Brasil: una sociedad escéptica y dividida elige entre Lula y Bolsonaro
En vísperas de una elección presidencial determinante para el continente, los ejes de la contienda pasan por la economía, la inseguridad y el alineamiento internacional. Las encuestas indican que la batalla por el Planalto se encamina a un incierto balotaje.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y su rival Flávio Bolsonaro se miden mañana en la primera vuelta de las presidenciales de Brasil, que decidirán si la principal economía latinoamericana se mantiene a la izquierda o se suma a la ola derechista en la región alentada por Donald Trump.
En las presidenciales compiten un total de 12 fórmulas presidenciales validadas y confirmadas oficialmente por el Tribunal Superior Electoral (TSE), pero la competencia real se centra en Lula y Bolsonaro, que reúnen entre los dos más del 75% de intención de voto, según las encuestas. Los sondeos dan una ligera ventaja al veterano Lula, de 80 años, sobre el senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro, de 45. Pero lo más probable es que deban luchar por cada voto de los casi 160 millones de electores en una segunda vuelta el 25 de octubre, en la que aparecen técnicamente empatados.
La campaña mantuvo un tono menos belicoso que el que marcó el duelo de 2022, entre Lula y su némesis ultraderechista, hoy preso por intento de golpe de Estado tras perder esos comicios por poco. Pero estuvo salpicada por escándalos y acusaciones de corrupción, que alcanzaron al propio Flávio Bolsonaro.
Muchos brasileños se muestran cansados de ver prácticamente a los mismos actores en liza –Lula busca un cuarto mandato y los Bolsonaro luchan en su tercera elección consecutiva- y desconfían cada vez más de las instituciones.

“Sigo indeciso. Porque la corrupción es tan descarada. Es difícil”, dice Joel da Silva, de 42 años, portero en Rio de Janeiro que ya votó por ambas opciones en elecciones pasadas.
Marcelo Vilanova, de 32 años, gerente de una pescadería en Juiz de Fora (sureste), dijo que apoyará a Lula por ser el “mal menor”.
Lucas Sales, de 38, dueño de una tienda de telefonía en la misma ciudad, votará por Bolsonaro aunque “no sea la mejor opción”.
Ya sean morales o religiosas, Da Silva y Bolsonaro se echaron en cara todo tipo de acusaciones en el último tramo de la campaña.
“La elección está empatada pero no parada: en la última semana se decide para dónde van los votantes que aún pueden desplazarse” entre Lula y Bolsonaro, dice a la AFP Felipe Nunes, director del instituto Quaest.
Si la campaña estuvo marcada por escándalos de corrupción, incluida una investigación contra Flávio Bolsonaro, la recta final la dominaron controversias surgidas en redes sociales.
Favorito entre católicos, Lula se hizo eco de una información falsa según la cual Bolsonaro pretendía retirar el título de patrona de Brasil a Nossa Senhora Aparecida, en un supuesto guiño a los evangélicos que no veneran a esta virgen.

