Masacre en el intento de asalto a un blindado

Hubo cinco muertos, entre ellos un inocente que fue tomado de rehén. También cayeron dos custodios, un policía y un delincuente.

BUENOS AIRES- Un jardinero, dos custodios, un policía y un ladrón murieron ayer durante un violentísimo y espectacular intento de asalto a la planta potabilizadora de Aguas Argentinas, frente a los bosques porteños de Palermo, que insólitamente se reactivó cinco horas después con un tiroteo cuando un delincuente que quedó dentro del predio fue advertido por la Policía Federal.

Otro policía recibió un balazo en un ojo y sufrió una herida en la mano derecha y un ladrón fue detenido, dijeron fuentes de la fuerza de seguridad.

Si bien no hubo claras explicaciones oficiales sobre por qué en el tiroteo entre policías y asaltantes cayó muerto un empleado de una empresa que cumplía tareas de jardinería en la planta, la versión de la Federal apunta a cargar toda la culpa sobre uno de los delincuentes.

Según esa hipótesis, difundida por altas fuentes de la fuerza, uno de los ladrones, acorralado por la cantidad de policías que había en la zona, decidió disparar contra dos efectivos (a uno de los cuales asesinó), mató al rehén y se suicidó descerrajándose un disparo en la cabeza.

Pero también resurgió otro fantasma, de la mano de voceros oficiales: que los ladrones no sean simples delincuentes comunes o tengan algún tipo de apoyo de «grupos que estén buscando una suerte de desestabilización de las fuerzas policiales o de seguridad», según dijo el subsecretario de Seguridad Interior, Carlos Martín.

Todo comenzó a las 4.58 cuando una patrulla de la comisaría 51 pasaba por el enorme predio que Aguas Argentinas tiene entre las avenidas La Pampa, Lugones y Figueroa Alcorta y la calle Florencio Sánchez.

Uno de los policías del patrullero advirtió que dos coches, un Volkswagen Gol y un Ford Escort, estaban estacionados sobre Florencio Sánchez, en un lugar prohibido, y se acercó para identificarlos.

Cuando estaban en esa tarea la pareja del Escort comenzó a disparar contra los efectivos, mientras huía.

Sin sufrir ninguna herida, los efectivos arrestaron al conductor del Gol, quien vestía un chaleco antibalas y llevaba dentro del vehículo un fusil, una pistola calibre 45 milímetros en el asiento trasero y una caja de municiones.

Justo en ese momento llegaba al predio de Aguas Argentinas un camión de caudales de la empresa Juncadella-Prosegur con 270.000 pesos, que estaba destinado a recargar un cajero automático del Banco Galicia, ubicado en la planta y que utilizan los 400 empleados.

Según las estimaciones policiales, dentro de esas oficinas esperaban unos seis o siete individuos armados -y presuntamente vestidos como empleados de la empresa- que, apenas vieron que dos de los custodios descendían del camión de caudales, los acribillaron sin decir palabra.

Las víctimas fueron identificadas como Rafael Antonio Cozzolino, de 42 años, y Jorge Alarcón, de 59.

El tercer custodio del camión de caudales, que también había bajado del camión, alcanzó a resguardarse detrás del vehículo, mientras que el chofer dio marcha atrás y abrió las puertas para permitirle nuevamente el ascenso y quedar a salvo de los tiros.

Inmediatamente, sin poder apropiarse del dinero, algunos delincuentes desaparecieron de la planta, pero varios de ellos no alcanzaron a escapar del predio, ya que inmediatamente el lugar se llenó de policías.

Después de cinco horas de interrogar a los empleados y cuando creían que todo estaba terminado, uno de los trabajadores le advirtió al oficial inspector Rafael Erra que una de las personas que vestía el uniforme de la empresa no era conocido en el área donde se movía.

Cuando el oficial se aproximó para identificarlo, el sospechoso arrojó una campera y comenzó a disparar contra los policías que se le acercaban. Erra recibió un impacto en la cabeza y otro en una pierna y el sargento Carlos Frediczon recibió una esquirla de bala en el ojo izquierdo y otra en la mano derecha.

Cuando era trasladado en helicóptero al hospital Churruca el oficial, padre de dos hijos de 7 y 9 años, murió, mientras que el suboficial está fuera de peligro, aunque perdió la visión en uno de sus ojos.

El ladrón, desesperado, tomó como rehén al jardinero Rubén Maciel, con quien comenzó a deambular por el lugar hasta que -según la policía- le descerrajó un mortal disparo y luego se suicidó, disparándose con la misma pistola, al considerar que ya no podría escapar.

Como desde un principio los investigadores estimaron que la banda estaba integrada por entre 10 y 12 asaltantes, distintas divisiones de la Policía Federal y de la zona norte de la bonaerense realizaban operativos para dar con los prófugos.

En las inmediaciones y cerca del monumento al general Güemes, agentes de Robos y Hurtos detuvieron a otro sospechoso que vestía ropas de Aguas Argentinas y, según se comprobó luego, no trabaja para la empresa.

Horas después del hecho, la policía continuaba buscando prófugos en el escenario de la masacre y, según se supo, uno de los puntos más preocupantes es que debajo de la planta existe una «oscura miniciudad» con laberintos de túneles que llevaría días examinarla en detalle. (DyN y Télam)

Regresó a buscar una herramienta y lo mataron

BUENOS AIRES- Rubén Maciel, el jardinero asesinado durante el intento de asalto en Aguas Argentinas, fue tomado de rehén cuando regresaba a buscar una herramienta de trabajo que había olvidado.

Así lo relató uno de sus compañeros, quien aseguró -en coincidencia con la versión oficial- que el delincuente que lo retenía fue el que lo mató.

La confusión envolvió a los empleados de la planta Aguas Argentinas, quienes no sabían con certeza quiénes eran los policías y quiénes los ladrones. «Veíamos a policías y ladrones correr por el predio pero no sabíamos quién era quién, porque algunos agentes estaban vestidos de civil y algunos los delincuentes tenían trajes azules», contó uno de los trabajadores de la empresa.

Tanto él como sus compañeros llegaron ayer muy temprano a su puesto de trabajo y se encontraron con la planta tomada.

Venciendo el temor, uno de los empleados relató: «Vi como el delincuente mató a un policía a sangre fría, tras un rápido movimiento, y como hirió a otro, pero luego me oculté en el laboratorio».

La mayoría de los testimonios de los trabajadores se referían a la confusión generada por no saber como estaban vestidos los delincuentes, ya que uno de ellos tenía camisa de la empresa, y los policías no estaban todos uniformados.

«Yo estaba escondido en un depósito cuando entraron y me apuntaron. Levanté los brazos y grité que era empleado. Realmente sentí mucho miedo, porque no sabía si era policía o no», dijo el operario que se identificó como Carlos.


BUENOS AIRES- Un jardinero, dos custodios, un policía y un ladrón murieron ayer durante un violentísimo y espectacular intento de asalto a la planta potabilizadora de Aguas Argentinas, frente a los bosques porteños de Palermo, que insólitamente se reactivó cinco horas después con un tiroteo cuando un delincuente que quedó dentro del predio fue advertido por la Policía Federal.

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