OPINIÓN PUBLICADA

• Carlos Pagni, analiza en La Nación las causas de los saqueos “una desagradable ventana hacia patologías sociales que hacen más angustiante en los últimos tiempos la vida de los pobres. También se deben al decaimiento de la economía. Y dejan ver las miserias de la política”. Afirma que “la tesis oficial, que los desmanes fueron orquestado por un enemigo oculto del Gobierno, hace agua en Bariloche, donde todo comenzó. De los 150.000 habitantes de esa ciudad, la tercera parte son pobres que soportan cinco meses al año temperaturas bajo cero. Además, las cenizas del Puyehue deprimieron el turismo y redujeron el empleo. El consumo de drogas y de alcohol fue en aumento. Los encargados de atender este cuadro son los kirchneristas Alberto Weretilneck, un dirigente del Frente Grande a quien el asesinato de Carlos Soria dejó al mando de la provincia, y Omar Goye, el intendente de la ciudad. Pero, en vez de aliviar la pesadumbre, Weretilneck y Goye la agravaron. El gobernador suspendió el programa Comer en Familia, impulsado por los gobiernos radicales, y no lo reemplazó. Hace dos meses, Weretilneck también se deshizo del ministro de Acción Social, Jorge Vallaza, natural de Bariloche, que confesó que nunca pudo hablar con su jefe de los problemas de su área. En su lugar quedó un colaborador de Alicia Kirchner, Ernesto Paillalef, vecino de General Roca y de origen mapuche”. Continúa Pagni señalando que “Weretilneck es un ahijado de Juan Manuel Abal Medina y Nilda Garré, también del Frente Grande. Goye es el sostén territorial del principal rival del gobernador, el senador Miguel Pichetto. A Weretilneck no lo entusiasma socorrer al intendente. Y la influencia de Pichetto en el gobierno nacional no alcanza para que a su pupilo lo asistan desde Buenos Aires. Hace dos semanas, Goye exigió a los supermercadistas que repartieran comida por un millón de pesos. Si no, les advirtió, habría saqueos. El jueves pasado los saqueadores obedecieron esa instrucción involuntaria. Goye estaba en Buenos Aires mendigando una moneda. El coronel Sergio Berni debió enviar 400 gendarmes, mientras el originario Paillalef recibía a los acusados por los desmanes: líderes de la cooperativa indigenista 1º de Mayo, que integra el programa Argentina Trabaja, de Alicia Kirchner. Weretilneck descalificó a Paillalef al decir: “No negociamos con delincuentes”. Pero cuando la amenaza cayó sobre los comercios de Viedma, mandó a repartir dinero entre los maleantes, que aceptaron la plata y, después, produjeron los disturbios. Conclusión: en Río Negro no fue necesario un complot. Alcanzó con la impericia de los funcionarios. Ni siquiera el estupor por lo ocurrido los distrajo de la interna. El comunicado policial con el balance de los hechos se ufana de que no hubo muertes: una chicana innecesaria del kirchnerismo patagónico a los socialistas de Rosario, donde perdieron la vida dos personas”. http://www.lanacion.com.ar/1539996-los-saqueos-un-muestrario-de-las-miserias-politicas?utm_source=n_os_nota1&utm_medium=opinionS&utm_campaign=NLPol • Vicente Palermo escribe un comentario en Perfil bajo el título “Ficción y realidad” afirmando que “el campo de la acción humana más propenso a la confusión entre la realidad y la ficción es el del poder”. Añade que “parafraseando a Lord Acton, me atrevo a decir: el poder tiende a ficcionalizar, y el poder absoluto ficcionaliza absolutamente. Y para decirlo con Freud, es la pérdida del principio de realidad lo que está en juego (no hay una distinción clara entre los deseos a satisfacer y lo real limitante)… En la historia latinoamericana, los gobernantes han tendido a estar más cerca del polo absoluto del poder que del polo limitado. Y me parece que este problema (y este peligro) se pone nítidamente de manifiesto en la actual gestión presidencial argentina”. http://www.perfil.com/ediciones/2012/12/edicion_739/contenidos/noticia_0016.html