Bolsonaro denunció una “fake news” y la comparó con la puñalada que sufrió su padre en la campaña de 2018 que lo llevó a la presidencia. El voto religioso es codiciado en Brasil, uno de los países con más cristianos del mundo.
De su lado, Flávio Bolsonaro acusó a Lula de “machista” por haber dicho que los hombres son “cobardes” para examinarse la próstata, mientras “las mujeres aprenden a recibir tacto desde pequeñas” en el ginecólogo. “Las mujeres deben ser protegidas y las niñas, cuidadas”, afirmó el derechista, mientras la frase de Lula circulaba en redes como si aludiera al abuso sexual.
La sombra de Trump
Lula enarboló la bandera de la soberanía ante lo que denunció como el intervencionismo de Donald Trump, después de que aspirantes de derecha apoyados por el mandatario estadounidense se impusieran en Chile, Colombia y Perú.
“Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, lanzó el izquierdista en la Asamblea General de la ONU.
Hasta ahora Trump no apoyó explícitamente al hijo de su aliado Jair Bolsonaro, si bien recibió al senador este año en un encuentro privado en la Casa Blanca.
Lula, que hizo campaña con el sombrero panamá que lleva desde que sufrió cáncer de piel, dice estar más en forma que nunca.
Su tercer mandato no consecutivo se cierra con un desempleo en mínimos, una inflación bajo control, pero a la vez una economía que se desacelera y una inseguridad rampante.
En un intento de desempatar los sondeos, hizo guiños a las clases populares: subió la dotación de su programa de asistencia social Bolsa Familia y prohibió las apuestas en línea, una lacra que endeuda a millones de brasileños.
“Sin querer idolatrar, es uno de los mayores presidentes que tuvo este país”, dice Israel Gomes, de 52 años, en el hotel que administra en Brasilia, frente a un retrato de un joven Lula.
Pero el izquierdista nunca se sacudió la etiqueta que le puso la derecha de “ladrón”, tras la condena por corrupción que le llevó a la cárcel en 2018 antes de que fuera anulada por motivos de forma.
La promesa de mano dura
Flávio Bolsonaro fue designado candidato tras la pena de 27 años de prisión a su padre, líder indiscutible de la derecha brasileña que gobernó con ataques persistentes a las instituciones.
De perfil bajo y poco conocido a nivel nacional hasta hace poco, asume sin complejos su condición de “hijo de”, aunque se presenta como una versión más moderada que el ultraderechista.
Su principal promesa: emular el modelo de mano dura contra el crimen del salvadoreño Nayib Bukele.
El sastre Elias Camisero, de 74 años, votará por él para acabar con los grupos criminales que controlan barrios populares en grandes ciudades brasileñas. “Tiene que terminar. Hoy, en Brasil, quien manda es el crimen organizado”, dice a la AFP en Sao Paulo.
El rol de la corrupción
Flávio Bolsonaro dice que pasará página de la “incompetencia y corrupción” de los gobiernos de Lula.
Pero él mismo es investigado por corrupción y lavado de dinero en la producción de un biopic sobre su padre, en parte financiado por un banquero detenido por estafa, Daniel Vorcaro.
El senador admitió haberle pedido dinero, pero niega irregularidades.
Vorcaro habría además mantenido vínculos con un poderoso juez de la corta suprema. Esto desató una crisis inédita en el seno del máximo tribunal en plena campaña.
“Hay cansancio del electorado, que piensa que todo el mundo es corrupto”, dijo el profesor Joscimar Silva, del Instituto de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Brasilia.
Estos son algunos de los principales asuntos en juego en esta elección en Brasil:
La relación con Washington
Donald Trump, aliado del expresidente ultraderechista Jair Bolsonaro, impuso aranceles punitivos a productos brasileños y sancionó a jueces y otros funcionarios.
Si gana Lula, Washington seguirá recurriendo a amenazas y aranceles selectivos, sus “instrumentos permanentes de negociación coercitiva” para frenar los lazos con China, prevé Regiane Bressan, profesora de Relaciones Internacionales de la Universidad Federal de São Paulo.
Estados Unidos es el segundo socio comercial de Brasil, detrás de China.
Con Flávio, habría un alineamiento con Washington, “al menos discursivo”, dice Bressan a la AFP. Pero cualquier alejamiento comercial de Pekín chocaría con “un veto inmediato” del poderoso sector del agronegocio, aliado del derechista, pero que tiene como principal cliente al país asiático.
Prueba para la democracia
Jair Bolsonaro atacó durante años, sin pruebas, el sistema de voto electrónico y nunca reconoció públicamente su derrota de 2022. El 8 de enero de 2023, miles de sus seguidores invadieron las sedes de los tres poderes en Brasilia para protestar contra un supuesto fraude.
Al inicio de su campaña, Flávio sembró dudas sobre las urnas electrónicas, aunque luego afirmó que respetaría los resultados.
Lula defendió la semana pasada ante la ONU un sistema electoral “moderno y robusto” y advirtió que no permitirá que “los enemigos de la democracia, internos y externos” atenten contra la voluntad popular.
El futuro de la Corte
El domingo se renovarán también íntegramente la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado, de mayoría conservadora en los últimos años. Esto es importante también porque el próximo presidente podrá nombrar hasta cuatro de los once jueces de la corte suprema, que son ratificados por el Senado.
En abril, la cámara alta rechazó al candidato de Lula al máximo tribunal, algo que no ocurría desde hace más de un siglo. Flávio Bolsonaro ha arremetido contra la corte y aboga por la destitución del juez Alexandre de Moraes, a cargo del juicio que condenó a 27 años de cárcel a su padre por golpismo.

El presidente Luiz Inácio Lula da Silva y su rival Flávio Bolsonaro se miden mañana en la primera vuelta de las presidenciales de Brasil, que decidirán si la principal economía latinoamericana se mantiene a la izquierda o se suma a la ola derechista en la región alentada por Donald Trump.
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