Murió Brinzoni, sucesor de Balza en el Ejército

Tenía 60 años. Comandó la fuerza a partir de la asunción de De la Rúa hasta la llegada de Kirchner a la Casa Rosada. Negó tener responsabilidad en la "Masacre de Mar

El ex jefe del Ejército, teniente general Ricardo Brinzoni, falleció ayer en el Sanatorio Otamendi de esta capital, a los 60 años, víctima de una enfermedad terminal.

Brinzoni fue cuestionado por su participación en la dictadura y en la denominada «Masacre de Margarita Belén». El 13 de diciembre de 1976 un grupo de prisioneros que se encontraban detenidos en la Alcaldía policial de Resistencia, Chaco, fueron torturados y fusilados por personal militar, siendo Brinzoni el secretario de la intervención castrense en la provincia.

Por esta responsabilidad institucional, en mayo del 2001, el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) presentó una querella criminal contra Brinzoni y otros responsables de los homicidios agravados y torturas contra 22 personas.

Brinzoni negó todo vínculo con la «Masacre de Margarita Belén», pero en declaraciones periodísticas admitió que se trató de un operativo organizado y no de un enfrentamiento con supuestos «subversivos», como argumentó en aquel momento el Ejército.

En una entrevista concedida en 2001 al diario Norte de Resistencia, Brinzoni habló sobre la masacre de Margarita Belén. «Lo que se hoy, no es obviamente lo que supe en aquel momento. Me enteré de lo sucedido por un comentario que me hizo el coronel Jose Zuconi cuando pasó por mi oficina. Era un enfrentamiento que se había producido cerca de Margarita Belén», dijo en ese reportaje.

«Durante mucho tiempo creí en la versión oficial, pero con el paso de los años comencé a escuchar otras voces que decían que no hubo tal enfrentamiento, sino que había sido una acción planeada deliberadamente para eliminar a terroristas», sostuvo.

Afirmó que «los primeros comentarios los escuché acá en Buenos Aires en 1980» y agregó que allí «comencé a averiguar e investigar por mi cuenta. Así llegué a la triste conclusión de que jamás existió enfrentamiento alguno. Me cuesta decirlo pero aquello fue un fusilamiento encubierto de detenidos que estaban en la U 7, los que fueron disimuladamente trasladados y eliminados durante el viaje», aseguró Brinzoni en aquella entrevista.

El militar murió ayer, tras haber asumido la conducción del Ejército el 15 de diciembre de 1999, durante la gestión del presidente Fernando De la Rúa, cargo que ostentó también durante el mandato de Duhalde.

El militar nació el 6 de octubre de 1945 en la Capital Federal y egresó del Colegio Militar como subteniente del arma de artillería en diciembre de 1964, con el mejor promedio de su promoción. Era paracaidista y aprobó con mención especial los cursos de oficial de Estado Mayor y Superior Conjunto de las Fuerzas Armadas y de la Escuela de Lenguas de Francia.

Brinzoni dejó la institución el 28 de mayo del 2003, cuando el presidente Kirchner dispuso su desplazamiento y promulgó al frente del Ejército al actual jefe, general Roberto Bendini.

Al día siguiente de su desplazamiento, Brinzoni cuestionó su salida al confesar que le «dolía» esa decisión, «no por lo personal, sino por las circunstancias inexplicadas que la enmarcan».

Fuentes militares informaron que se realizó una misa de cuerpo presente en la capilla del Regimiento de Infantería Patricios del barrio de Palermo. Será sepultado en un cementerio privado.

(DyN y Télam)

Un militar de su tiempo

Ricardo Brinzoni fue un típico oficial del Ejército y del país que le tocó vivir. No podía escapar al signo de la inestabilidad institucional y la violencia que signó a generaciones de argentinos.

Sereno y con sólida formación intelectual, siempre encuadró todo ese pasado en las palabras «tragedia sin fin que finalmente parece tener fin».

Aspiró a un Ejército profesional que fuera parte consustancial de un sistema social que «nos dignificara a todos, pero poco faltó para que todos termináramos contra todos», comentó a este diario cuando ya la enfermedad que lo llevó a la muerte lo sometía.

Murió convencido de que era muy difícil que le creyeran que no había participado de la «Masacre de Margarita Belén». Se lo dijo a las Abuelas de Plaza de Mayo, con quienes solía conversar sobre aquel sangriento pasado.

Tuvo el honor de no esquivar definiciones sobre aquel hecho: Me avergüenza lo que se hizo – le dijo a este diario.

Llegó a general en el Ejército que ponía en caja Martín Balza a partir del '91. Hombre parco y de bajo perfil a la hora de los vínculos, quizá no le gustaron muchas de las exteriorizaciones de aquel otro general. Pero fue uno de los arquitectos del orden en que Balza puso al Ejército. En esa tarea le tocó manejar la reducción de la mastodóntica estructura de la fuerza. Un tema sobre el cual le sedujo debatir públicamente

Tenía pasión por Bariloche, donde se había comprado una casa «para cuando sea viejo». Un lugar donde solía recordar la movilización por el Beagle. «Me destinaron a la frontera con Chile en Salta. La munición para los obuses nos llegó cuando ya habíamos acordado la intervención de El Vaticano» – reflexionaba.


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