“Mitos del fracking”
Anthony Ingraffea es doctor en Ingeniería Civil y trabaja en la Universidad de Cornell como profesor. Es una persona con amplia experiencia en la actividad petrolera, sus estudios se basan en simulación computarizada y estudios físicos de los complejos procesos de fracturación hidráulica. Junto a su equipo de investigación ha realizado más de 200 papers sobre el tema. Este buen hombre ha pasado a ser una de las voces académicas de mayor reconocimiento mundial que se opone fervientemente al desarrollo de la tecnología de extracción hidrocarburífera no convencional en el mundo. Algunos de sus argumentos son expuestos en el breve documental “El infierno del fracking” que los lectores pueden fácilmente googlear. Pero la denuncia de las funestas consecuencias de la hidrofractura no terminan ahí. A lo largo y a lo ancho de su país brinda a menudo conferencias en las cuales expone algunos de los “mitos del fracking”: Mito 1: “El fracking es una tecnología con 60 años de desarrollo”. Realidad: la explotación no convencional con gran volumen de fluido de fractura de baja fricción desde pozos laterales no es una tecnología con experiencia contrastada, sino que está siendo desarrollada sobre la marcha. Esto hace que los estudios científicos sobre los impactos acumulativos de esta tecnología y los accidentes causados por la misma no hayan sido analizados en profundidad. Mito 2: “La migración de fluidos por problemas en la construcción de pozos es un fenómeno raro”. Realidad: la migración de fluidos por problemas de construcción y mal aislamiento es un problema crónico de la industria petrolera, (ver gráfico – Brufatto et al., Oilield Review, Schlumberger, Otoño 2003). En el Golfo de México se presenta un promedio de 6% de problemas de fugas en el primer año de los pozos y de un 50% en 15 años. Además de ser un fenómeno bien conocido, estudiado e imposible de resolver por la industria, existen varias causas: fallos de cementación, percolación en la fragua; fallos de diseño de cementación; pérdida de hermeticidad por estrés debido a las compresiones y descompresiones a las que se ve sometido el sistema; fallos de entubación: roturas, corrosiones, juntas; cruce de fluidos entre pozos adyacentes. Los pozos abandonados pueden hacer el papel de transmisores de fluidos entre los estratos profundos de rocas y los estratos superficiales de acuíferos que bebe la población. Todo esto provoca contaminación de agua potable por migración de fluidos de perforación, fluidos de fracturación y por hidrocarburos, metales pesados y sustancias radioactivas. Mito 3: “El uso de plataformas de pozos agrupados (locación múltiple) reduce el impacto”. Realidad: en un lugar donde antes no había pozos de perforación es obvio que el impacto no se reduce, sino que aumenta. El uso de plataformas de pozos agrupados facilita y prolonga una extensa industrialización y deja una huella grande que perdura en el tiempo. Provoca contaminación acústica y luminosa, más probabilidades de vertidos y derrames de fluido de fracturación, operaciones de venteo y emisiones accidentales de los gases producidos, además de volúmenes ingentes de agua de desecho contaminada. Mito 4: “El gas natural es una energía fósil limpia”. Realidad: el gas metano es un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO2. El metano escapa a la atmósfera durante el periodo inicial de retroceso del fluido de fracturación, rutinaria y continuamente en el emplazamiento del pozo, durante los procesos de licuefacción y regacificación, durante las operaciones de transporte, almacenamiento y distribución. Esto hace que si observamos el ciclo de vida completo del gas natural no convencional, vemos claramente que no es más limpio que el carbón, con lo cual no es factible considerarlo como fuente energética de transición hacia un futuro bajo en carbono. Todo lo contrario, acelera el proceso de calentamiento global. Estos fueron sólo algunos de los aspectos que enumera el doctor Ingraffea, ¡hay más! Lamentablemente, el espectro político que detenta las mayorías en los órganos de gobierno busca evitar estos cuestionamientos y subestimarlos. Está tratando de convencernos de que con la infraestructura existente de órganos específicos se podrá controlar el desarrollo masivo de la actividad a lo largo y a lo ancho del país. Control que depende en gran medida de las declaraciones juradas que realizan las mismas empresas. Pablo Silveira, DNI 31.595.723 – Allen
Pablo Silveira, DNI 31.595.723 – Allen
