Memorias de una abuela mapuche: “Debemos contar nuestra historia”

Lucía prefiere usar su apellido originario, Kañiwkura, al de su DNI. Es “pijankuse” (anciana sabia) mapuche. Reflexiona sobre la fecha y el deseo de volver a su tierra natal.

12 oct 2018 - 00:00

Doña Lucía se apellida Aburto pero no habita esas 6 letras. En sus ojos, en su voz que llora cada vez que repite la palabra padre, se refleja su verdadero apellido: Kañiwkura, que significa Piedra Sonante. En su testimonio suena y resuena la historia de los numerosos mapuches que fueron asesinados en la “Conquista del Desierto” que se dio en Argentina entre 1878 y 1885 y también antes con la llegada de los españoles a partir del siglo XV.

“Mi papá siempre me dijo que el 12/10 no es el Día de la Raza –como nos enseñaban a nosotros antes del 2010 en las escuelas– si no que es el día en que los Wigkas nos vinieron a arrebatar las tierras. Ellos no nos vinieron a conquistar con la palabra, ellos vinieron a matarnos y a quemarnos. Es un día muy triste para nosotros”, afirma Lucia, que es Pijankuse (anciana sabia) del Rehue (el lugar sagrado en el que se hacen las ceremonias).

Lucía volverá en los próximos meses, después de 47 años, a la tierra que la vio nacer. Aquella a la que su papá llegó después de mucho “ser corrido” por los wigkas (hombre blanco). Uno de sus hermanos y sus hijos la acompañarán a vivir allá, en ese hermoso paraje llamado Ciwkiliwiñ, ubicado entre Junín y el Paso Tromen. “Sólo quedan los frutales pero pronto estará mi casa”, dice emocionada.

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“Mi papá creció cerca de Jacobacci, pero lo perseguían, lo molestaban y su papá lo mandó a hacer la secundaria a un pueblo de Chile porque allí no lo discriminarían. Luego llegó a Ciwkiliwiñ, ese , y allí lo recibió Piciñam, un viejito que vivía ahí que había prestado servicio al Ejército Argentino en la mal llamada Conquista del desierto. Ese viejito ayudó a los criollos para sobrevivir. Ahí llegó mi papá y el viejito, que estaba solito con sus dos hijos, le dijo ‘vos vas a ser como mi hermano’, y así fue que se quedó, conoció a mi mamá y ahí crecimos todos”, dice Lucia.

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Lucía cuenta que a Piciñam lo llamaban Pereyra y que luego de la Conquista les dijeron ‘armen sus comunidades pero no se pongan Logkos o Werken, si no denomínense caciques’” como forma de perpetuar la conquista y la quita de identidad mapuche.

Sin embargo, luego de un tiempo ella se dio cuenta que quería brindarles un futuro mejor a sus hijos y se vino a Neuquén y nunca más regresó al pueblo. “Vine con mis 4 hijos a buscar vida. Y trabajé de limpieza en casas porque eso es lo único que me permitieron hacer y tejer, porque con eso me alcanzaba para mantenernos. Los wigkas me trataban muy mal, me decían india y no me daban oportunidades, pero me las busqué sola”, cuenta Lucia.

Hoy, años antes de que en 2010 el “Día de la Raza” haya sido cambiado por el “Día de la diversidad cultural americana”, fueron los hijos y nietos de estos primeros habitantes originarios quienes se han encargado de mantener viva la lucha de sus ancestros. Comenzando porque muchos han vuelto a poner esos nombres en mapuche.

 Memorias de una abuela mapuche: “Debemos contar nuestra historia”
Nieta y abuela comparten la lucha por sus derechos y valores.

“Mi generación trae justicia, principios, derechos y valores mapuches que lograron nuestros ancestros con su lucha”, agrega Mewlenko Nahuel Huilipan, nieta de Doña Lucía.

Lucía pareciera contar los días para volver a vivir su vida antigua. Para volver a cuidar animales, hacer huerta, sembrar –que por las flores que se ven en su patio le sale muy bien– hacer leche y queso. “Siempre quise volver. Eso se lo recalqué mucho a sus hijos. El pasado no se debe olvidar, debemos hablar y contar nuestra historia. Y mi historia comenzó allá, quisiera volver a conectarme con ella porque acá, aún con todo el dolor que llevo dentro, cumplí un ciclo, una muy buena vida”, concluye Doña Lucía, mujer sabia.

“Mi papá siempre me dijo que el 12/10 no es el día de la raza sino que es el día en que los Wigkas nos vinieron a arrebatar las tierras”.
Lucia Kañiwkura (significa piedra sonante) y su definición del 12 de octubre.
“Mi generación trae justicia, principios, derechos y valores mapuches que lograron nuestros ancestros con su lucha”.
Mewlenko Nahuel
Huilipan, nieta de Doña Lucía
Doña Lucía vive hoy en Neuquén, pero desea volver al paraje donde nació, Ciwkiliwiñ, entre Junín de los Andes y el Paso Tromen, del cual emigró hace 47 años.
Desde 2010, el antiguo “día de la raza” fue reemplazado por el Día de la Diversidad Cultural Americana para reconocer a los pueblos originarios.

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