Noche de fantasía y drag queens en Roca
Los sábados a la madrugada irrumpen con su performance.
Habría que aclararlo: la drag queen no es un travesti. No es un chico que quiere ser chica. Es un chico que juega a ser diva. Con sus brillos y sus tacos imposibles. Con su caricatura saturada, desbordada. Con su fantasía y su ambigüedad.
A cara lavada, a las once de la mañana, recién levantados y fumando un cigarrillo tras otro, Ian y César están bastante lejos de todo aquello. No importa: ellos lo prefieren así. «Es que en los ensayos y en la etapa previa al show no podríamos hablar tranquilos, somos medio insoportables antes de las presentaciones», dirán. Así que ahora, sentados, relajados, lanzan la frase que resume el espíritu de lo que hacen: «Lo que nos interesa es provocar, desafiar, que la gente salte, se exprese, se caliente, incluso que cambien sus ideas, sus prejuicios. Eso es lo que queremos».
Los dos son chilenos, tienen 25 y 18 años y desde hace pocos meses se instalaron en Roca con sus performances que combinan mucho maquillaje, mucho cuero, cuerpos casi desnudos, cierto erotismo naif y un particular universo dominado por la estética dark y la cultura queer. Reinan en plena madrugada y separados de la tierra por tacones de más de 20 centímetros imponen su juego: allí donde el «se mira y no se toca» se cumple como religión, donde los géneros se confunden y todos miran, todos comentan. Y así consiguen eso para lo que han venido: convertir al boliche en el terreno de la fantasía.
Que hablen ellos: «La drag queen es básicamente una exageración de la mujer, como si fuera una caricatura, pero nada tiene que ver con el travestismo. Lo nuestro es más teatral, más artístico, no es sexual. Nuestra propuesta no es un show de desnudos y nada más. Utilizamos el cuerpo, desnudo o no, para transmitir algo o simplemente para poner a la gente a bailar, para provocarlos», asegura Ian, quien hasta el año pasado era uno de los transformistas más famosos de Santiago y allí brillaba con nombre propio: «Súbita». Y César (alumno aplicado-bailarín desde la cuna-estudiante del INSA-centro de atención permanente) completa la idea: «En Chile propuestas como estas son cada vez más populares, acá en la región no tanto, por eso elegimos venir para acá y no a Buenos Aires por ejemplo, donde está saturado. Confiamos en que la gente acepte lo que hacemos y lo pueda ver como un hecho artístico, hasta ahora nos ha ido bastante bien. Siempre que terminan los shows se nos acercan y nos felicitan, tanto hombres como mujeres. Eso está muy bueno, porque nuestra propuesta no está dirigida a un determinado público, no lo hacemos en representación de ninguna minoría sexual, va más allá de eso». Probablemente ese sea el primer quiebre: llevar a un terreno «neutral» aquello que es propio del ambiente gay. Allí donde juegan de locales y las miradas están menos acostumbradas a la sanción. Y por ello una última aclaración: para ser drag queen no necesariamente hay que ser gay. Desde que esta movida nació hace más de dos décadas cada vez son más los varones que se declaran heterosexuales y deciden convertirse en las dueñas de la noche, con brillos, purpurinas y su ambiente festivo. Se sabe: el primer requisito para comenzar a fantasear es dejar los prejuicios a un lado. Ian y César lo saben bastante bien.
(Sus performances se pueden ver los sábados a la noche en el multiespacio cultural de México 652, de Roca)
ADRIAN ARDEN adrianarden@rionegro.com.ar
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