Nuevo escándalo: EE. UU. no sólo espió a Alemania y Brasil. También a Francia

Redacción

Por Redacción

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El nuevo golpe de la plataforma de filtraciones WikiLeaks no ocupa más que cuatro páginas, pero la revelación de que los servicios de inteligencia estadounidenses interceptaron conversaciones de los últimos tres presidentes franceses ha hecho estallar la indignación en tierras galas. “Furia” fue lo que dijo sentir el primer ministro, Manuel Valls, al conocer la noticia. Francia afronta ahora lo que hace poco vivieron Brasil y Alemania.

El escándalo ya le ha valido muchos dolores de cabeza al gobierno de Barack Obama: al conocerse las escuchas a un móvil de la canciller alemana, Angela Merkel, e interceptaciones de comunicaciones de la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, la administración estadounidense vio tensarse la cuerda en varios frentes internacionales.

Y cuando las demás aguas parecían calmas, apareció un nuevo frente, el francés, en el que no sólo se ven afectadas llamadas del actual jefe de Estado, François Hollande, sino también de sus predecesores, Nicolas Sarkozy y Jacques Chirac.

Este proceder es inaceptable entre aliados, hizo saber el Elíseo, que también se encargó de recordar que Washington y París comparten más de un interés estratégico, según palabras del portavoz Stéphane Le Foll. Entre otros asuntos, Francia es un estrecho aliado de Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo islamista.

Las revelaciones, en su contenido, no son explosivas, aunque sí resultan un tanto embarazosas para los implicados. Por ejemplo, los espías estadounidenses apuntaron en el 2008 que Sarkozy, siendo presidente, decía ser el único que podía solucionar la crisis financiera. También transmitieron que su sucesor, Hollande, se pronunció en términos nada diplomáticos sobre la canciller alemana justo después de asumir la presidencia de Francia y después organizó rápidamente un encuentro con los socialdemócratas alemanes.

En otros documentos confidenciales se habla de una iniciativa de paz para Cercano Oriente o sobre los intentos de Chirac de influir a un alto funcionario de Naciones Unidas. Artimañas que los gobiernos prefieren mantener debajo del mantel.

El periódico francés “Libération” apuntó que la documentación, que data de entre el 2006 y el 2012, no ha destapado nada que haga tambalear al gobierno de Francia. Lo que pesa es más bien la pérdida de confianza de los políticos de toda tendencia, aunque Estados Unidos asegura no estar interceptando actualmente comunicaciones de Hollande, sin entrar en detalle sobre sus actividades de inteligencia pasadas.

Sin embargo, hay voces que alertan de la gravedad de las revelaciones. El jefe de fracción socialista Bruno Le Roux habló de una violación de la soberanía francesa.

“Es la República de Francia la que ha sido espiada sistemáticamente por sus supuestos aliados”, apuntó también Edwy Plenel, del portal de investigación Mediapart, que trabaja con el fundador de WikiLeaks, Julian Assange. El portal, que tuvo acceso a diversos documentos, asegura que también se espió a funcionarios de gobierno, políticos y diplomáticos. Y, de hecho, Assange ya ha anunciado que se publicarán más escritos.

Estas escuchas podrían tener además consecuencia en la relación de París con Berlín, cuya inteligencia es acusada de haber colaborado con la estadounidense NSA en el monitoreo de comunicaciones de empresas y políticos europeos, entre ellos, franceses.

El documento en el que Hollande habla sobre Merkel lleva como fuente “satélite extranjero” y por ahora no ha trascendido qué país habría colaborado con los estadounidenses en esta escucha. El vicepresidente de la comisión alemana que investiga estas denuncias, Patrick Sensburg, dijo a DPA que “es más bien poco probable” que Alemania haya estado involucrada en el caso de París.

Sebastian Kunigkeit

DPA

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