Nuevo partido populista en España
ALEARDO F. LARÍA aleardolaria@rionegro.com.ar
Las últimas elecciones europeas han dado luz a un nuevo partido político en España. En apenas tres meses desde su constitución, Podemos se ha alzado con 1,2 millones de votos –el 8% del total– y ha conseguido enviar cinco europarlamentarios a la Eurocámara. Se trata de una fuerza que deriva de las protestas de los “indignados” que ocuparon la Puerta del Sol de Madrid el 15M (15 de mayo de 2011). Reivindican un programa de nacionalizaciones similar al que proclama el populismo en América Latina. El expresidente Felipe González ha manifestado su temor ante la “catástrofe que supondría para España y para Europa que prendan alternativas bolivarianas influidas por algunas utopías regresivas”. La prolongada crisis económico-financiera que ha soportado España permite explicar el fenómeno. Los movimientos o partidos populistas históricamente han surgido como consecuencia de una grave crisis económica, política o social. La existencia de sectores sociales descontentos o golpeados por una crisis es el presupuesto que permite la formación de partidos políticos de nuevo cuño. Gino Germani utilizó el concepto de “masas en disponibilidad” para explicar la aparición de liderazgos que buscan interpelar a esos sectores. Más recientemente Loris Zanatta ha señalado que el populismo emerge “en sociedades que se encuentran en fases delicadas y a menudo convulsivas de la modernización o de la transformación”. Otra parte del éxito del nuevo partido hay que atribuirla al uso inteligente de las nuevas tecnologías. Han conseguido una enorme presencia en las redes sociales, donde el perfil @ahorapodemos de la red de microblogs es muy activo. Los integrantes del equipo de redes del nuevo partido, con una edad media de entre 25 y 30 años, debatían largamente qué tema o palabra podrían ser tendencia en la red para luego difundirla en todas las direcciones. Se considera que el joven líder del partido, Pablo Iglesias, profesor universitario y presentador de televisión, es el político más influyente en Europa en redes sociales. Tiene 322.000 seguidores en Twitter y 380.00 en Facebook. Según la opinión de una experta, los mensajes de Iglesias pueden haber llegado en forma directa a unos dos millones de personas. El carácter populista del nuevo partido se revela en el análisis de su programa económico: reducción de la edad de jubilación a los 60 años y de la jornada laboral a 35 horas semanales, derecho a una renta básica a todos los ciudadanos por el solo hecho de serlo –es decir aunque no trabajen–, derogación del artículo de la Constitución Española que pone límites al déficit, supeditación del Banco Central Europeo a las autoridades políticas y control público en los sectores estratégicos de la economía –telecomunicaciones, energía, alimentación, transporte, sanitario, farmacéutico y educativo–. Naturalmente, como suele ser habitual en los programas populistas, sus autores no detallan cómo financiarán estas propuestas. Otros ingredientes que aparecen habitualmente en las formulaciones populistas, como son las notas nacionalistas y las denuncias del “robo al pueblo”, también están presentes. En una entrevista periodística, Pablo Iglesias ha manifestado: “Nosotros vamos a decir en el Parlamento Europeo que no queremos ser una colonia de Alemania ni del Banco Central Europeo ni del Fondo Monetario Internacional. Vamos a decir que estamos por Europa, pero no una al servicio de los bancos sino de los ciudadanos”. También ha propuesto hacer una auditoría de la deuda pública –como Correa en Ecuador– y una reforma fiscal para que paguen los ricos: “En España ya tenemos un fraude fiscal que llega al 23% del PBI y que corresponde a las grandes fortunas. Hacen falta investigadores en el Ministerio de Hacienda que persigan a los que nos están robando todo y a todos”. La simpatía por los movimientos bolivarianos de América Latina ha sido un rasgo característico de la izquierda anticapitalista europea. Desde el confort que ofrece el capitalismo europeo resulta atractivo reivindicar los movimientos revolucionarios exóticos de los que no se tiene mucha información. Aconteció cuando surgió el “subcomandante Marcos” en México, que arrancó una considerable ola de simpatía en Europa. Ahora el joven Pablo Iglesias es quien reivindica “las políticas redistributivas que han conseguido reducir la desigualdad en muchos países latinoamericanos”, aunque prudentemente añade luego: “Somos españoles y sabemos que no hay medidas que se puedan aplicar de manera directa”. Es pronto para hacer pronósticos acerca de la sobrevivencia de un partido que viene a ocupar el espacio que tradicionalmente perteneció a los partidos antisistema, como aconteció hace décadas con los comunistas. Las elecciones europeas se prestan siempre al castigo simbólico, pero luego, cuando los ciudadanos votan gobiernos, saben ser más cuidadosos. En Europa, tras la caída del Muro de Berlín, el voto de los disconformes con el sistema se venía cobijando hasta ahora en partidos de perfil derechista, neonazis o xenófobos. Ésta es la primera vez que el populismo arraiga en esta región, teñido con un programa de izquierdas. Los partidos antisistema son fuerzas más bien retóricas y cuesta pensar que alguna vez se convertirán en una opción de poder dado que la cultura europea no es propicia a este tipo de aventuras. Sin embargo, el resultado de las elecciones en Francia deja abierto un preocupante interrogante. Como señala Cassirer, cuando la gente experimenta un deseo intenso puede ser fácilmente persuadida de que hay un hombre o una mujer predestinado capaz de satisfacerlo.