Odiosas comparaciones
ezequiel fernández moores
No se pretende hacer un juego lineal de comparaciones porque no tiene sentido. Pero fue otra vez muy fuerte asistir primero a un Boca-River y, menos de 24 horas después, a un Real Madrid-Barcelona. Al día siguiente de su clásico, los diarios españoles quedaron dominados por polémicas extradeportivas: los nuevos insultos racistas a Dani Alves por un lado y el supuesto insulto de Lionel Messi a Álvaro Arbeloa en el estacionamiento del Bernabéu, por otro. Pero eso porque algunos medios privilegiaron hace tiempo el entretenimiento a la información. Porque, en rigor, la nueva edición del clásico español, o mundial, esta vez por Copa del Rey, volvió a ofrecer un espectáculo de altísimo nivel. Más curioso aún, ese espectáculo fue posible cuando los dos protagonistas centrales, Messi y Cristiano Ronaldo, jugaron por debajo de su nivel. Emocionó la entrega por el espectáculo y por el afán de ganar de los dos equipos. Real Madrid y Barcelona fueron, ante todo, dos equipos dispuestos a asumir el riesgo en busca del triunfo. El beneficiado fue el espectáculo. En la Argentina de fútbol de verano, sabemos, no fue fácil que rivales clásicos jugaran siquiera partidos amistosos. El ejemplo más grotesco fue Rosario, con la suspensión del clásico Central-Newell’s, provocada acaso por fanáticos furiosos porque la organización había previsto jugar sólo con hinchadas locales y dejar a los visitantes afuera del escenario, algo intolerable para quienes, desde hace tiempo, se sienten exactamente los dueños de ese escenario. Boca-River, como lo harán el sábado en Córdoba, jugaron el miércoles en Mendoza más allá de las amenazas de barras bravas que dirimen liderazgos. Al día siguiente del partido, muchos medios locales también buscaron temas ajenos al juego, como la pica verbal entre los técnicos Ramón Díaz y Carlos Bianchi o los tradicionales carteles de cargada al perdedor. Claro, a diferencia del clásico español, si los medios locales hubiesen elegido hablar del juego, se habrían encontrado ante un problema mayúsculo. No se trata sólo de si fue un amistoso, si faltaron titulares y si los equipos están todavía en preparación. Lo que sucedió es que, como siempre, se jugó a no perder, especialmente Boca. Salir jugando fue utópico. Y el espectáculo, otra vez, fue el perdedor. Boca y River podrían haber ido directamente a los penales. El fútbol de verano ofreció así una radiografía actual de la pelota criolla aún también para la selección: en la previa, la selección sub-20 era campeona del Sudamericano de Mendoza y sólo se debatía si podría ser otra vez campeona mundial en Turquía. La realidad ofreció una triste eliminación en primera rueda, con pobre nivel de sus supuestas estrellas, incluído el racinguista Ricardo Centurión. Como el fútbol argentino sigue siendo igualmente un semillero eterno, apenas Argentina quedó afuera del torneo, Racing vendió a Centurión en una cifra récord a Rusia. Negocio asegurado, claro, pero el fútbol sigue en deuda.
opinión
ezequiel fernández moores
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