Monteiro Lobato: literatura, petróleo y política

HÉCTOR LANDOLFI (*)

Monteiro Lobato (Taubaté, 1882; San Pablo, 1948) fue un trascendente creador de literatura infantil en lengua portuguesa. En Brasil, su figura es venerada y su obra alcanzó una enorme difusión. El escritor brasileño realizó también actividades en campos ajenos a la literatura como en la industria petrolera, en la editorial y en la actividad diplomática. Fue agregado comercial de Brasil en los Estados Unidos y allí pudo apreciar esa vitalidad emprendedora que él deseaba para su tierra. Fundó y fue uno de los directores de la Compañía Editora Nacional. Creó la Compañía de Petróleos del Brasil, cuando el país sudamericano prácticamente no tenía petróleo. Esa carencia aparente no amilanó a Lobato quien siempre pregonó que su país tenía escondidas grandes cantidades del apetecido oro negro. El futuro, que Lobato no vería, se encargó de darle la razón. Hoy Brasil tiene una de las mayores reservas petrolíferas del mundo. A principios de la década del 40 del siglo pasado, la Editorial Américalee de Buenos Aires, fundada por Domingo Landolfi, decidió traducir y editar en castellano la obra infantil del autor brasileño. Fue un esforzado emprendimiento editorial llevado a cabo durante más de un lustro en el cual se tradujo, ilustró e imprimió una colección de 23 títulos infantiles. Esta serie de libros tuvo enorme éxito en la Argentina y en toda América Latina y su difusión sirvió para que varias generaciones de niños pudieran aprender y disfrutar con su lectura. Monteiro Lobato no se limitó a conceder, mediante contrato, la autorización a publicar su obra en castellano, también se involucró en la traducción y la promoción de sus libros. En carta del 22 de febrero de 1943 dirigida a su editor argentino, el autor brasileño decía: “Aquí en Brasil suspendí todas mis otras actividades para dedicarme exclusivamente a la preparación de mis libros para la edición en español”. Monteiro Lobato se trasladó a Buenos Aires y participó en la promoción integral de su obra. Entre estas actividades merece destacarse el montaje de un teatro para títeres en Harrod’s, la gran tienda de la calle Florida de ese entonces, con los personajes de sus obras: Perucho, Naricita, Emilia y la tía Anastasia. No puede desconocerse que la enorme difusión de las obras de Lobato se debía a que reunían tres condiciones importantes para la enseñanza infantil: disfrute con su lectura, adecuado sentido didáctico y una notable calidad literaria. Creo que no es exagerado decir que este esfuerzo editorial realizado entre Argentina y Brasil puede considerarse como un antecedente del Mercosur cultural. El nombre del traductor de la obra infantil de Monteiro Lobato –del portugués al castellano– que figura en sus libros es M. J. de Sosa. Esta denominación expresa un seudónimo que esconde a la persona de Ramón Prieto. Ramón Prieto fue un español de vida azarosa y aventurera. Peleó contra Franco en la Guerra Civil Española y al caer la República se refugió en Brasil y se incorporó a la fuerza política liderada por Getulio Vargas. Gracias a su capacidad y a sus contactos internacionales se convirtió rápidamente en asesor del presidente brasileño. Para ese entonces Prieto conoció a Monteiro Lobato y aprendió el idioma portugués, lo que le permitiría traducir al castellano la obra de nuestro autor. También Prieto se vinculó con Perón, dada la intensa relación política que Getulio Vargas mantenía con el presidente argentino. Cuando el primer mandatario brasileño cayó, Prieto emigró a la Argentina y se transformó en asesor y propagandista del gobierno de Perón. Aquí demuestra su otra capacidad: la de desdoblarse para servir a las distintas líneas que competían por debajo del líder argentino. Producido el derrocamiento del gobierno peronista (1955) Prieto conoció a Arturo Frondizi y cumplió con él la misma tarea que cumplió con Vargas y con Perón. Arturo Frondizi obtuvo la presidencia de la República Argentina en 1958, gracias al apoyo del electorado peronista. Pero ese respaldo fue producto de un pacto entre Perón y el dirigente radical, en cuyas negociaciones Prieto participó activamente. Si bien Rogelio Frigerio, brazo derecho de Frondizi, fue el encargado “oficial” de conducir las negociaciones entre ambos políticos, Prieto desempeñó un papel importante en el logro de ese acuerdo. El traductor de Monteiro Lobato contaba con una ventaja que no tenían otros políticos, tenía a su favor la confianza tanto de Perón como la de Frondizi. El español viajó varias veces a Madrid –su buena relación con Perón le daba inmunidad ante una posible represalia franquista– por encargo de Frondizi para conversar con el exiliado expresidente. No lo hacía en forma directa desde Buenos Aires: se trasladaba previamente a Brasil, para eludir la vigilancia de los servicios de inteligencia argentinos, y desde ahí viajaba a la capital española. Tampoco regresaba en forma directa, lo hacía por Montevideo. Prieto volcaría esta experiencia en su libro “El Pacto”. La azarosa presidencia de Frondizi cayó bajo el acoso de los incesantes planteos militares y por el retiro del apoyo del electorado peronista. Luego del derrocamiento de Arturo Frondizi, Frigerio y Prieto, siguiendo directivas del expresidente, planificaron la organización del MID (Movimiento de Integración y Desarrollo) para desprenderlo del radicalismo y transformarlo en un partido político independiente. Ramón Prieto volcó en esta actividad toda la experiencia acumulada durante su larga vida política. El círculo que Prieto comenzó en Brasil al conocer a Monteiro Lobato y a su prédica por un petróleo brasileño se cierra en la Argentina al traducir su obra al castellano y secundar a Frondizi en su “Batalla del petróleo”, nudo central de la política del expresidente. La obra del gran escritor brasileño queda como uno de los más beneficiosos compañeros que tuvieron los niños suramericanos. (*) Exdirectivo de la industria editorial argentina


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