• Carlos Pagni, analiza en La Nación las causas de los saqueos “una desagradable ventana hacia patologías sociales que hacen más angustiante en los últimos tiempos la vida de los pobres. También se deben al decaimiento de la economía. Y dejan ver las miserias de la política”. Afirma que “la tesis oficial, que los desmanes fueron orquestado por un enemigo oculto del Gobierno, hace agua en Bariloche, donde todo comenzó. De los 150.000 habitantes de esa ciudad, la tercera parte son pobres que soportan cinco meses al año temperaturas bajo cero. Además, las cenizas del Puyehue deprimieron el turismo y redujeron el empleo. El consumo de drogas y de alcohol fue en aumento. Los encargados de atender este cuadro son los kirchneristas Alberto Weretilneck, un dirigente del Frente Grande a quien el asesinato de Carlos Soria dejó al mando de la provincia, y Omar Goye, el intendente de la ciudad. Pero, en vez de aliviar la pesadumbre, Weretilneck y Goye la agravaron. El gobernador suspendió el programa Comer en Familia, impulsado por los gobiernos radicales, y no lo reemplazó. Hace dos meses, Weretilneck también se deshizo del ministro de Acción Social, Jorge Vallaza, natural de Bariloche, que confesó que nunca pudo hablar con su jefe de los problemas de su área. En su lugar quedó un colaborador de Alicia Kirchner, Ernesto Paillalef, vecino de General Roca y de origen mapuche”. Continúa Pagni señalando que “Weretilneck es un ahijado de Juan Manuel Abal Medina y Nilda Garré, también del Frente Grande. Goye es el sostén territorial del principal rival del gobernador, el senador Miguel Pichetto. A Weretilneck no lo entusiasma socorrer al intendente. Y la influencia de Pichetto en el gobierno nacional no alcanza para que a su pupilo lo asistan desde Buenos Aires. Hace dos semanas, Goye exigió a los supermercadistas que repartieran comida por un millón de pesos. Si no, les advirtió, habría saqueos. El jueves pasado los saqueadores obedecieron esa instrucción involuntaria. Goye estaba en Buenos Aires mendigando una moneda. El coronel Sergio Berni debió enviar 400 gendarmes, mientras el originario Paillalef recibía a los acusados por los desmanes: líderes de la cooperativa indigenista 1º de Mayo, que integra el programa Argentina Trabaja, de Alicia Kirchner. Weretilneck descalificó a Paillalef al decir: “No negociamos con delincuentes”. Pero cuando la amenaza cayó sobre los comercios de Viedma, mandó a repartir dinero entre los maleantes, que aceptaron la plata y, después, produjeron los disturbios. Conclusión: en Río Negro no fue necesario un complot. Alcanzó con la impericia de los funcionarios. Ni siquiera el estupor por lo ocurrido los distrajo de la interna. El comunicado policial con el balance de los hechos se ufana de que no hubo muertes: una chicana innecesaria del kirchnerismo patagónico a los socialistas de Rosario, donde perdieron la vida dos personas”. http://www.lanacion.com.ar/1539996-los-saqueos-un-muestrario-de-las-miserias-politicas?utm_source=n_os_nota1&utm_medium=opinionS&utm_campaign=NLPol • Vicente Palermo escribe un comentario en Perfil bajo el título “Ficción y realidad” afirmando que “el campo de la acción humana más propenso a la confusión entre la realidad y la ficción es el del poder”. Añade que “parafraseando a Lord Acton, me atrevo a decir: el poder tiende a ficcionalizar, y el poder absoluto ficcionaliza absolutamente. Y para decirlo con Freud, es la pérdida del principio de realidad lo que está en juego (no hay una distinción clara entre los deseos a satisfacer y lo real limitante)... En la historia latinoamericana, los gobernantes han tendido a estar más cerca del polo absoluto del poder que del polo limitado. Y me parece que este problema (y este peligro) se pone nítidamente de manifiesto en la actual gestión presidencial argentina”. http://www.perfil.com/ediciones/2012/12/edicion_739/contenidos/noticia_0016.html

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