Murió Carlos Páez Vilaró en Casapueblo, su gran creación
El artista plástico uruguayo Carlos Páez Vilaró tenía 90 años de edad. Su vida estuvo ligada a la Argentina. Su obra emblemática es Casapueblo, en Punta Ballena, Punta del Este. Esta gran creación suya fue influyente en el estilo que adquirió Las Grutas a propuesta suya en una visita que hizo al balneario rionegrino.
EL MUNDO
El artista plástico uruguayo Carlos Páez Vilaró murió en Casapueblo, la residencia que él mismo había construido a orillas del mar y a la que había definido como una “escultura viviente’’. Tenía 90 años.
“No hay un pésame. Papá trabajó hasta el último día, la única frase que le cabe es `que descanse en paz’. Hasta el último minuto estuvo laburando y pensando proyectos para adelante. Eso fue lo que lo mantuvo hasta los 90 años. Si me tocara vivir una vida así, yo firmo, porque llegó lúcido e impecable, con seis hijos. Murió hace dos horas y no paran de sonar los teléfonos. Fue un referente para todo el Uruguay’’, dijo su hijo Carlo.
Pintor, escultor y ceramista, Páez Vilaró estuvo desde joven muy vinculado a la cultura de los negros uruguayos, que inspiró buena parte de su obra. Nueve días antes de morir participó del desfile de Llamadas, la fiesta más tradicional el carnaval uruguayo, en la cual las comparsas de “negros y lubolos (blancos pintados de negro)’’ marchan haciendo sonar sus tambores al ritmo del candombe, música de origen africano traída por los esclavos.
En esa oportunidad, el pintor anunció que era la última vez que desfilaba en las Llamadas.
Páez Vilaró había nacido en Montevideo el 1ro de noviembre de 1923.
En la década de 1940, motivado por el tema del candombe, comenzó a decorar los tambores de las comparsas afrouruguayas, en un momento en que la fiesta de los descendientes africanos no gozaba de la aceptación masiva de hoy. Su pasión por las fiestas y la cultura afro no lo abandonó nunca. Los motivos de sus coloridos cuadros recorrieron todos los tópicos de la cultura negra local y su pasión lo llevó a recorrer buena parte de África, donde visitó Liberia, Senegal, Congo, Camerún y Nigeria.
En ese continente trabajó como coguionista de la película Batouk, que cerró el festival de Cannes en 1967.
En 1972 le tocó vivir uno de los momentos más duros de su vida, cuando el avión en el cual viajaba su hijo Carlos, junto con sus compañeros de un equipo de rugby, se estrelló en la cordillera de los Andes. Páez Vilaró nunca dio por perdido a su hijo y fue uno de los padres que insistió en continuar buscando a los muchachos desparecidos en la montaña, a pesar de que la búsqueda oficial por parte de las autoridades había sido abandonada. Finalmente y tras 72 días, el hijo del pintor fue uno de los 16 jóvenes que apareció con vida. El caso, conocido como el “milagro de los Andes’’, ha sido contado en libros y películas de cine.
Destacado muralista, sus grandes y coloridos murales se pueden apreciar en decenas de edificios públicos en distintas partes del mundo: desde la sede de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington, a la Biblioteca Nacional argentina en Buenos Aires. Convencido de que el color podía aliviar el dolor, pintó murales en hospitales, como el Hospital de San Fernando (Chile), el Hospital de Niños de Anillaco (La Rioja, Argentina) y el Hospital de la Universidad de Georgetown (Estados Unidos). En Las Grutas, Río Negro, también dejó un mural de su autoría.
Páez Vilaró falleció en Casapueblo, una residencia de formas impredecibles, considerada una “escultura habitable’’ que construyó por sus propias manos en los acantilados de Punta Ballena, frente al mar, a 16 kilómetros del balneario de Punta de Este. La construcción comenzó en la década del 50 y la obra se fue ampliando y modificando año a año. Allí vivía el artista, tenía su taller, un museo y también funciona un hotel.
Páez Vilaró tuvos fuertes vínculos con nuestra región, especialmente con el balneario Las Grutas, en Río Negro. Justamente, este verano un vecino de la villa balnearia recordaba que él fue testigo cuando el uruguayo visitó este lugar cuando recién se vislumbraba todo el potencial que tenía la costa atlántica a la altura de San Antonio Oeste. El estilo arquitectónico dominante de Las Grutas, el mediterráneo, se debe a él, se coincide en afirmar con documentación que así lo respalda. Autoridades y vecinos, ante su presencia, decidieron que la villa usaría el estilo que el artista usó en su Casa Pueblo.
En agradecimiento a esta impronta que esta zona le permitió dejar, en 2010 Paez Vilaró le regaló a Las Grutas un logotipo de bodas de oro. El dibujo contenía una sirena, un pez y una gaviota sobre el fondo azul del mar. “Nos honra el gesto de una personalidad de la cultura rioplatense tan importante como el maestro Páez Vilaró y aceptamos este regalo en nombre de aquellos fundadores” dijo el intendente Iud en esa oportunidad.
Agencias AP y DPA y archivo “Río Negro”
Carlos Páez Vilaró, artista hasta el final. Foto archivo
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