Anthony Ingraffea es doctor en Ingeniería Civil y trabaja en la Universidad de Cornell como profesor. Es una persona con amplia experiencia en la actividad petrolera, sus estudios se basan en simulación computarizada y estudios físicos de los complejos procesos de fracturación hidráulica. Junto a su equipo de investigación ha realizado más de 200 papers sobre el tema. Este buen hombre ha pasado a ser una de las voces académicas de mayor reconocimiento mundial que se opone fervientemente al desarrollo de la tecnología de extracción hidrocarburífera no convencional en el mundo. Algunos de sus argumentos son expuestos en el breve documental “El infierno del fracking” que los lectores pueden fácilmente googlear. Pero la denuncia de las funestas consecuencias de la hidrofractura no terminan ahí. A lo largo y a lo ancho de su país brinda a menudo conferencias en las cuales expone algunos de los “mitos del fracking”: Mito 1: “El fracking es una tecnología con 60 años de desarrollo”. Realidad: la explotación no convencional con gran volumen de fluido de fractura de baja fricción desde pozos laterales no es una tecnología con experiencia contrastada, sino que está siendo desarrollada sobre la marcha. Esto hace que los estudios científicos sobre los impactos acumulativos de esta tecnología y los accidentes causados por la misma no hayan sido analizados en profundidad. Mito 2: “La migración de fluidos por problemas en la construcción de pozos es un fenómeno raro”. Realidad: la migración de fluidos por problemas de construcción y mal aislamiento es un problema crónico de la industria petrolera, (ver gráfico - Brufatto et al., Oilield Review, Schlumberger, Otoño 2003). En el Golfo de México se presenta un promedio de 6% de problemas de fugas en el primer año de los pozos y de un 50% en 15 años. Además de ser un fenómeno bien conocido, estudiado e imposible de resolver por la industria, existen varias causas: fallos de cementación, percolación en la fragua; fallos de diseño de cementación; pérdida de hermeticidad por estrés debido a las compresiones y descompresiones a las que se ve sometido el sistema; fallos de entubación: roturas, corrosiones, juntas; cruce de fluidos entre pozos adyacentes. Los pozos abandonados pueden hacer el papel de transmisores de fluidos entre los estratos profundos de rocas y los estratos superficiales de acuíferos que bebe la población. Todo esto provoca contaminación de agua potable por migración de fluidos de perforación, fluidos de fracturación y por hidrocarburos, metales pesados y sustancias radioactivas. Mito 3: “El uso de plataformas de pozos agrupados (locación múltiple) reduce el impacto”. Realidad: en un lugar donde antes no había pozos de perforación es obvio que el impacto no se reduce, sino que aumenta. El uso de plataformas de pozos agrupados facilita y prolonga una extensa industrialización y deja una huella grande que perdura en el tiempo. Provoca contaminación acústica y luminosa, más probabilidades de vertidos y derrames de fluido de fracturación, operaciones de venteo y emisiones accidentales de los gases producidos, además de volúmenes ingentes de agua de desecho contaminada. Mito 4: “El gas natural es una energía fósil limpia”. Realidad: el gas metano es un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO2. El metano escapa a la atmósfera durante el periodo inicial de retroceso del fluido de fracturación, rutinaria y continuamente en el emplazamiento del pozo, durante los procesos de licuefacción y regacificación, durante las operaciones de transporte, almacenamiento y distribución. Esto hace que si observamos el ciclo de vida completo del gas natural no convencional, vemos claramente que no es más limpio que el carbón, con lo cual no es factible considerarlo como fuente energética de transición hacia un futuro bajo en carbono. Todo lo contrario, acelera el proceso de calentamiento global. Estos fueron sólo algunos de los aspectos que enumera el doctor Ingraffea, ¡hay más! Lamentablemente, el espectro político que detenta las mayorías en los órganos de gobierno busca evitar estos cuestionamientos y subestimarlos. Está tratando de convencernos de que con la infraestructura existente de órganos específicos se podrá controlar el desarrollo masivo de la actividad a lo largo y a lo ancho del país. Control que depende en gran medida de las declaraciones juradas que realizan las mismas empresas. Pablo Silveira, DNI 31.595.723 - Allen
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