.
El filósofo francés nació en el seno de una familia humilde. Su padre fue peón cervecero y su madre, una campesina trabajadora. La pobreza familiar impedía al joven Pedro José comprar los libros que necesitaba para estudiar, situación que lo obligaba a pedirlos prestado a sus compañeros de colegio.
Proudhon comenzó a trabajar a los doce años como ayudante de bodega en una posada y a los diecinueve años ingresó en una imprenta como tipógrafo, donde adquirió su “libreta de obrero”, elemento que siempre esgrimió con orgullo. Esta inclinación por el trabajo le permitió mantenerse a sí mismo, a su familia y realizar su tarea intelectual. Fue el mismo Marx quien ponderó esa condición del francés: “Proudhon no escribe simplemente en interés de los proletarios, él mismo es proletario, obrero” (La sagrada familia).
La inclinación que Marx tenía por la aristocracia y el disfrute de los beneficios del capitalismo fue emulada por Engels, quien superó a su amigo en estas preferencias.
Inclinaciones aristocráticas
El exitoso industrial de Manchester era miembro activo de un exclusivo club de la caza del zorro, deporte emblemático de la aristocracia inglesa. Engels fue hábil jinete y acaudalado inversor bursátil. Tristram Hunt, en su biografía sobre el benefactor de Marx, revela que las inversiones financieras de las utilidades que le producía su fábrica inglesa permitieron a Engels acumular una fortuna de 23.000 libras esterlinas de la época, el equivalente actual a cuatro millones de dólares.
La citada biografía del multifacético industrial prusiano no sólo permite conocer mejor su vida, ayuda también a conocer mejor la de Marx y la simbiótica relación existente entre ambos. La obra muestra la dependencia económica absoluta que Marx tuvo con su amigo. Cuando Engels le comunicó angustiado la muerte de su mujer, Mary Burns, Marx, acostumbrado a escribir extensas cartas, le respondió lacónicamente: “Eso es terrible. Pero necesito cinco libras para el colegio de las niñas”.
La obra del historiador británico reafirma la profunda relación ideológica y política que existía entre los dos amigos y verifica que no hay un límite preciso entre la obra de uno y la del otro.
Tristram Hunt, profesor de Historia de la Universidad de Londres, revela en un reportaje publicado el 14 de marzo del 2011, en el diario digital español Público.es, la profunda dependencia que Marx tenía con lo que Engels le informaba en relación con un aspecto fundamental de su teoría: “Cuando Marx intenta comprender el funcionamiento del capitalismo, depende por completo de la información que le da Engels… Marx entendió el capitalismo gracias a Engels”. Y reafirma su pensamiento: “… todo se refiere a la industria del algodón de Manchester…”
Lo dicho por Hunt no sólo permite comprender mejor el pensamiento del autor de “El Capital”, dado el origen único de la información que recibía, sino también conocer las causas por las que se equivocó en sus predicciones sobre la evolución de la sociedad. Se entiende ahora por qué Marx tenía una visión “textil” de la industria, que lo llevó a decir: “Lo único que debe ser explicado es el lado bueno de la esclavitud”. “Sin la esclavitud no habría algodón y sin algodón no habría industria moderna”. (Carta a Annenkov del 28/12/1846)
La Guerra de Secesión norteamericana (1861-65) alteró los ánimos de ambos correligionarios. Engels, un empresario práctico, temía quedarse sin materia prima para su industria textil. Marx, con una visión eurocéntrica -británica-, pensaba que si los Estados esclavistas del Sur dejaban de producir algodón, toda la industria norteamericana se venía abajo. Y consecuentemente se caía también su teoría de que el desarrollo industrial capitalista iba a producir el comunismo. No fue así, el triunfo del Norte sobre los esclavistas del Sur produjo una gran potencia industrial capitalista que usó para su desarrollo, el hierro y el acero.
Los cambios tras su muerte
Esta profunda relación de dependencia, económica e ideológica, que Marx tenía con su amigo y benefactor, torna incierta la aspiración de algunos marxistas que en la actualidad intentan despegar a Marx de algunas opiniones y actitudes de Engels. Pretenden exhibir a un Marx “limpio” de otras influencias, una suerte de “neomarxismo”, para que tenga vigencia actual y no quede pegado al fracaso soviético y a los genocidios de Stalin y Pol Pot.
Según Hunt, el cambio entre ambos se produjo luego de la muerte de Marx. Engels lo sobrevivió doce años y en el ínterin abandonó su prédica por la lucha violenta y adhirió al sufragio universal como mecanismo de transformación social.
El fracaso de los regímenes marxistas en el siglo XX, sonorizado por la caída del Muro de Berlín, las profundas reformas capitalistas en China; la introducción de elementos de la economía de mercado en Cuba y su acuerdo con Estados Unidos, tornan contradictorio el intento trotskista de exhumar el marxismo.
El sistema mundial se está reorganizando y demanda miradas innovadoras para poder comprenderlo.
Héctor Landolfi
Especial para “Río Negro”
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