Nuris Quinteros, acompañante terapéutica: “Sin el otro uno no es nadie”

A los 68 años, la artista de la danza y el teatro reinventa su futuro con las herramientas de la salud mental

Todo vale. El recurso del baile. De la palabra y el gesto. Del grito y las risas. Del abrazo y la caricia. De los recuerdos y la esperanza.

Todo vale.

Porque nadie escapa de que alguna vez el sufrimiento mental pueda atravesarle la vida. O que el dolor del alma pueda arruinarle el presente o el futuro. Y para remontar situaciones de este tipo valen todos los recursos que una sanadora compañía terapéutica puede ofrecer para remontar vuelo.

Así piensa Nuris Quinteros, bailarina de toda la vida y que a los 68 años reinventó su futuro mixturando arte y terapia, en Roca.

“Después de muchos años de estar fuera de mi tierra patagónica, lejos de mi gente, encontré a mi regreso a Roca ‘el embrace’, como lo expresamos los acompañantes terapéuticos, al abrazo vivificante, sostenedor. En verdad, fueron mis discípulas, compañeros de la cultura y de Salud Pública los que me impulsaron a retomar mi quehacer con redoblada energía. Fue un ir al rescate de mi historia vital, de ese pasado de amor que estaba resguardado en el corazón de muchos”.

p- ¿Por qué elegiste ser acompañante terapéutica?

r- Tal vez porque siempre estuve acompañada. Porque sin el otro uno no es nadie. Esto lo aprendí desde muy chica, en Esquel, donde me crié. Allí, en la adversidad que te ofrece tan bellamente la Patagonia, se internaliza sí o sí que no se puede vivir sin el otro, sin el aliento del otro. En un clima tan frío y días tan cortos, galeses, sirio-libaneses y paisanos compartíamos el trabajo, el esquí, el chocolate caliente y el coro, uno al lado del otro, solidariamente, además. Por ahí quizás no entendíamos la lengua pero sí la mirada, la palmada y el abrazo. Como si esto fuese poco, mis padres trabajaban en el hospital público. Mi madre, partera; mi padre, ecónomo. Todo esto me formó lo que hoy soy.

“Respiro la vida tanto como se respira en la danza. Pienso y siento la vida en movimiento; en cada amanecer una esperanza y allí la danza como recurso sanador. Respecto al teatro, si bien me he nutrido en él, con los años he virado hacia el psicodrama para sentir y pensarme como parte de la escena en la vida cotidiana, estar en ella en permanente transformación, en afrontamiento y búsqueda de la resolución asertiva de los obstáculos que a diario se presentan. Entonces, las estrategias en la modalidad de mi acompañamiento terapéutico emergen como la suma de esos recursos puesto al servicio de la persona que padece algún tipo de recorte para su desarrollo personal y vida en plenitud… no es sólo la patología, no es sólo el sufrimiento mental… a veces duele el alma y se requiere del sostén de ese otro que ofrece la sanadora compañía humana”, comenta Nuris.

p- ¿En qué consiste tu trabajo?

r- En contener y sostener a quienes padecen patologías clínicas, psiquiátricas o motrices desde un enfoque psicosocial. Trabajo desde un equipo para quien lo necesita, junto a su familia. Toda la estrategia apunta a sanar, reparar y humanizar.

p- ¿Cómo llegás al paciente? ¿Cómo trabajás con él?

r- Primero, siempre hay una derivación profesional, institucional o espontánea. Me pueden llamar desde el Poder Judicial, por ejemplo. Tomo el caso tras la autorización correspondiente y empiezo a trabajar en el domicilio del paciente, donde generamos con el equipo un dispositivo de seguridad con la familia. A partir de ese momento me hago conocer ante el vecino, el almacenero y el quiosquero. De entrada nos planteamos un tiempo de tratamiento, un desarrollo y un cierre. El paciente no tiene que depender de nosotros sino valerse por sí mismo. Yo también debo aprender a no apegarme. No soy la tía, la hermana o la mamá. Acompaño al colegio, al club, a la colonia de deportes del municipio… en estos lugares, los profesores de educación física de la comuna roquense son unos profesionales solidarios tremendos…

p- ¿Hay avances y retrocesos?

r- Como en la vida, se trata de unir los aciertos y los errores para avanzar con un buen entrenamiento asertivo. ¿Qué es ser asertivo? Es esa comunicación que nos permite defender nuestros derechos y expresar nuestra opinión, gustos e intereses, de manera libre y clara, sin agredir a otros y sin permitir que nos agredan. Es hablar de nosotros mismos, aceptar halagos, pedir ayuda, discrepar abiertamente, pedir aclaraciones y aprender a decir “no”.

Cuenta que eso es lo que intentó hacer siempre, con resultados diversos. Y que del amor y del dolor aprendió mucho, indefectiblemente. De ambos, huellas en su cuerpo y alma quedan lo que le moldea una belleza bastante particular a sus 68 años.

p- ¿Cómo te llevás con el pasado?

R- Trato de practicar la poética del recuerdo. De tener una vibración amorosa con el pasado”.

Durante la entrevista subraya que la locura estuvo siempre ligada al castigo divino, como una maldición. “Si cualquier enfermedad estremece, la enfermedad mental mucho más. El estigma está íntimamente ligado a la ignorancia, a la aprensión por lo desconocido y lo más grave es la actitud de resistencia para acceder al conocimiento, contando con los medios para lograrlo”, sostiene. Pero “está bueno saber que hay una resistente red social que trabaja para mitigar tanto dolor, que pone lo mejor de sí abriendo nuevos horizontes. Estamos en ese proceso de cambio social”.

De tantos años de trabajo, Nuris atesora sus Cuadernos de Crónicas, que cada tanto relee. Recordar significa “pasar de nuevo por el corazón”, dice. De uno de ellos rescata: “Hace años tramité la incorporación laboral de un hombre, ya mayor, recuperado de alcoholismo. La gestión fue exitosa. Pasó el tiempo. Una mañana, trabajando en el hospital, golpean con premura mi puerta. Atiendo y encuentro a este hombre muy apesumbrado. Me dice: ‘Ay!, señora , ¡no sabe lo que me ha pasado! Resulta que cobré mi primer sueldo, hice pintar mi casa, pagué unas deuditas, le compré ropa a mi señora y me quedé sin un peso. Había pensado traerle un ‘presentito’ por gratitud, ¿sabe? Después lo pensé bien y hoy me presento para decirle que voy a regalarle mi respeto y mi lealtad a su causa’. Esa mañana, trabajando en un hospital público recibí y guardo en mi corazón la imagen de ese paciente que con tanta simplicidad daba cuenta de un proceso sanador, por el cual había recuperado, además de su salud, su dignidad y lo hacía un hombre libre. Siento y pude comprender que no era para mí el ‘presentito’ sino que estaba destinado a todas aquellas personas que desde el lugar que ocupen se atreven a la aventura de construir entre todos y para todos, un mundo mejor”.

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