Oficio duro en la salina del Gualicho

El 15 de diciembre se celebra el Día del Camionero. Esa fecha de 1967 se firmó en la Argentina el primer convenio colectivo de trabajo que incluyó al sindicato que nucleaba a los choferes de camiones. Una profesión en la que se mezclan múltiples actividades.

Muchos llegan a ellas para hacer turismo, fascinados por esa extensión blanca e inmensa semejante a un paisaje fantástico. Pero las Salinas del Gualicho, ubicadas a 35 kilómetros de San Antonio Oeste, son el escenario de la labor incesante de una gran cantidad de trabajadores que trajinan en la zafra de la sal, para algunas de las tres empresas que poseen allí sus campamentos. Y allí, la labor de los camioneros, que van y vienen desde la zona de lagunas hasta las parvas en las que se acopia el producto, es una de estas sacrificadas ocupaciones.

“Lo que más cuesta es el aislamiento, porque se trabaja de lunes a sábado y durante esos días vivís en la salina, alejado de tu familia y amigos. Pero en el campamento donde te toque trabajar conoces gente, y con esos compañeros se vive un clima de camaradería, que hace que todo sea más llevadero” contó Gustavo, que tiene 42 años y vive en Las Grutas.

Gustavo tuvo distintos oficios, y llegó para trabajar como camionero durante las últimas zafras. “Se llega a armar un buen sueldo, pero hay que estar. La mayoría de las empresas pagan por viaje, así que mientras dure la jornada hay que ir y venir de la laguna hasta las parvas, buscando ser lo más rápido posible” aseguró.

El calor

El intenso calor y las características del lugar, en el que la blancura del entorno provoca que la vista se encandile y que se intensifique la exposición al sol, complican el día de trabajo. “En momentos en los que todavía ni siquiera se siente la llegada del verano en el pueblo, en la Salina la temperatura puede llegar a los 40 grados; por eso no es fácil trabajar allí. Usar gafas para protegerse del sol e hidratarse mucho es esencial” contó Gustavo.

Con respecto a los vehículos que se utilizan, también esa elección es bien distinta a la que haría cualquier camionero que se desempeña en el transporte de otro tipo de material. “Es que la sal corroe muchísimo, y destruye las unidades. Por eso se eligen vehículos viejos, que se considerarían inadecuados para otro trabajo” afirmó el conductor.

Ya debido a esas características, aún en los días francos los choferes deben poner particular empeño en el lavado de los camiones, para tratar de aminorar los daños.

“En el campamento el agua dulce escasea, así que no podemos lavar con detalle las unidades. Por eso, en los días libres, al llegar al pueblo, aprovechamos para tratar de sacar al máximo la sal que haya quedado adherida a los vehículos”, explica Gustavo.

Mucho compañerismo

Pese al sacrificio, la labor tiene sus ventajas, y lo que la mayoría de los que trabajan allí rescatan es el compañerismo que reina. “En esos días la solidaridad con el otro es esencial. Y se siente ese respaldo. Además conocés gente de todos lados. Llegan desde otras provincias para trabajar. Hay muchos mendocinos, o gente del norte. Compartir la zafra es lindo. Tuve otras ocupaciones, pero, repito, la zafra tiene su encanto”, finalizó Gustavo.

El dato

“Este es un proyecto que teníamos en carpeta desde hace ya algunos años y ahora con mucho esfuerzo lo estamos pudiendo realizar”.

Rubén Belich, secretario general del Sindicato de Camioneros de Río Negro.

Por el Día del Camionero habrá un festejo en Allen. El próximo sábado se presentará Palito Ortega en el predio de El Fogón, perteneciente al gremio, en la Isla 16.

Datos

40
grados era la temperatura en la salina aún en los días en los que en el pueblo no había signos de la llegada del verano.
“Este es un proyecto que teníamos en carpeta desde hace ya algunos años y ahora con mucho esfuerzo lo estamos pudiendo realizar”.
Por el Día del Camionero habrá un festejo en Allen. El próximo sábado se presentará Palito Ortega en el predio de El Fogón, perteneciente al gremio, en la Isla 16.

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